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“Narcotización” del corazón de los poblanos

Por Abel Pérez Rojas

“Proyectiles que cortan los cielos,
rocío escarlata mancha la acera,
negrura cubre los campos…
dolores de parto en realidad eran”. 
Del poema, Contracciones de Abel Pérez Rojas.

En los últimos meses, los feminicidios, las ejecuciones, los linchamientos, la ordeña de ductos de Pemex y los secuestros han convertido al estado de Puebla en una zona de creciente terror y han sumergido a sus habitantes en la espiral sin aparente retorno: acostumbrarse a la violencia.

Hasta hace unos años, Puebla era considerada una entidad tranquila y segura, pero las más recientes cifras revelan que esto cambió radicalmente. Sólo como muestra basta recordar que en lo que va el año se han documentado 17 feminicidios, lo que representa un incremento de poco más del 50 por ciento comparado con el mismo periodo del año pasado, de acuerdo con Castillo, Kara (2016 marzo 6) Recaban firmas para solicitar alerta de género en 14 municipios. Periódico digital e-consulta, recuperable en goo.gl/6KtVmo.

Por otra parte, hasta el año pasado Puebla ocupaba el segundo lugar en linchamientos en nuestro país — Camacho, Mónica (20151019)– Puebla es el segundo lugar en linchamientos en México, exhiben en San Lázaro. La Jornada de Oriente. Recuperable en goo.gl/VK6quX. Esto parece no cambiar, considerando los recientes casos como el de Chapulco, cuyo saldo fue de una persona fallecida a manos de una turba enardecida. 

Los datos anteriores de Puebla son reflejo de escenarios violentos que con otros matices viven en estados como Michoacán, Guerrero o Sinaloa.

Lamentablemente quienes habitan en entornos violentos tienden a acostumbrarse a que la situación sea de esa manera. En sociedades pacíficas, uno solo de estos hechos provoca una convulsión sociopolítica.

Sólo de vez en cuando las sociedades rodeadas por la violencia salen de su proceso de asimilación cuando un hecho u oleaje de crueldad les hace ver que cada vez la barbarie puede ser mayor.

Expertos en diversas áreas del saber coinciden que para que una sociedad flagelada por el crimen pueda volver al estado de pacificación tienen que pasar varios años, a veces generaciones, porque tienen que desaprenderse formas de convivencia agresivas, así como “desprogramar” de su genética el temor asiduo.

Hace exactamente un año, el papa Francisco empleó una frase que me parece da pie a reflexionar sobre el proceso de sanación de nuestras relaciones; el papa advirtió que acostumbrarse a la violencia y a la degradación “narcotiza el corazón” de las personas.

Retomando esa frase, bien podríamos decir que, de acuerdo a como han ido cambiando las cosas, los poblanos estamos en un proceso de “narcotización de nuestro corazón”; de un adormecimiento de nuestra capacidad de organización, de asombro y de indignación.

¿Cuántos años deberán transcurrir para despertar nuestra mente y nuestro corazón de todo lo que se nos ha venido encima?

¿Cómo saldremos de todo esto?

Por supuesto que hay varias vías y así se ha demostrado en las sociedades que se enfrentaron a situaciones como la nuestra y salieron adelante, por ejemplo, tenemos mucho que aprender de Italia y Colombia, en cuanto al combate a la corrupción y a la organización civil para la autoprotección.

Pero mientras se ven con claridad las rutas para salir avante, lo que no podemos permitir es que nuestra mente se nuble y  se “narcotice nuestro corazón”. ¿O no?

@abelpr5

 

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la línea editorial del portal de noticias Ángulo 7. 

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