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En crisis, la candidatura de Blanca Alcalá

Fermín Alejandro García/Cuitlatlán/La Jornada de Oriente

A un mes de iniciar las campañas, se percibe que la abanderada priista Blanca Alcalá Ruiz se encuentra ya en un ambiente de crisis, de mucha vulnerabilidad y como una rival débil frente al aparato electoral del gobernador Rafael Moreno Valle Rosas. Si esa situación no cambia en el corto plazo, crecerá la sensación de que la contienda electoral de Puebla ya está negociada y se tiene pactada una derrota del PRI.

Si el próximo domingo, durante la Asamblea Estatal de Delegados del PRI y la visita del líder priista Manlio Fabio Beltrones, la aspirante no muestra fuerza, capacidad de confrontación frente al morenovallismo y no se le ve segura –tal como ha estado ocurriendo–, la senadora empezará a ser vista como una contendiente frágil que no quiere o no puede ganarle al bloque de partidos de la coalición Sigamos Adelante.

Blanca Alcalá tiene el reto de lidiar con dos realidades del electorado poblano que son:

Por un lado el malestar contra el gobernador Rafael Moreno Valle Rosas se percibe en todo el estado, en todos los sectores de la sociedad, pero lo que no se tiene hasta el momento es un candidato a la gubernatura que logre polarizar contra el aspirante del albiazul, Antonio Gali Fayad, y que consiga articular a todos los núcleos del electorado que no quieren que el grupo morenovallista siga en el poder.

Y por otro, el antipriismo en Puebla, sobre todo en la zona metropolitana de la capital, es muy elevado. El PRI sigue siendo el partido por el cual mucha gente no votaría ni como primera ni segunda opción. A la par, la situación económica del país no es favorable para el tricolor, sobre todo ante las voces del sistema que buscan impulsar la idea de que el alza del dólar, los despidos en el gobierno federal y el lento crecimiento del Producto Interno Bruto no dañan en nada a la población.

No solo es el plano económico el que daña la imagen del PRI, sino todos los escándalos de corrupción y frivolidad que rodean al presidente Enrique Peña Nieto y su familia, así como a varios miembros de la cúpula del gobierno federal y del priismo nacional.

Frente a estas dos circunstancias, hasta ahora a Blanca Alcalá se le ve como una aspirante que busca hacer una campaña al viejo estilo priista y sin capacidad de penetrar el electorado que no es afín al tricolor, y que además es el más crítico del grupo en el poder.

Carece de la capacidad de hacer alianzas más allá del PRI y las organizaciones afines al tricolor. Por esa razón no pudo o no quiso ganarse al magisterio poblano, el cual es fundamental para armar una estructura electoral en todo el estado y defender el voto el día de los comicios.

Los discursos de Blanca Alcalá carecen de agresividad y crítica fuerte ante el morenovallismo. Son poco o nada emotivos. No alientan a una rebelión del electorado contra quienes manejan el Poder Ejecutivo estatal.

Al revés: la priista, en lugar de ser quien genere la confrontación es quien se encuentra resistiendo las críticas por yerros tan básicos como haber invitado a su registro como pre candidata al ex gobernador Mario Marín Torres, quien sigue siendo un personaje no grato en amplios sectores de la clase media del estado y del país en general.

La ex presidente municipal de Puebla tendría ya que tener un equipo de contención, es decir a un conjunto de legisladores locales y federales, a activistas y voceros, que estuvieran impulsando un confrontación y cuestionamientos permanentes contra el grupo morenovallista, exhibiendo sus abusos, actos de corrupción y frivolidades.

Quien podía jugar esa posición es el ex alcalde Enrique Doger Guerrero, pero al ser nombrado delegado del IMSS en Puebla ha quedado neutralizado.

Si todos estos puntos débiles no cambian se volverá convincente la versión que ayer se difundió desde la prensa nacional de que Blanca Alcalá fue postulada para ser un rival dócil, a modo, de los intereses del gobernador Moreno Valle.

Luego de que se habría dado una negociación entre el líder del PRI, Manlio Fabio Beltrones, y Rafael Moreno Valle Rosas, para garantizar un triunfo del PAN en Puebla y a cambio el tricolor gane sin dificultades en los estados de Aguascalientes y Quintana Roo.

El grado de perversión y maniobra política de Moreno Valle hace suponer que sí pudo existir ese acuerdo.

Y si no lo hubo, los morenovallistas están creando dicha versión para desalentar la participación en torno a la candidatura de Blanca Alcalá.

El domingo el comportamiento de Manlio Fabio Beltrones será clave para saber si la senadora Alcalá está en el ánimo del PRI para ganar o para entregar la plaza de Puebla, tal como pasó en el año 2010.

Para mayor información:http://www.lajornadadeoriente.com.mx/2016/02/26/en-crisis-la-candidatura-de-blanca-alcala/

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