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¿Barrales por CDMX en 2018? y la nueva Mesa Directiva en San Lázaro

2018, el caballo negro

Raymundo Riva Palacio en su columna Estrictamente Personal, publicada en El Financiero, señala que en el mensaje político a propósito del Quinto Informe de Gobierno, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, traía una “cara de funeral”, como lo describió Arturo Cano en su crónica en La Jornada. “Continúan siendo un misterio sus aspiraciones”, escribió Horacio Jiménez en su relato del evento en El Universal. “Para él no hay tiempo ni espacio para fotos ni abrazos”, agregó al compararlo con lo sociable y dicharachero del resto de sus colegas en el gabinete. El pachuqueño sí es un misterio en público, no de ahora, sino de siempre. No muchos saben que es un hombre de noche, como su amigo, el presidente Enrique Peña Nieto, de quien solía despedirse casi amaneciendo, y su cómplice en las juergas con Juan Camilo Mouriño, el hombre fuerte en el gobierno de Felipe Calderón, antípodas de lo que es en público, serio, solemne y de rasgos severos.

Osorio Chong se ha preparado desde el comienzo para ser sucesor de Peña Nieto. A lo largo de su gestión ha mantenido un cuarto de guerra en las sombras para definir estrategias, y tomó clases para mejorar su dicción, notable avance de alguien que hablaba como lectura de un mensaje telegráfico, a una fluidez que hace olvidar sus espasmos lingüísticos. Pero la candidatura del PRI le parecía que se le escapaba de las manos. Hace unas semanas, admitió en privado que los momios sucesorios no estaban inclinados por él. En los pasillos del poder, comenzando por Los Pinos, los nombres de sus colegas de gabinete, José Antonio Meade, José Narro y Nuño, encabezaban las ternas que buscan adivinar el pensamiento del presidente Peña Nieto sobre su sucesor.

Nadie, sabe cómo está pensando Peña Nieto porque nunca, en situaciones similares, guardando las diferencias, ha comentado las opciones que está considerando. Hace varios años, un profesor de política en la Universidad de Harvard trazó analogías entre el PRI y el Partido Comunista ruso, afirmando, para sorpresa de sus alumnos, que sería más fácil de romper el régimen de Moscú que el de la Ciudad de México, por la flexibilidad del sistema político mexicano y los enormes recursos políticos de su presidente para hacer su voluntad. Había otros ángulos de comparación.

En Moscú, los kremlinólogos observaban el presídium durante el desfile militar de la Revolución de Octubre para ver quién empezaba a acercarse al centro y determinar cómo iba subiendo en jerarquía y poder. En el México de la república priista también se ven los presídiums y se trata de adivinar con gestos y lenguajes de cuerpo lo que el presidente en turno piensa sobre su sucesor. Es cierto que no hay ninguna sucesión que atrape el imaginario colectivo mexicano como una priista, producto, se puede pensar, de una vieja cultura autoritaria que permeó estilos de vida. El Quinto Informe de Gobierno del presidente Peña Nieto era la ocasión para intentar penetrarle el pensamiento sucesorio.

Las señales se dieron, a juicio de quienes las interpretaban. La enorme sonrisa del secretario de Hacienda, la despedida del secretario de Relaciones Exteriores antes que al de Gobernación, o que los subsecretarios de Educación fueran colocados con el grupo de invitados especiales y no en lo alto de la última tribuna, junto a las cámaras de televisión, como sucedió cuando el titular era Emilio Chuayffet. La suma de las señales buscaban un destino manifiesto, y las crónicas periodísticas decían que no hubo ninguna. ¿Realmente no hubo ninguna? Habría que regresar al discurso de Peña Nieto el 2 de septiembre, donde habla bien de la economía y dice que pese al entorno internacional, México sigue creciendo. Entonces, no ve la economía como un tema que requiera de un experto para el próximo sexenio. No habló en concreto de las reformas, sino en lo general como una necesidad para seguir consolidando el cambio, enmarcado en lo político: que no haya polarización, ni división. O sea, un candidato con perfil político es lo que México necesita, si uno se atiene al texto del mensaje presidencial.

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¿Acaso los ciudadanos no tenemos algo de culpa?

Leo Zuckermann en su columna Juegos de poder, publicada en Excélsior, indica que mucho nos quejamos los mexicanos de nuestra situación precaria. Nos encanta echarle la culpa al gobierno de nuestros problemas públicos como si los ciudadanos fuéramos blancas palomitas. Hoy le pregunto: ¿no tenemos los ciudadanos algo de culpa por tener un Estado tan deficiente en materia de seguridad pública y políticas de bienestar social? ¿Cuánto contribuimos los mexicanos a nuestro Estado nacional? La respuesta es: poco, muy poco.

Comencemos con los impuestos: ¿cuánto pagamos? Los números no mienten. Somos de los países del mundo entero con las recaudaciones más bajas como proporción del tamaño de la economía nacional: alrededor del 17% del Producto Interno Bruto. Es lógico. Una gran parte de la sociedad vive en la informalidad y, por tanto, no paga un solo centavo de impuestos a la renta. Sólo contribuye, a través del IVA, con una parte mínima de su ingreso: por ahí del 16%. Los que sí trabajamos en la formalidad pagamos más. Por ahí del 33% de los ingresos, más el 16% del IVA que sufragamos en cada transacción comercial. Es una cifra considerable, pero, comparada con lo que pagan ciudadanos de otras naciones, es mucho menos. Hay países europeos donde los ciudadanos le dejan la mitad de sus ingresos al gobierno y, además, pagan tasas exorbitantes de IVA que pueden llegar al 25%. Como me dijo un día una canadiense: “fíjate tú, yo trabajo la mitad del año para el Estado; de enero a junio mi dinero es para impuestos; lo que a mí me queda es lo que gano entre julio y diciembre”.

A cambio tienen Estados fuertes con capacidad de proveer seguridad pública y muchas políticas de bienestar social. Pero aquí en México tenemos la falsa ilusión de que es posible tener un Estado de este tipo con impuestos bajos. Hasta la izquierda así lo piensa. Es una falacia.

Súmese a este tema que aquí no tenemos servicio militar obligatorio (en el papel existe, pero la mayoría se salva gracias a una lotería y, los que asisten, van la mitad de un sábado a marchar). Los ciudadanos mexicanos no tenemos que darle meses o años enteros de nuestras vidas a la defensa de nuestro Estado. A diferencia de otras naciones, contamos con un Ejército de voluntarios que son los que enfrentan las amenazas a la seguridad pública y nacional.

Estos dos factores —pocos impuestos y falta de una conscripción militar obligatoria— determinan nuestra actitud frente al Estado. Como contribuimos poco, lo sentimos lejano, incluso ajeno. ¿A qué me refiero? Imaginemos un escenario donde todos los mexicanos, absolutamente todos, tendríamos que darle la mitad de nuestros ingresos al erario. Además que nuestros hijos, al cumplir la mayoría de edad, tuvieran que asistir de manera obligatoria y de tiempo completo al Ejército. Digamos que un año entero. Lo mismo ricos que pobres, educados o no, del norte y del sur, todos sirviendo encuartelados en el Ejército mexicano. ¿Cómo nos comportaríamos frente a nuestro Estado? ¿Acaso no tendríamos más incentivos para involucrarnos en las decisiones públicas? ¿No demandaríamos más cuentas las instituciones del Estado incluyendo las Fuerzas Armadas?

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Ya prendieron el ventilador…

Joaquín López Dóriga en su columna En Privado, publicada en Milenio, señala que hoy hace 36 años, y miren. Florestán

El fin de semana fue de vértigo para la política en todos los frentes, lo que confirma que ya prendieron el ventilador y lo que está volando no es lodo porque hiede.

Todo comenzó el jueves cerca de la medianoche con la elección del panista Ernesto Cordero, con solo cinco votos de su bancada más los del PRI, PRD, Morena y Verde, como presidente de la Mesa Directiva del Senado, opositor a Ricardo Anaya, que no lo quería ahí, en su proyecto por la candidatura presidencial del PAN y partidario de Margarita Zavala.

Esto llevó a que, al día siguiente en la Cámara de Diputados, Anaya bloqueara con otros opositores la conformación de su Mesa Directiva, que ya habían acordado que la presidiría el priista Jorge Carlos Marín, lo que impidió que por primera vez en 10 años un secretario de Gobernación acudiera a entregar un Informe de gobierno por decisión del propio Miguel Ángel Osorio Chong, a falta de órgano de gobierno que lo recibiera.

El PAN ya ardía, y Zavala y los suyos lo emplazaron a dejar la jefatura del partido y definirse como precandidato, lo que rechazó, y Roberto Gil Zuarth, con otros cuatro senadores, tachados de traidores, lo denunciaron por montar esta crisis a fin de ocultar la denuncia de sus bienes, a lo que respondió con el inicio del procedimiento de expulsión y la exigencia de un fiscal no carnal.

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¡Golpe de Estado de Anaya!

Ricardo Alemán en su columna Itinerario Político, publicada en Milenio, indica que en México hay políticos y jefes de partido —como AMLO— que han mandado al diablo las instituciones y por años violado las reglas electorales.

En México, un gobierno como el de Ernesto Zedillo intentó un golpe de Estado al Poder Legislativo, luego de las elecciones de 1997, cuando “El G-4” le arrebató al PRI la mayoría de la Cámara de Diputados.

Y en México también hay partidos —como el PAN—, cuyas figuras emblema han criticado golpes de Estado, como el de Maduro en Venezuela.

Pero en México nunca un dirigente de la derecha partidista había intentado un golpe de Estado contra el Poder Legislativo, como el que promovió el locuaz jefe nacional del PAN.

Y no, la acusación de que Ricardo Anaya es un golpista que atenta contra las instituciones y la democracia mexicana no es una ocurrencia mediática o de los críticos.

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Barrales tiene vía libre

La columna Bajo Reserva, publicada en El Universal, señala que Alejandra Barrales tiene el consenso del PRD para poder iniciar recorridos por los barrios de la Ciudad de México para perfilar una eventual campaña a la jefatura de Gobierno, nos dicen. Gobernadores de extracción perredista, el jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera y las tribus amarillas acordaron que la presidenta nacional perredista y senadora haga una gira por todas las delegaciones capitalinas, so pretexto de dar a conocer la aprobación para que su partido construya un Frente Amplio Democrático de cara a las elecciones del próximo año. Nos comentan que los recorridos iniciarán el 9 de septiembre, y servirá también para saber si doña Alejandra tiene la fuerza suficiente para competir en la elección de 2018 como la candidata de un frente para la CDMX, que agrupará por el momento al PRD, PAN y Movimiento Ciudadano. ¿Pegará la mini campaña de Barrales?

Sotelo reta al PRD

No me voy, no me voy y no me voy. Es el mensaje del ex senador perredista Carlos Sotelo, quien ha lanzado el reto a la dirigencia de su partido para que lo expulsen de sus filas. El perredista, integrante del Comité Ejecutivo Nacional, asegura que no se sale del partido, a pesar de haber firmado el acuerdo de unidad de Morena y dar todo su respaldo a Andrés Manuel López Obrador. Don Carlos, nos dicen, es uno de los pocos dirigentes que se ha volcado a conformar, desde el PRD, comités en apoyo al tabasqueño, quien va en la ruta por su tercera candidatura presidencial.

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La columna Trascendió, publicada en Milenio, indica que la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados fue citada a reunión de trabajo a las 9 de la mañana de este martes, pero sin una sola señal de acuerdo entre las fracciones de PAN, PRD y MC con la bancada del PRI para superar la crisis y pactar la elección de la nueva Mesa Directiva en San Lázaro.

La todavía diputada presidenta María Guadalupe Murguía concluye su mandato a la medianoche y, a solo tres días del plazo para la presentación del paquete económico del Ejecutivo para 2018, el coordinador priista César Camacho perfiló ya al secretario general de la Cámara de Diputados, Mauricio Farah, como encargado de recibir el documento por parte del secretario de Hacienda, José Antonio Meade… o de quien sea enviado a entregarlo.

Que en medio de los reacomodos hacia la elección de 2018 el perredista Héctor Serrano, secretario de Movilidad de Ciudad de México, muy activo ahora como operador de su jefe, Miguel Ángel Mancera, se reunió con dirigentes del PVEM para perfilar la eventual participación de ese partido en el frente amplio versión capitalina.

Desayunaron con el funcionario Jesús Sesma, Arturo Escobar, Carlos Puente, Carlos Madrazo y Xavier López Adame en el restaurante El Cardenal del hotel Hilton Alameda.

Que el director general del Instituto Mexicano del Seguro Social, Mikel Arriola, y la gobernadora de Sonora, Claudia Pavlovich, supervisaron la fase de toques finales que se dan al nuevo Hospital General de Nogales, que tiene 144 camas y mil millones de pesos de inversión federal.

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