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Una celebración especial

Reiterativo, pero las buenas amistades si son la sal de la vida. Sin ellas la vida puede ser insípida o desequilibrada como una mesa a la que le falta una pata. La amistad es un camino de doble vía que requiere de reciprocidad, y cuando esta se da, la verdad es que uno encuentra hermanas o hermanos entre los amigos.

Yo tengo la doble fortuna de que mi hermana es también mi mejor amiga. Francesco Alberoni dice, y coincido con él, que la amistad requiere de cultivo y empeño y no es incondicional como puede serlo el enamoramiento, el amor a los hijos, a los hermanos o a los padres.

Tengo en mi haber tres amigas con las que durante el año comparto un montón de cosas, pero aparte, religiosamente festejamos la temporada de Navidad con una comida especial, una ida al cine, una larga plática, un intercambio de libros o alguna cosa pequeña pero significativa.

A principios de diciembre oí en el radio el anuncio de que el ballet ruso se presentaría en el Complejo Universitario de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), con la obra “El Cascanueces” de Tchaikovski y estarían acompañados por la orquesta sinfónica de la BUAP.

El Cascanueces es una obra que me sé de memoria gracias a mi mamá y a su amiga Martha Castro, una bailarina, maestra y coreógrafa extraordinaria que cruzó por nuestras infancias en la academia de danza que ambas compartieron. Entre las dos nos enseñaron a escuchar música fantástica y a medio movernos con gracias a un hato de niñas no necesariamente tocadas por el don de la danza.

¡Ir al ballet como festejo me pareció ideal! El problema era que soy una perfecta inútil para ir a comprar boletos de eventos y conciertos; oigo los anuncios, me entusiasmo, pero rara vez llego a la taquilla y cuando me doy cuenta el ballet ya está de regreso en Moscú, la obra de teatro en gira por Sonora o Joaquín Sabina luchando por su vida en un hospital.

Esta vez acudí al auxilio del hombre más entusiasta que hay en Puebla en lo que se refiere a eventos: es capaz de ir a una pastorela de kínder que promete, de partir a Argentina a ver bailar tango, de treparse a una pirámide a recibir las vibras del cambio de estación y desde luego, ha asistido a todo lo que valga la pena de música y danza que por esta ciudad haya cruzado.

Si ha faltado a un concierto es porque ha estado en artículo mortis, aunque él no es de los que se muere con facilidad como sí suelen hacerlo casi todos los hombres que conozco, que se mueren, literal, ante el menor achaque, como por ejemplo un padrastro mal cortado o un catarro inofensivo. Paco Sánchez va de todas, a todas. Por lo tanto es el rey de la taquilla. Por el chat le pedí el favor de que me comprara los boletos con aseguramiento de pago inmediato. Dijo que sí con mucho entusiasmo y tuvimos boletos.

El 14 de diciembre las cuatro alegres comadres comimos en una casa llena de recuerdos preciosos y vibra excepcional. De tres a ocho no nos paró la boca y nos pusimos al corriente de todo agravio, alegría, desfalco o acierto del año. A las ocho partimos al Ballet.

Hay que reconocer que la BUAP presenta desde hace ya muchos años eventos extraordinarios que solo fueron vistos antes en Puebla cuando el mencionado Paco Sánchez y Jorge Cubillas fundaron Puebla Ciudad Musical y lograron traer a artistas que era impensable que vinieran a México en el último tercio del siglo pasado. Entonces solo había dos foros, el Auditorio de la Reforma y el antiguo Teatro Principal. Hoy hay muchos, pero el de la Buap es francamente precioso. La Buap ya logró consolidar una orquesta sinfónica llena de jóvenes talentosos que cada vez tocan mejor.

Ya instaladas en nuestros lugares nos llamó la atención y nos gustó ver a un público verdaderamente plural, de todas las edades, muchos asistentes mayores de ochenta años, cosa muy bonita, pero también niños de pecho o demasiado pequeños que no debieran estar ahí porque lloran y se aburren.

Una cosa que nos sorprendió para mal es que ya dada la tercera llamada, las puertas del auditorio no se cerraron y la gente siguió entrando hasta que se le pegó la gana.

Divino el ballet, la orquesta de la BUAP estuvo a la altura de los bailarines, la coreografía y la escenografía fueron perfectas, el único, pero es que la administración del auditorio no logra poner reglas de urbanidad en el público, que a la menor provocación es proclive al desorden pues no se les pone límite alguno; entraron y salieron a su antojo con todas las cosas propias de una cafetería de cine: refrescos tamaño jumbo, papas fritas con chile y limón, cheetos y palomitas de maíz, que no sé por qué irremediablemente caen al suelo. En medio de un ballet suenan como un alud además de ser una majadería.

Los administradores del complejo necesitan corregir esa enorme falta de respeto hacia los artistas y hacia el resto del público que no está entregado a comer. Es inadmisible que artistas talentosos y esforzados reciban el trato que podría ser normal en una arena de lucha libre, en un partido de fútbol o durante una función en un Cinépolis.

En el cine también son una molestia los comelones, pero por lo menos no se interrumpe a los artistas. Está mal que no cerraran las puertas después de la tercera llamada y que permitan consumo de alimentos dentro del auditorio.

Increíble también que durante el intermedio parte del público volvió a refaccionarse de comida y refrescos y volvió a entrar tarde después de la tercera llamada, estorbando y circulando con dificultad porque venían cargando sus sagrados alimentos. ¿Es necesaria la venta de comida chatarra en un espacio cultural del tamaño y nivel del Complejo Cultural Universitario? Valdría la pena un reglamento, y si ya existe, aplicarlo.

Fuera de eso, la música, la escenografía y la perfección con la que bailó todo el elenco nos hicieron pasar una noche especial. Mientras veía en el escenario tanto talento y disciplina y escuchaba la música preciosa que el ser humano es capaz de crear, tenía sentimientos encontrados por las barbaridades que uno sabe que también es capaz de hacer la raza humana. Afuera del escenario y su simbólica belleza del bien humano acechan tipos como Trump, sus malas copias y lo que significan: corrupción, discriminación, violencia, injusticia, codicia, prepotencia, abuso de poder. Todo cabe en la impredecible raza humana.

A la salida del ballet nos recibió el gran árbol de Navidad instalado en la plaza frente al auditorio, mágico y azul; tenía de fondo a una luna llena preciosa y naranja, tan redonda y completa como lo fue nuestro último encuentro de fin de año. Qué bonito es lo bonito. Y de nuevo, no guarden muy alto sus adornos de Navidad, que la del 2017 está a la vuelta de la esquina. Así de rápido se pasa la vida….

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la línea editorial del portal de noticias Ángulo 7.

Sobre Verónica Mastretta

Verónica Mastretta
Licenciada en Relaciones Internacionales (UDLAP), ha sido Consejera Nacional de la Comisión para el Desarrollo Sustentable, Regidora presidente de la Comisión de Ecología y Medio Ambiente, integrante de la Unión de Grupos Ambientalistas así como de la asociación Participación Ciudadana.
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