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Las horas tensísimas previas al debate: la última bala

Arturo Rueda /Tiempos de Nigromante/Diario Cambio

 

A horas del último foro que puede servir para darle un giro a las tendencias mostradas en las encuestas, en los cuartos de guerra de los candidatos punteros se vive la máxima tensión. Aunque el formato avalado por el IEE restringe la posibilidad de ataques directos y al final la opinión pública se guíe por el post debate —toda vez que a ese día y hora se jugará el América vs Chivas de cuartos de final—, no se descarta ninguna sorpresa, por lo que las horas de preparación son vitales. Para Blanca es la última oportunidad de disparar una bala mortal, pero si Gali sale bien librado ya solamente tendrá que ocuparse de la operación en tierra para el 5 de junio.

Pero las cosas no son tan sencillas en ninguno de los war roms, porque deben elegirse muchas estrategias, tanto de ataque como de defensa. Hay golpes muy vistos que se ven venir, por lo que casi se dan por descartados. Lo importante es saber qué nuevo lodo están dispuestos a lanzar, y si hay respuestas, reflejos rápidos, para no quedarse con los golpes. Gali, además, deberá atender tres frentes: además de la candidata del PRI, sus pistoleras Ana Tere y Roxana, a quienes ya no importa el lugar en que queden de la carrera, sino cumplir sus contratos de golpeteo.

 

Las horas tensas se palpan de muchas maneras. Le cuento alguna.

 

Hace tres años, el 5 de mayo de 2013, con nieve de limón en mano, Antonio Gali Fayad tomó por asalto el desfile cívico-militar. Acompañado de su esposa, hijos y candidatos a diputados, el entonces candidato de la coalición Puebla Unida se sentó en las gradas del Bulevar, aplaudió, saludó y abrazó a cientos de poblanos. Su rival, Enrique Agüera, le dejó el escenario libre y por la tarde quiso recomponer, por lo que se fue a la Feria a repetir un esquema semejante, pero la oportunidad había pasado. Algo parecido acaeció en 2010: Moreno Valle tomó el desfile, repartió miles de sombrillas, y ese día empezó a cambiar las tendencias, mientras Javier López Zavala prefirió encerrarse con los suyos para la firma de un Acuerdo Legislativo con los propios priistas.

 

En este 2016, ninguno de los candidatos punteros decidió tomar el desfile del 5 de mayo, cada uno por sus propias razones o sus propios miedos. Blanca Alcalá sabe que su peor intención de voto se encuentra en la ciudad que gobernó de 2008 a 2011, y no tiene la confianza para pararse en un escenario no controlado. Gali Fayad, por su parte, tiene las alertas prendidas de sufrir una emboscada urdida por simpatizantes priistas, algo semejante a lo ocurrido en la UDLA en 2013, que pueda salirse de control.

 

Con la oportunidad desperdiciada del desfile del 5 de mayo, Blanca prefirió irse a Zacapoaxtla, donde rindió una ofrenda de honor, y luego a Teteles y Atempan. Nada resaltable. A su vez, Antonio Gali no hizo nada, por lo que seguramente dedicó el día a grabar spots o a dar una pausa del ajetreado ritmo.

 

Oportunidad perdida la del desfile del 5 de mayo, porque no hay mejor termómetro que el contacto directo con la gente. Pero no los acarreados de los mítines, que van de pueblo en pueblo para dar la apariencia de darle un candidato todo el respaldo y no por las monedas que reciben.

 

Hace seis años Moreno Valle hizo contacto real, se arriesgó a una emboscada de los priistas, superó la prueba y con ello dio muestra a los poblanos de que ahí había un líder. El mismo ejemplo siguió Gali el 5 de mayo de 2013: ni la gente ni potenciales conflictos le dieron miedo, y los poblanos pudieron palpar quien tenía madera para ganar y quién no. Resulta curioso que los ganadores de 2010 y 2013 fueron los que se apostaron por el contacto de la gente en un escenario no controlado.

 

Pero ahora, ni Blanca ni Gali, ninguno, quiso asistir a la parada cívico-militar y sólo delegaron la entrega de sombrillas que, en esta ocasión, no dejaron ninguna huella.

 

El contacto directo de los candidatos con la gente real es importantísimo porque permite que se salgan de su script, de su guion de promesas, de la zona de confort. Por ejemplo, sería fundamental que los dos candidatos, Blanca y Gali, definieran sus posturas sobre el problema de Estado que se vive en el “triángulo rojo”, donde los criminales expropian el monopolio de la violencia a los tres niveles de gobierno.

 

No he escuchado a ninguno de ellos abordar el tema de forma frontal: en la zona hay alcaldes del PRI —el borrachín que gobierna Tepeaca y el prometedor alcalde de Quecholac—, pero también panistas como el “mirrey popoloca” Inés Saturnino en Tecamachalco. Está comprobado que hay cientos de poblanos cómplices de las mafias de chupaductos, y los inocentes son amenazados para no delatar a los que sí participan. También comienzan a silenciarse los medios de comunicación, y aunque los ediles piden apoyo, nadie los escucha, ni hace caso.

 

¿Cómo resolver el problema de Estado en el triángulo rojo? ¿Sería mucho pedir una postura conjunta de Gali y Blanca, para que cualquiera que sea el ganador, promueva una limpia en instancias federales con el apoyo del otro? ¿La campaña se trata de resolver los problemas de Puebla o sólo de tirarse lodo?

 

Para mayor información:http://www.diariocambio.com.mx/2016/opinion/tiempos-del-nigromante/item/11935-las-horas-tensisimas-previas-al-debate-la-ultima-bala

 

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