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Lecturas de las precampañas

Jorge Rodríguez Corona /A Puerta Cerrada /El Sol de Puebla

 Diez días de precampaña bastaron para confirmar la enorme importancia que tiene la elección de ‘mini’ gobernador para los dos principales partidos políticos en disputa y los gobiernos que mueven los hilos detrás de ellos, como artífices de batalla operando en las sombras.

El PAN y el morenovallismo quieren conservar la posesión del gobierno del estado a través de José Antonio Gali Fayad y el PRI y un sector influyente del gobierno de la república pretenden recuperarla por medio de Blanca Alcalá Ruiz.

Para eso ha servido el breve periodo de precampaña, para ratificar que ambos bandos están dispuestos a valerse de todos los instrumentos existentes a su alcance para conseguir su propósito.

A contrapelo de lo que demandan las buenas conciencias de la política electoral, esta fase estuvo plagada de ataques, descalificaciones y guerra sucia (¿qué guerra no lo es?), emprendida no por los candidatos, sino por los integrantes de sus cuartos de guerra que tienen en el Internet y las redes sociales su caldo de cultivo.

Ya entrada la recta final de la precampaña, un operador morenovallista le confió al reportero que lo que se había visto hasta ese momento, en contra del PRI y de su candidata, era poco comparado con lo que se tenía preparado y vendría más adelante, seguramente en los días cercanos a la elección.

Desde el otro lado, el del PRI, el ímpetu era similar.

Un integrante de la dirigencia tricolor comentó con el autor de esta columna que estaban listos para repeler y contraatacar en todas las afrentas rivales, según esto, con la anuencia de la Secretaría de Gobernación federal y la asesoría del Comité Ejecutivo Nacional del partido, que ya por entonces había enviado a Puebla un numeroso equipo especializado en el manejo (político) de las redes.

Sumadas a lo que vimos en precampaña, estas advertencias significan una sola cosa, que la pelea por la ‘mini’ gubernatura se recrudecerá todavía más.

Parece pues que no habrá consideraciones de ningún tipo.

 

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Otra lectura relevante que deja la precampaña de los dos principales partidos políticos es el contenido del discurso empleado tanto por Blanca Alcalá como por José Antonio Gali.

Ambos dejaron claro qué es lo que pretenden ofrecer a los votantes una vez que arranque la contienda formal, que tendrá una duración de dos meses.

La candidata del PRI propondrá un cambio de rumbo, un gobierno contrastante con el de Rafael Moreno Valle en gestión y estilo personal, que modifique aquellas acciones que han generado molestia y resentimientos en un sector de la población.

El discurso de Blanca Alcalá irá dirigido entonces a los críticos de la administración estatal.

Ahí radicará su apuesta.

El candidato del PAN, por su parte, optó por mostrarse como la continuidad del morenovallismo. 

“Sigamos adelante” se llama la coalición de partidos que lo postulará.

Alejado por decisión propia de toda posibilidad de desmarque, Antonio Gali ofrecerá la opción del seguimiento a las políticas públicas emprendidas desde 2011 por Moreno Valle, con el aderezo de que no tomar esta ruta implicará el retorno irremediable del priismo marinista, aquel que ya fue rechazado en las urnas seis años atrás.

El discurso del abanderado panista irá dirigido a los electores que aprueban la gestión de Moreno Valle y/o reprobaron en su momento la de Mario Marín.

Los discursos de precampaña permitieron ver que Blanca Alcalá se enfocará en los poblanos que quieren un cambio y ‘Tony’ Gali en los que desean continuar por el mismo camino pero además se niegan a regresar al pasado.

La victoria no solo dependerá de la cantidad de eventuales electores que haya en cada uno de los grupos: anti y pro-morenovallistas, sino, más aún, de la capacidad comunicativa que tenga cada candidato para conectar con ellos y motivarlos a ir a las urnas.

Eso dependerá de la efectividad de la campaña y de todos los factores que confluyan en ella para volverla exitosa… o desastrosa.

 

***

Por cierto, en la medida que menos efectivas sean las campañas, que menos resultados positivos generen para convencer a los votantes de ir a las casillas el domingo 5 de junio, más trascendente será el trabajo de las estructuras partidistas.

Sin una participación numerosa, superior a un estimado de 55 por ciento del padrón electoral, la función de los movilizadores terminará por ser fundamental en el resultado de la elección.

El vencedor de la contienda podría definirse a partir de la batalla de estructuras que se libra el día “D”.

Del lado de José Antonio Gali ya sabe usted quiénes figuran como responsables.

Aparecieron sus nombres en la entrega del pasado viernes.

En el equipo de Blanca Alcalá parece no haberlos todavía, quizá por el retraso en el relevo de dirigente del PRI, pero ya los habrá.

Para mayor información:http://www.oem.com.mx/elsoldepuebla/notas/s1239.htm

 

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