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Cambio climático y la milpa

Por Miguel Ángel Damián Huato

Hay evidencias que muestran que las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) siguen aumentando y con ello los desastres socioeconómicos. Según la Organización Mundial de la Salud (Proceso, 02122015), cada año mueren alrededor de siete millones de personas a causa de los efectos en la calidad del aire causados por el cambio climático. Según Víctor M. Toledo (Jornada, 17022015), el cambio climático ha originado enormes pérdidas por desastres naturales que aumentaron hasta alcanzar 22 mil millones de pesos durante el actual gobierno. 

La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático ha hecho esfuerzos por reducir la emisión de GEI, pero todos han resultado infructuosos. Michel Jarraud, secretario General de la Organización Meteorológica Mundial, aseveró que la temperatura media global en 2015 será la más cálida y alcanzará el umbral de 1 ºC por encima de los niveles reindustriales. Aseguró que si las emisiones de GEI siguen aumentando, la temperatura media podría subir en más de 4 ºC a finales del siglo XXI; planteó que pueden controlarse las emisiones de GEI, porque tenemos los conocimientos y las herramientas para actuar. 

En efecto, tenemos los conocimientos y herramientas para reducir las emisiones de GEI, por razón de impulsar procesos productivos que sean manejados con tecnologías limpias, para que no generen más GEI; incluso, para que los reduzcan. 

La milpa, policultivo donde el maíz se siembra asociado con otras plantas cultivadas y múltiples arvenses, es una alternativa real ante el cambio climático. Su manejo se diferencia del monocultivo del maíz, porque en él convergen tecnologías modernas y tradicionales, predominado las segundas articuladas a la ciencia agroecológica; Su manejo comprende un conjunto de prácticas agrícolas que imitan la estructura vegetacional y funcional de los ecosistemas naturales.

O sea, la milpa se compone de varios “pisos” de plantas, como los ecosistemas naturales, para re-crear una biodiversidad de flora y fauna arriba y abajo del suelo. Esta biodiversidad enfatiza el rol de complementariedad de todos los elementos del sistema agrícola, porque solamente juntos son capaces de re-crear interacciones y sinergias que ningún elemento aisladamente puede generar. 

Esta biodiversidad comprende plantas (maíz, frijol, calabaza, etc.) con diversas necesidades de energía radiante requerida para transformar compuestos inorgánicos en orgánicos. Además, las plantas asociadas tienen sistemas radiculares diversos, por lo que no establecen competencia entre sí por nutrientes. Al contrario, la presencia de leguminosas en la asociación acrecienta el uso de nitrógeno, un macronutriente esencial para el crecimiento de las plantas.

También, una mayor biodiversidad genera más biomasa abajo del suelo que se traduce en mayor abundancia y riqueza de microorganismos que descomponen la materia orgánica y reciclan los nutrientes y la energía. Al mismo tiempo, una mayor biodiversidad de flora y fauna arriba del agroecosistema favorece la creación de redes tróficas que inhiben el daño que pueden ocasionar ciertos organismos a las plantas cultivadas. 

Por todas estas razones, el manejo de milpa reduce el consumo de fertilizantes y plaguicidas, cuyo uso en la agricultura de riego han contribuido con una quinta parte de las emisiones de GEI. Además, como ya dijo, la siembra de milpa eficientiza el uso de energía solar y promueve el reciclamiento de energía y nutrientes, lo que se traduce en menores requerimientos de energía fósil. 

Además, en la producción de fertilizantes y plaguicidas se utilizan mucha energía fósil y la milpa los requiere pero en pequeñas cantidades, si se compara con las enormes cantidades de agroquímicos que se aplican cuando el maíz se maneja como monocultivo. 

También, hay muestras que indican que la milpa es un eficiente sumidero de bióxido de carbono, el principal GEI que promueve el cambio climático. Finalmente está demostrado que la milpa provee más y diversos bienes agrícolas que el monocultivo del maíz, si estos sistemas se siembran bajo condiciones edafo-climáticas similares.  

La milpa puede aumentar el rendimiento por hectárea a mediano plazo (6-8 años) en un 150%, utilizando tecnologías limpias. Estos rendimientos no se lograron cuando se aplicaron tecnologías modernas; por ejemplo, en México los rendimientos apenas crecieron 18.7 kg/ha/año entre 1980 y 2010.

Con la siembra de milpa habría un aumento espectacular de la productividad, menor uso de energía fósil y la captura bióxido de carbono. Pero, la milpa ni siquiera aparece en las estadísticas del gobierno mexicano, ni en las propuestas que Peña Nieto llevó a la 21 Conferencia de las Partes (COP) de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. 

 

Palabras agudas

El Mtro. Fabián Enríquez García apenas duró dos años como director de la Facultad de Ingeniería de Agrohidráulica, la cual naufraga en el descredito académico. Su candidatura, desde la época del Agüerismo, fue impulsada y cobijada por la facción universitaria que encabeza el Dr. Ygnacio Martínez Lagunas, Vicerrector de Investigación y Estudios de Posgrados, que fantasea con ser rector de nuestra alma mater. Sin embargo, cuando únicamente se cultivan lealtades políticas soslayando las capacidades académicas, se construyen castillos en el aire que cualquier hálito terminará por derrumbar. Al tiempo. 

 

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la línea editorial del portal de noticias Ángulo 7. 

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