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No tienen vergüenza

Tal pareciera que regresaron los tiempos de la formación de los frentes únicos en contra del fascismo y de la unidad nacional a toda costa, promovidos por personajes cercanos a Lázaro Cárdenas del Río y a Manuel Ávila Camacho.

Los discursos pronunciados por Enrique Peña Nieto y Rosario Robles, convocan a la unidad nacional en torno a las fuerzas armadas y, por si fuera poco, alrededor de su comandante en jefe. Otrora, los “enemigos” de la revolución, los políticos callistas, serían acusados de aliarse con la extrema derecha para promover el derrocamiento del presidente.

Hoy, ante el ascenso y la radicalización de los grupos de extrema derecha en Gran Bretaña y en los Estados Unidos de Norteamérica, la fragilidad del titular del ejecutivo federal y del Partido Revolucionario Institucional (PRI), se exaltan obras públicas y ante una posible derrota electoral, retornan los llamados a la unidad nacional y se ubican nuevos enemigos, aunque en el discurso pidan cerrar filas y “actuar en unidad para la construcción de un país más incluyente, equitativo y próspero, a partir del reconocimiento de su pluralidad política y diversidad étnica que caracterizan a la sociedad mexicana.

Pero todo tiene su historia y los llamados a la unidad en torno a Peña Nieto difieren de los que en su momento justificaron –en la época cardenista- la unidad de los trabajadores, incluidos los del magisterio y la intervención oficial que la favorecía, mediante la adopción de propuestas magisteriales como la federalización de la enseñanza, la unificación de salarios, “la observancia del escalafón” y la publicación de una legislación (1939) que recogía las demandas de los trabajadores de la educación y justificaba la existencia de un sindicato único.

De la mano de Lombardo Toledano y de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), agrupaciones promovían la “unificación de todo el magisterio” (Tendencias educativas Oficiales de México 1934-1964 edit, CEE UIA), la formación de agrupaciones de “niños” y de jóvenes que lucharan en contra de la guerra y del fascismo, por la escuela socialista así como el rescate de las “lenguas autóctonas”, estrategia en la que fueran fundamentales las escuelas rurales.

Amorosa en lo subsecuente, cualquier similitud con la república que promueve Andrés Manuel López Obrador sería pura coincidencia, contraria a la escuela socialista y a la social, la escuela de la unidad nacional adoptada por los gobiernos poscardenistas tendría como misión formar la nacionalidad: “una escuela que fomentara la unidad, consolidara la nacionalidad y rechazara ideologías extrañas” (Ibid) que preparara a los futuros ciudadanos para el progreso y el desarrollo económico, que mediante la expulsión de maestros socialistas y comunistas permitiera el control ideológico y político del magisterio a través del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (1943), organización creada con el carácter de “único representante de todo el magisterio nacional”, mediante decreto presidencial (Ariadna Sánchez. Política educativa en México 1940-1958: escuela de la unidad nacional). El SNTE de inmediato es incorporado al gobierno mediante el ejercicio de cargos en el ejecutivo y el legislativo.

La unidad convocada por Cárdenas y por sus sucesores tendría las siguientes finalidades. En primera instancia formar un frente único –mundial- en contra del fascismo y de quienes lo encabezaran (los aliados del Eje) y en segunda, la de concitar odios, rencores y enfrentamientos suscitados entre quienes defendían la instauración de la educación socialista y las uniones de padres de familia, organizaciones de clara filiación clerical que promovieran originalmente una reforma al artículo 3 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos para derogarla o con posterioridad, lograr una reglamentación que la limitara. Una tercera intensión de los propósitos de los llamados al logro de la unidad nacional estaría vinculada al logro del desarrollo económico, el bienestar y el progreso (Alianza para el Progreso).

Destacarían, sin embargo, algunas preguntas sobre cuáles serían las verdaderas intenciones y los propósitos que llamarían a la unidad en torno a las fuerzas armadas y al titular del ejecutivo federal. ¿A qué riesgos se enfrentan Peña, el ejército y la marina? ¿Sería acaso, que los responsables de conducir el gobierno consideran que su aliado norteamericano los desconocería en cuanto el nuevo gobierno asuma el poder y se profundicen las manifestaciones de racismo y odio en contra de mexicanos y mexicanas allende el rió Bravo?

¿Pretenderá tal vez, cobijar a las fuerzas armadas en contra del desprestigio y del desánimo causados por los excesos cometidos por “los juanes” en el combate al narcotráfico y/o posiblemente, procurará blindarlos en contra del malestar causado por los abusos que cometen ante una indefensa sociedad civil?

¿No será acaso, que los llamados de la Chayo tengan tan sólo el mezquino propósito de conservar la gubernatura del estado de México y evitar la formación de un frente amplio que les eche del gobierno?

¿Recordarán que cediendo a las perversas intenciones de organizaciones como Mexicanos Primero Asociación Civil, “pactaron” en contra del magisterio nacional, acusándolos de ser los causantes por los malos resultados obtenidos por niños, niñas y adolescentes en las evaluaciones internacionales y nacionales? ¿Olvidaron acaso que sometieron a evaluaciones estandarizadas y descontextualizadas al personal docente? ¿Recordarán que han entregado los bienes de la nación al capital internacional y a las empresas multinacionales, violando la soberanía nacional y actuando en contra de mexicanos y mexicanas? ¿Evocarán que debido a su mala administración recortaron el presupuesto destinado a la educación y a diversos programas sociales?

¿Y aun así se atreven a encabezar llamados a la unidad de todos y todas las mexicanas? De plano, no tienen vergüenza.

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la línea editorial del portal de noticias Ángulo 7.

Sobre Gustavo Santín Nieto

Gustavo Santín Nieto
Director del Instituto Universitario de Puebla (IUP).
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