A la memoria de las víctimas de la masacre de Monte de Chila

El presente relato surge de la necesidad de tener que visibilizar esta causa, porque a pesar de los enormes esfuerzos que han realizado muchas y muchos activistas, víctimas y familiares de la masacre de Monte de Chila, así como medios de comunicación y organizaciones nacionales e internacionales, esta masacre no ha permeado, pareciera que silenció la muerte, la sangre y las vidas de estas personas y es un mal que, hasta esta época, nos sigue afectando al callarlo

Para muestra de lo anterior es que este pasado 28 de enero del 2026 paso desapercibido para medios de comunicación, políticos, academia y activistas que se están cumpliendo 56 años de esta masacre y esto es indicativo de que tenemos que asumir nuestra responsabilidad y visibilizar lo sucedido, esto es el replique al verdadero aporte realizado por de manera sería por especialistas como Itzel Adelita Olivo Vazques, quien realizó una tesis formidable de este tema y de donde me base casi en su totalidad para entender las circunstancias de modo, tiempo y lugar de lo sucedido, el periodista Manuel Sánchez Pontón, entonces corresponsal del Excelsior en Puebla, de Gerardo Pérez Muñoz, en su diversos artículos, recabando diversos testimonios con de Don Miguel Rodríguez Vargas que dijo “… cuando nosotros fuimos ya estaban muertos los difuntos, hartos muertos, hartos muertos que estaban tirados, mujeres, hombres, niños…A los familiares no les dejaron recoger a los muertos. No los levantaron los difuntos, pobrecitos, nomás los comieron los zopilotes, así pasó…”, del padre Gustavo Rodríguez el llamado Padre del Morral y de muchos más.

Hay que recordar que fue el informe final del Mecanismo para la Verdad y el Esclarecimiento Histórico, que a documentado las atrocidades más graves perpetradas por el Estado Mexicano entre 1965 y 1990, revelando las peores masacres en México, rescato esta como la peor de las masacres de ese periodo, misma que a pesar de ya existir en este documento y varios más, sigue pasando desapercibido, como si existiera un pacto con los entonces protagonistas del poder para no hacer visible esta masacre. En aquella época no generó un escándalo nacional ni fue ampliamente cubierto por los medios de comunicación; lo mismo está sucediendo ahora 56 años después.

Es oportuno primero identificar donde está este lugar, según refiere Itzel Adelita Olivo Vázquez en su tesis “Y por la tierra la vida. Monte de Chila y el inmutable silencio”, publicada por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, que Monte de Chila está en lo profundo de la Sierra Norte, concretamente en Buenos Aires municipio de Jopala, Puebla, entre los municipios de Xicotepec, Huauchinango y Zacatlán y sus habitantes son mayormente Tutunakú (Totonaca); estos municipios se caracterizan desde mediados del siglo XIX por ser comunidades que tienen un enfoque político liberal. La zona está llena de leyendas e historias sobre líderes políticos y perseguidos que encontraron refugio en la Sierra Norte, o el histórico paso de Fidel Castro y el Che Gevara, o el encuentro realizado por Adolfo López Mateos y Lázaro Cárdenas que se organizaron para manifestarse en el congreso contra el entonces presidente de México con respecto al reparto de tierras.

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¿Pero que paso en Monte de Chila? El 28 de enero de 1970 pasó la peor masacre del siglo XX llevada a cabo por el ejército contra campesinos. Los relatos de la época son dominados por el oficialismo, motivando contradicción entre lo que dijeron los medios y lo que el pueblo señala, contradicciones desde que origino la matanza, porque sucedió y cuantas personas intervinieron en los diferentes bandos, en lo que sí coinciden todos es que se trató de hechos sumamente violentos, que duro entre cinco y doce horas, que participo el ejército.

Los medios oficialistas anunciaron que eran delincuentes a los que se enfrentó el ejército, enunciándolos como “facinerosos” “gavilla de cuatreros” “gavilla de abigeos” que buscaron los militares contener los ataques recibidos por estos delincuentes, y el pueblo aclaró que se trataban de integrantes de la Central Campesina Independiente, central creada en 1963 por militantes del partido comunista mexicano e integrantes del cardenismo agrario, así como de ejidatarios y comuneros, y lo que el pueblo dijo fue que resistieron hasta la muerte para proteger sus tierras de aquellos que se las querían quitar, favoreciendo el ejercito a los terratenientes y caciques de la región

Monte Chila: la masacre silenciada

Otro tema que es contradictorio es lo que motivó la masacre, por un lado los medios indicaron que se trataba de “300 invasores de propiedades que amenazaban con matar a cualquier persona que pasara por ahí”, “que era una banda de “asesinos”, “eran reos que escaparon el dos de marzo del 69 de la cárcel de Xicotepec y eran delincuentes peligrosos que cometieron más de 20 delitos y actos de pillaje”, “se trata de hombres sin escrúpulos y sin frenos ante la autoridad, matan a presidentes municipales y asesinaron a 26 personas en tan solo 60 días. “eran maleantes”, también señalaron a la Central Campesina Independiente como la que motivaba las invasiones a propiedades privadas y que la respuesta otra versión es que murió en cumplimiento del deber un teniente del ejército y este se vio obligado a repeler la agresión iniciando la balacera de seis horas, justificando el ejercito su actuar con la intervención de helicópteros, bazucas, armamento de alto, todo lo anterior es un claro ejercicio de la necro-política al dejar claro que los soldados persiguieron a la “gavilla” hasta su extinción total, convirtiéndose en un problema federal”.

La violencia de estado continuó incluso después de la balacera, pues el estado mexicano utilizó técnicas medievales para mostrar poder y evidenciar el castigo públicamente al dejar por varias semanas en Monte de Chila a los cadáveres de aquella masacre, pretendiendo exhibir a sus enemigos políticos, buscando provocar en la población intimidación, deshonor y advertencia para quien pretenda salirse de las decisiones de estado, sello característico del entonces Gobernador Rafael Moreno Valle en 1970.

Lo mas delicado de este caso es el ocultamiento que se dio por parte de medios y poder político así como el silencio motivado por miedo, interés y/o conveniencia en esa época, que terminó beneficiando a los poderes formales e informales y en contra del pueblo, afectación que evidentemente no ha sanado hasta nuestras fechas, ni mucho menos han encontrado justicia las víctimas de la masacre y evidentemente no se sanciono a ningún responsable de orquestar y/o ser ejecutor de la masacre, esta es una herida abierta que no cerrara hasta que no exista solución real a esta masacre.

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Históricamente, esta región ha sido escenario de lucha y dignidad, el pueblo Totonaco fundó la Organización Independiente Totonaca (OIT) en 1989 como parte del movimiento social latinoamericano surgido desde los años 60 para abogar por los derechos e intereses económicos y sociales de los oprimidos. A partir de los años 80, esta organización luchó contra la exclusión política y defendió los derechos totonacos logrando importantes victorias electorales locales.

Otro ejemplo significativo es el colectivo Aurora Roja en Huauchinango. Este grupo también ha enfrentado despojos, asesinatos y amenazas hacia sus miembros mientras defienden derechos humanos fundamentales. Gerardo Pérez Muñoz resalta estas luchas en varios artículos donde describe cómo Aurora Roja continúa resistiendo ante diversas adversidades; es crucial que autoridades activistas mantengan atención sobre este conflicto en particular pues está vigente y es necesario promover procesos de paz realmente efectivos en dicha demarcación.

Es crucial que las entidades públicas responsables de los derechos humanos en el país actúen con la máxima seriedad, para preservar la memoria histórica en México, toda vez que la compleja situación que enfrenta nuestro continente, marcada por una política exterior de EE.UU. agresiva y discriminatoria, junto con el debilitamiento de instituciones en Latinoamérica, así como las tensiones entre los gobiernos más influyentes del mundo, sumada a la violencia y la profunda discriminación presente en nuestra sociedad mexicana, es un caldo de cultivo para la legitimación de las dictaduras en nuestro continente, por lo mismo es necesario que en México, se dé una verdadera deconstrucción de nuestra identidad nacional, promoviendo una conciencia crítica fundamentada en argumentos constructivos. Es básico establecer las bases para lograr que la cohesión social se materialice desde lo local hasta lo nacional. La memoria histórica nos permite recordar tanto los periodos luminosos como aquellos oscuros, así como las injusticias y los malos gobiernos. Esto facilita a las nuevas generaciones comprender nuestros orígenes y minimizar la repetición de errores pasados, honrando a las víctimas y fomentando la paz a través de la verdad, justicia, reparación y no repetición.

Abogado, defensor de derechos humanos. Fue subsecretario de Derechos Humanos y primer encargado de la Comisión de Búsqueda en Puebla. También fue director para América Latina de la Organización Mundial...