La dualidad no es casualidad en la capital poblana, con su profundo arraigo colonial y religioso ha sido históricamente un escenario vivo donde los siete pecados capitales y las virtudes opuestas libran una batalla cotidiana que por siglos están impresas en el ADN local.

Para entender la presencia de estas transgresiones en Puebla, es necesario rastrear el origen medieval de los pecados capitales. Aunque la noción popular suele asociarlos directamente con las páginas del texto sagrado, los pecados en la Biblia no aparecen estructurados en la lista que conocemos hoy.

Fue en los monasterios de los siglos IV y V donde comenzó la clasificación, consolidada más tarde por el papa Gregorio Magno. Posteriormente, fue afinada en la Edad Media por teólogos de la talla de Tomás de Aquino.

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¿Qué son los pecados capitales?

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Aquino definió en la Suma Teológica que se les llama siete pecados “capitales” (del latín caput, cabeza) porque actúan como la raíz o el principio de muchos otros vicios.

No se trata necesariamente de los pecados mortales o de la confesión de pecados graves en términos de castigo inmediato. Mas bien, inclinaciones profundas del alma que desvían al ser humano de su fin espiritual, según dicta el catecismo de los pecados actuales. Estos servían como guías morales de comportamientos que no se deben cometer para llevar una vida ética en la sociedad.

Esta línea de pensamiento cruzó el Atlántico con los conquistadores y las órdenes religiosas, encontrando un suelo fértil en la Nueva España. Particularmente en Puebla, donde la traza urbana de la ciudad, diseñada como la “ciudad de los ángeles”, terminó albergando la teología como una ley.

Sin embargo, un pecado no escapó de la sociedad y cultura poblana, la gula. Este pecado ocupó un espacio importante en la cocina poblana, donde el exceso está permitido.

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Fe y tradición en las iglesias de Puebla

El mole poblano, con su compleja mezcla de chiles, especias y chocolate, o los Chiles en Nogada, representan un festín de reyes, desafían la templanza, y la virtud opuesta elegida para contrarrestar este vicio. El exceso no se ve aquí como una falta, sino como una muestra de hospitalidad barroca.

Sin embargo, en el confesionario, el límite entre el disfrute y el pecado sigue siendo una delgada línea que los poblanos cruzan con singular alegría cada fin de semana en las fondas del mercado de El Alto.

Al lado la abundancia culinaria, la lujuria encuentra su propia narrativa histórica en las calles de Puebla. Durante el virreinato y el siglo XIX, el callejón de “Los Soplados” o las zonas de tolerancia cercanas a los antiguos barrios de Analco, o la famosa calle “la 14”, eran el secreto a voces de una sociedad rígidamente moralista en las formas, pero flexible en las sombras.

El combate a la lujuria se encomendaba a la castidad, promovida fervorosamente por las cofradías marianas. Hoy en día, esa dualidad persiste: la Puebla que se escandaliza por las expresiones abiertas de la sexualidad es la misma que abarrota los centros nocturnos de la periferia.

Los siete pecados: soberbia y envidia

El pecado que la tradición teológica considera como la raíz de todos los males y que aparece en la Divina Comedia de Dante Alighieri en el fondo del abismo, es la soberbia. En el imaginario nacional, el poblano es a menudo estereotipado como “pipope”, una etiqueta que originalmente aludía a la prepotencia. Este rasgo cultural se conecta directamente con el orgullo de vivir en una ciudad de linaje noble y episcopal.

La soberbia poblana vive en la suntuosidad de sus templos, construidos para demostrar el poder de la Iglesia y familias acaudaladas de la época. Contra ella, la humildad ha sido la bandera de figuras locales místicas, como el beato Sebastián de Aparicio. Según la leyenda, el padre cambió sus riquezas por la vida de un sencillo fraile franciscano.

Por otro lado, el recelo social y la envidia, han tejido su propia red en la cultura local de Puebla. “Pueblo chico, infierno grande”, reza el dicho popular que refleja la vigilancia mutua y el malestar ante el éxito ajeno que se refleja en los ojos poblanos.

En la literatura y las crónicas de antaño, la envidia era el motor de los chismes de vecindad que arruinaban reputaciones en las plazas públicas. Su antídoto eclesiástico, la caridad, se manifestaba en las grandes obras de beneficencia que las señoras de la alta sociedad organizaban. A veces, irónicamente, para alimentar su propia soberbia.

Los pecados capitales en la cultura “pipope”

La ira y la avaricia completan el cuadro de las tensiones materiales de la entidad. La ira poblana ha quedado registrada en la historia de los motines coloniales, las huelgas textiles de las fábricas de San Alfonso o el descontento social moderno.

Es una furia que estalla cuando el orden conservador se fractura o cuando la realidad se altera en las calles de Puebla. Como cuando los ciudadanos terminan cayendo ante topes en las ciclovías que anteriormente no estaban ahí.

Frente a ella, la avaricia se hace presente en las leyendas de tesoros escondidos bajo los túneles secretos de la ciudad. Así como en la fama de los antiguos comerciantes del Parián o del pasaje Ayuntamiento, y acumuladores de fortunas coloniales que enterraron monedas de oro.

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Finalmente, la pereza encuentra una contradicción, pues Puebla como una potencia industrial y manufacturera, cae en la “pereza contemplativa”. Los poblanos dominan el arte de ver pasar la tarde en los portales del zócalo, tomando café durante horas mientras el sol se posa en los techos de las iglesias.

Dante Alighieri retrataba a los perezosos en su obra como almas que debían correr sin descanso. El poblano, por el contrario, defiende su derecho al reposo y a la plática pausada como un bálsamo contra el ajetreo moderno.

Las virtudes opuestas a cada pecado

Según la tradición católica, los siete pecados capitales tienen su contraparte, una virtud que la humanidad debe seguir para contrarrestar el mal:

  • Soberbia (Orgullo desmedido) | Humildad (Reconocimiento del ser)
  • Avaricia (Apego a lo material) | Generosidad (Compartir los bienes)
  • Lujuria (Deseo descontrolado) | Castidad (Pureza e integridad)
  • Ira (Furia y resentimiento) | Paciencia (Control del impulso)
  • Gula (Consumo desmedido) | Templanza (Moderación)
  • Envidia (Rencor por el bien ajeno) | Caridad (Amor y benevolencia)
  • Pereza (Apatía espiritual/física) | Diligencia (Prontitud y esfuerzo)

Redactora del portal Ángulo 7 para Nacional. Estudió la licenciatura de Literatura y Filosofía en la Universidad Iberoamericana de Puebla, también es cuentista originaria de la Sierra Norte de Puebla.