Los ciudadanos deben organizarse para proteger al Centro Histórico de Puebla, reconocido como patrimonio mundial, de la especulación inmobiliaria que afecta los edificios históricos, a través de su divulgación y la regulación de los usos del suelo.

Así lo manifestaron académicos, cronistas y arquitectos durante el coloquio “Puebla, a 37 años de su inscripción en la lista de patrimonio mundial: reflexiones y prospectivas hacia el V Centenario de la Fundación de la ciudad” realizado el pasado viernes y organizado por el colectivo Opción Ciudadana.

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Pablo Durán Guzmán, presidente del Colegio de Arquitectos Restauradores de Puebla, explicó que la especulación inmobiliaria es una estrategia de este sector para obtener fuertes ganancias, pero con prácticas no éticas. Entre ellas, comprar propiedades a un precio bajo, pero con conocimiento de que en la zona donde se encuentran realizarán obras públicas que aumentarán su valor.

Estas obras, en el caso del Centro Histórico de Puebla, son parte de programas urbanos orientados a promocionar solo la actividad turística, expuso Arturo Martínez Durán, vicepresidente del Colegio de Arquitectos del Valle de Puebla. Por ello, subrayó, en este territorio se deben regular los usos de suelo para que no se excluya el uso habitacional y se mantenga un equilibrio con el uso comercial y de servicios.

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Proteger al patrimonio de Puebla

Desde el auditorio de la Casa del Libro “Gilberto Bosques Saldívar” de la BUAP, Durán Guzmán resaltó la necesidad de conservar el legado histórico de Puebla. En ese sentido, reiteró que los ciudadanos y profesionales de disciplinas como la arquitectura e historia, tienen la “obligación moral” de proteger el patrimonio cultural.

En ese contexto, Durán Guzmán advirtió que “la voracidad inmobiliaria” provoca que en varios puntos del Centro Histórico se estén “saqueando” los edificios en riesgo de derrumbe. Acto que, acusó, es parte de una estrategia más de la especulación del valor del suelo, para que los inmuebles se adquieran “a precio de terreno” a costa del valor histórico del inmueble.

Ante esta situación, lamentó que no exista un grupo ciudadano que denuncie formalmente este tipo de actos e impulse propuestas para detener la especulación inmobiliaria. Insistió en que la sociedad civil es el contrapeso necesario ante los actos autoritarios como la autorización de obras faraónicas, sin factibilidad técnica ni beneficio social.

Alertó que estamos a 7 años para que la ciudad cumpla 500 años de su fundación en abril de 1531 y los gobiernos locales y estatales no tendrán la capacidad para responder a este tipo de desafíos.

Explicó que, para esa fecha, los tres niveles de gobierno tendrán apenas meses de haber iniciado su gestión, por ello, prevé que la política cultural para la conmemoración no tenga un alcance suficiente que atienda las problemáticas de Puebla.

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Divulgar los valores del patrimonio cultural de Puebla

El cronista y primer delegado del INAH en Puebla, Efraín Castro Gómez, resaltó la importancia de continuar investigando la historia de la ciudad desde los archivos. Añadió que esta labor debe de divulgarse en la sociedad para que los ciudadanos conozcan su cultura y reconozcan el origen de las tradiciones poblanos.

De acuerdo con Castro Gómez, es el conocimiento de la historia el que permite tomar buenas decisiones respecto a la gestión del patrimonio cultural.

Con su postura coincidió José Luis Naval Cid de León, escritor y divulgador cultural, quien resaltó que, desde los últimos 40 años, la cultura se comenzó a valorar solo por su importancia económica. Situación que, consideró, llevó a que las políticas públicas del Centro Histórico solo buscarán promover el turismo en masa.

Explicó que los daños de este tipo de turismo se pueden revertir a través de una adecuada divulgación del patrimonio cultural que vaya más de los edificios y se respeten expresiones como las fiestas patronales y la comida tradicional de los barrios.

Así fue la inscripción de Puebla en la Unesco

El investigador emérito, Ambrosio Escamilla Guzmán, rememoró la labor que realizó en 1987 para presentar el expediente de Puebla ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

Recordó que a esta inscripción la antecedió, en 1977, la catalogación de los edificios que conforman la zona de monumentos, durante el gobierno del expresidente José López Portillo. Esta fue la base para que el entonces rector de la BUAP, Alfonso Vélez Pliego, iniciara el proyecto del Barrio Universitario, restaurando varios edificios en mal estado arquitectónico para el uso de la universidad.

Con estos antecedentes, explicó el también exdirector del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), fue que se logró el 11 de diciembre de 1897, la inscripción de la zona de monumentos de Puebla, conocida como Centro Histórico, en la lista de patrimonio mundial de Unesco.

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