Dos asuntos coincidieron en esta semana en torno a la figura presidencial y a la frustrada capacidad de ejercer la justicia en México.

Ni siquiera la detención de Emilio Lozoya y la posibilidad de involucrar a sus jefes, Luis Videgaray y Enrique Peña Nieto, pudieron opacar los hechos que a los mexicanos les interesaron más.

La detención y vuelta a poner en libertad, dos veces, del líder de la Unión Tepito, Óscar Andrés Flores Ramírez, «El Lunares», y su recaptura por tercera ocasión por homicidio, en medio de un galimatías donde están involucrados jueces y agentes de la fiscalía, ha dejado al gobierno de Claudia Sheinbaum en ridículo, y pegarle a la Jefa de Gobierno de CdMx, es pegarle al presidente del país.

El hecho fue superado inmediatamente por el caso del feminicidio de Ingrid Escamilla Vargas, la poblana originaria de Necaxa, víctima de su pareja, recriminizada con la exhibición de los restos de su cadáver en medio de una política de la imposición del periodismo amarillista de épocas que se pensaban superadas en México.

El feminicidio de Ingrid se globalizó, la noticia trascendió, las críticas a la divulgación de imágenes y videos del caso salieron y regresaron a los espacios más importantes del mundo. México se colocó en la mira de quienes persiguen el feminicidio.

Y ¿qué hizo el gobierno?, ¿qué hizo la Fiscalía?

Gertz Manero presentó una iniciativa para eliminar algunas de las 7 causales para integrar el delito del feminicidio, consideró que algunas eran inútiles, y que bastaba con perseguir a responsables de homicidios, fueran o no de mujeres, tuvieran o no las causales establecidas por la ley.

En su tradicional «Mañanera» el Presidente fue presa del tema, se molestó cuando una de las reporteras le preguntó del asunto, que no correspondía a la agenda que el mandatario pretendía imponer. Su postura sólo sirvió para alterar más a los defensores de las mujeres. Tanto que hubo de despedir la conferencia con una especie de disculpa, bajo la advertencia de que no era el tema.

Pero la ola de protestas siguió creciendo. Organizaciones con el común denominador del anti feminicidio y la exigencia de aumentar la seguridad y combatir la impunidad, empezaron a convocar a una marcha rumbo a Palacio Nacional.

Y lo hicieron. Y mientras escribían sus protestas en la puerta del Palacio y levantaban pancartas, el Presidente intentaba marcar la agenda del día en su «Mañanera» y cerró con su decálogo, su credo en torno a la mujer y en contra del machismo.

Pero no fue suficiente. Más del 98 por ciento de los crímenes contra las mujeres queda impune, de ahí que las feministas, las mujeres que protestan por los feminicidios, marcaron agenda, trascendieron, en un escenario que otros grupos de inconformes a la política de la 4T no han conseguido.

Y eso hace pensar que la agenda presidencia ha sido vulnerada.

O por lo menos, así me lo parece.

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Video en: https://youtu.be/rw1nm4zcGQc

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