Primera parte

En 1947, un grupo de científicos de la Universidad de Chicago creó el famoso Doomsday Clock, o como se le conoce en países de habla hispana, el Reloj del Apocalipsis. Se trata de un reloj cuyas manecillas se acercan a la media noche cada vez que los acontecimientos mundiales aumentan el riesgo de extinción de nuestra especie. Las 12 de la noche simboliza la hora cero, la llegada del día en que la humanidad estará condenada a desaparecer.

Conscientes del poder devastador de la bomba atómica sobre la humanidad y el planeta, los científicos utilizaron el símil de cuenta regresiva (como la de un dispositivo explosivo) para evocar qué tan cerca estaba la humanidad de una guerra nuclear. Su objetivo era alertar a los líderes mundiales a tomar las medidas y acciones necesarias para evitar un desenlace devastador.

En 1947 el reloj marcaba 7 minutos antes de las 12 y sólo consideraba dos amenazas contra la humanidad: una posible conflagración nuclear y la destrucción del medio ambiente. En 2020, el reloj marca 100 segundos (es decir, 1 minuto y 40 segundos) antes del Apocalipsis. Lo que significa que en 73 años, nunca habíamos estado tan cerca de destruir el mundo.

En 1953, el reloj marcó 2 minutos antes del Apocalipsis. Siete años después, en 1960, el reloj regresó a 7 minutos. En 1963 el reloj marcó 12 minutos antes de la hora cero, sin embargo, en 1984 bajó a 3 minutos justo en la época más álgida de la llamada Guerra Fría. En 1991, el reloj marcó 17 minutos antes de las 12. Desde entonces a la fecha, la hora ha venido disminuyendo sistemáticamente hasta llegar a menos de dos minutos (a 100 segundos) del fin.

Actualmente, la decisión de adelantar, atrasar o mantener la hora del reloj está en manos del Consejo de Ciencia y Seguridad del Boletín de Científicos Atómicos, en el que colaboran 13 premios Nobel.

En el Boletín de este año, los Científicos Atómicos argumentan que, derivado de la crisis climática, los enfrentamientos internacionales, la escasez de recursos y, sobre todo, de la presencia de una suerte de ciberguerra, que “socava la capacidad de respuesta de la sociedad”, la humanidad presenta un mayor riesgo de autodestrucción.

En el terreno nuclear, el informe alerta que diversos líderes mundiales han dado por terminado o han debilitado una cantidad importante de tratados y negociaciones sobre control de armas de destrucción masiva. Lo que se ha expresado en el inicio de una nueva carrera armamentista, así como en la proliferación de armas nucleares.

Los conflictos políticos relativos a los programas nucleares de Irán y Corea del Norte, señala el reporte, permanecen sin resolverse, incluso se ha agravado; mientras que la cooperación entre EU y Rusia en materia de control de armas es inexistente.

En el terreno de la crisis climática, el reporte indica que durante el año que se informa, las acciones de los gobiernos contra el cambio climático se han quedado cortas si se toman en cuenta las claras manifestaciones de este fenómeno como, por ejemplo, el hecho de que el año pasado fue el más caluroso del que se tenga registro, con su consecuente ola de incendios forestales y derretimiento glaciar.

Finalmente, en el terreno de la llamada ciberguerra, el reporte señala que la continua corrupción de la información de la cual dependen la democracia y la toma de decisiones públicas, ha multiplicado la amenaza nuclear y climática. Durante el último año diversos gobiernos utilizaron la desinformación con el objetivo de generar desconfianza institucional e internacional, debilitando los esfuerzos domésticos y mundiales para impulsar la paz y proteger al planeta.

El mensaje plasmado en el Boletín de Científicos Nucleares es muy claro: hemos llegado a un estado de emergencia que demanda acciones inmediatas de parte de los líderes globales.

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