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Renuncia de Otálora por caso Puebla y los venezolanos contra Maduro

¿Estamos en guerra?

Raymundo Riva Palacio en su columna Estrictamente Personal, publicada en El Financiero, indica que el formato de una conferencia de prensa donde diariamente habla con su tono monótono y largas pausas, acompañadas de su discurso descontextualizado y con medias abstracciones, impidió dar total dimensión a lo que dijo el presidente Andrés Manuel López Obrador, el martes pasado. El gobierno, como lo describió, está en guerra contra el crimen organizado. Lo dejó ver al revelar que el lunes hubo sabotajes a la mayoría de los ductos de Pemex, que lograron ser neutralizados por la rápida acción de los trabajadores de Pemex. ¿Qué significa esto?

En primer lugar, si existió un ataque a todos los ductos en el país, plantear que hubo una acción coordinada de los cárteles mexicanos, que están involucrados en el robo de combustible, es más que una conjetura. Es cierto que pudo haberse tratado de una coincidencia, pero dada la escala del ataque que se sufrió, en el contexto en el que suman días de sabotajes salteados en el centro del país, la hipótesis de una embestida concertada habría que revisarla. En segundo lugar, si los trabajadores de Pemex actuaron rápidamente para neutralizar los sabotajes, significa que se encuentran en estado de alerta máxima, pues, de otra forma, no podrían haber reaccionado con la prontitud suficiente para impedir el sabotaje. Los trabajadores de Pemex no están actuando solos, cuentan con el respaldo y la protección permanente del Ejército y la Policía Federal.

La falta de información tras lo que dice el presidente no permite tener en cierto nada, salvo trazar las líneas generales de lo que está sucediendo en este país, donde la cruzada contra el huachicol, que afecta un negocio que el año pasado generó siete millones de dólares por hora –seis veces más que el intercambio comercial fronterizo entre México y Estados Unidos–, ha generado reacciones. Pero precisamente en este punto es donde se necesitan clarificaciones, porque hay contradicciones entre lo que dice el presidente y la dialéctica de los cárteles de la droga, que tienen en el huachicol un redituable negocio alterno.

En primer lugar, la alianza que sugiere la afirmación del ataque en un solo día a “la mayoría” de los ductos de Pemex. Esto revelaría que los enemigos a muerte, que están librando batallas en varias plazas del país, Los Zetas y el Cártel Jalisco Nueva Generación, los que más intereses tienen en ese delito, negociaron una tregua para enfrentar la cruzada antihuachicolera lanzada por López Obrador. No hay ningún indicio, sin embargo, de que esto pueda ser cierto, que revelaría una mente más política que criminal. En todo caso, esto lleva al segundo punto, que es el estado de alerta en todas las instalaciones estratégicas de Pemex.

Describir someramente la alerta nacional para proteger ductos e instalaciones estratégicas de ellos, es un contrasentido. Por definición, el mejor ecosistema en el que se desenvuelven los cárteles es el estable, sin violencia, para que puedan realizar su negocio sin alteraciones ni afectaciones. Ningún cártel calienta su propia plaza, porque sería suicida para sus operaciones. Si los sabotajes fueron a “la mayoría” de los ductos, ¿por qué Los Zetas y el Cártel Jalisco Nueva Generación pudieron haber decidido ir en contra de sus propios intereses?

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México, en el lado incorrecto de la historia

Leo Zuckermann en su columna Juegos de poder, publicada en Excélsior, señala que nadie, en sus cinco sentidos, puede defender las intervenciones imperialistas de Estados Unidos en América Latina en el pasado. En el siglo XIX, vinieron a conquistar militarmente a México para quedarse con la mitad de su territorio nacional. Si no se quedaron con todo fue por su racismo: no querían recibir a una población predominantemente mestiza y católica, por lo que sólo se apropiaron del territorio despoblado. Ni qué decir de sus injerencias para apoyar golpes de Estado, por ejemplo en México (1913), Guatemala (1954) o Chile (1973).

A los latinoamericanos no nos gusta nadita cuando Estados Unidos moviliza su poder para derrocar gobiernos en la región. Eso la sabe, y bien, Nicolás Maduro de Venezuela. Por eso, ni tardo ni perezoso, cuando el presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, juramentó ayer como presidente encargado del país, desconociendo al gobierno de Maduro, éste le echó la culpa a Estados Unidos y rompió relaciones diplomáticas con ellos.

Es cierto que Estados Unidos fue uno de los primeros países en reconocer al gobierno de Guaidó. Es cierto que el secretario de Estado estadunidense, Mike Pompeo, solicitó a los militares venezolanos apoyar los esfuerzos para restaurar la democracia en ese país. Es cierto que un “alto funcionario” de la Casa Blanca declaró que si Maduro elegía la ruta de la violencia, ellos tenían “muchas otras opciones”. ¿Estamos, entonces, frente a otra intervención torpe e imperialista de Estados Unidos?

No lo creo y explico por qué. Para empezar, porque al presidente Trump le vale un pepino el mundo. Es un político en la vieja tradición del aislacionismo estadunidense. Ni entiende ni le interesa lo que está sucediendo en el sur del continente. Si por él fuera, que los venezolanos se pudran con su dictador. Si quiere retirar las tropas de su país en Siria, donde Estados Unidos tiene intereses económicos, militares y políticos muy importantes, ya parece que va a mandar a los marines a remover a un dictadorzuelo sudamericano.

Ahora bien, es indudable que en Estados Unidos (en el Congreso, en el Departamento de Estado y en Wall Street) sí hay intereses para remover a Maduro. Me imagino que han de haber convencido a Trump, quien le habrá dedicado, en el mejor de los casos, cinco minutos a este asunto.

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López Obrador como López Mateos

Joaquín López-Dóriga en su columna En Privado, publicada en Milenio, indica que el sarcasmo no es para pendejos. Florestán

La crisis de Venezuela podría llevar al gobierno de México a una situación de presiones similares a las que sufrió el presidente Adolfo López Mateos (1958-64) cuando hace 58 años, en plena guerra fría, se negó a votar la expulsión de Cuba de la OEA y mantuvo las relaciones diplomáticas con La Habana de Fidel Castro.

Siguiendo los dictados de Washington, la OEA sesionó en Punta del Este, Uruguay, y el 31 de enero de 1961 concluyó la incompatibilidad de los principios del totalitarismo comunista de la Unión Soviética y China con los del sistema interamericano y por 14 votos a favor de los 21 asistentes expulsó a Cuba. Se abstuvieron Argentina, Bolivia, Brasil, Chile y Ecuador. Votaron en contra la misma Cuba y México.

El presidente López Mateos invocó los principios de la política exterior de México: la no intervención en asuntos de otros países y la libre autodeterminación de los pueblos, ejes de la Doctrina Estrada.

Vinieron las presiones de Washington y de las fuerzas conservadoras de México, pero López Mateos se sostuvo. Su decisión trascendió la historia y los tiempos y se han mantenido las relaciones diplomáticas con La Habana con todos los gobiernos priistas, panistas y ahora con el de López Obrador.

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La ruta de Villamil y la “clase media jodida”

La columna Bajo Reserva, publicada en El Universal, señala que con un trato rudo, e incluso intimidatorio, el presidente del Sistema Público de Radiodifusión (SPR), Armando Carrillo Lavat, fue prácticamente obligado a renunciar al cargo que debía ocupar hasta el mes de octubre, nos comentan. Don Armando, nos relatan, fue convocado a Palacio Nacional y luego de darse cuenta de que iban por su puesto a cualquier costo, acabó por decir que él no opondría resistencia y firmó su renuncia. Ayer mismo se anunció la designación al frente del SPR del periodista y analista en materia de medios de comunicación Jenaro Villamil, quien a solo unos minutos de ser designado por el presidente Andrés Manuel López Obrador, se convirtió en tendencia en redes y medios tradicionales al asegurar que su gestión en el SPR tiene el objetivo de lograr una coordinación plena… que le apueste a la inteligencia de las audiencias. Ya no más una televisión para una clase media jodida, que no va a salir de jodida, “como dijo un clásico”. ¿Es decir que la apuesta anterior era por audiencias no inteligentes y que la televisión pública se hacía para una clase media jodida? Vaya raspón que el nuevo funcionario público le dio a los medios públicos anteriores a la Cuarta Transformación.

Puebla: el desgaste político de Otálora

La renuncia de la magistrada Janine Otálora a la presidencia del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación no sorprendió a quienes se encuentran cerca de la justicia electoral del país, nos dicen. Una consulta a varios consejeros del Instituto Nacional Electoral y a miembros del Poder Judicial arrojó una coincidencia: la dimisión es producto del expediente Puebla. Primero la confrontación al interior del pleno de la Sala Superior por avalar el triunfo del PAN en la entidad. Después, tras la trágica muerte de la gobernadora y su esposo, la designación de un gobernador interino empujado por Morena con el apoyo del PRI. Y, como colofón, las elecciones extraordinarias que vendrán, que se anticipa serán complicadas. Más allá del caso poblano, al interior del tribunal quedó en el ambiente la denuncia pública del magistrado José Luis Vargas, quien dijo contar con material probatorio que apuntaba a irregularidades de su compañera Otálora. En ese camino, nos comentan, la magistrada prefirió dejar la presidencia para que posteriormente se votara, en unanimidad, por Felipe Fuentes Barrera.

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La columna Trascendió, publicada en Milenio, indica que el videomensaje del vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, llamando a los venezolanos a protestar contra Nicolás Maduro, y la auto proclamación ayer del líder cameral, Juan Guaidó, como “presidente interino”, revivieron una toma de posiciones propia de la guerra fría.

Con excepción de México, Bolivia, Cuba y Uruguay, los líderes de América y el de la OEA cerraron filas contra el gobernante chavista, quien tuvo el respaldo inequívoco del ruso Vladímir Putin y el turco Tayyip Erdoğan, mientras que la Unión Europea se mantuvo neutral.

Anoche, por lo pronto, ya había 13 muertos y como en aquellos años, es previsible que los militares definan para dónde se inclinirá la balanza.

QUE mientras los nuevos funcionarios de medios de comunicación oficial dicen que no habrá mordaza en este sexenio, parece que la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, no ha entendido el mensaje, pues ayer dijo en el Senado que por instrucciones del Presidente no puede hablar del tema de la corrupción en Pemex, excepto en la conferencias mañaneras, como se supone sucederá hoy. A ver.

QUE después de las diferencias entre el grupo de Morena y banqueros por la Ley de Instituciones de Crédito, que propone disminuir las comisiones, el líder de ese partido en el Senado, Ricardo Monreal, ya prepara un libro en el que argumenta por qué se debe hacer la modificación.

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