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Sueldos de bofetada

“Si despreciamos a nuestros policías, cómo podemos pedirles que enfrenten con hombría, con valentía a los delincuentes. Y, aun así, muchos lo hacen, con esos sueldos dan la vida, dan la vida por los ciudadanos”, en palabras del Comisionado Nacional de Seguridad y otras nacidas entre las filas policiales:

“Si, hijo mío: soy policía

Soy policía, mi trabajo es muy modesto –tú lo sabes– pero dentro de su modestia tiene muchas satisfacciones, somos ‘los malos’ de la sociedad que tanto nos sentimos importantes cuando salvamos una vida, protegemos a un inocente o detenemos a un criminal, estas son satisfacciones que en otro trabajo no se tienen, nuestra profesión es ingrata, todos nos arrojan piedras y nos dicen insultos cuando cumplimos con nuestro deber, porque todos quieren que la ley se cumpla, sólo para los demás, no para ellos.

La gente nos humilla cuando nos ofrece dádiva para que no cumplamos con nuestro deber y si la aceptamos nos dicen “corruptos”, tu sabes hijo, que cuando salgo de la casa no sé si volveré a verte porque nuestro trabajo es de riesgo constante en el que va de por medio la vida misma: así es, a veces tenemos que morir defendiendo la vida y propiedad ajena de alguien a quien no conocemos, mientras tú me esperas inútilmente para darme ese beso que a diario me das de bienvenida y entonces, hijo, me duele decírtelo: ya no volverás a verme porque habré entregado mi vida por esta ingrata sociedad que tanto nos exige y nada nos da.

Si a veces no te veo, es porque en este trabajo no tenemos horario; sí, es cierto, trabajamos 12 horas, pero es sólo cuando se puede, pues a veces por necesidad debemos quedarnos más tiempo del horario. Lo siento hijo, nosotros no sabemos decir no cuando alguien nos necesita para su seguridad, porque es cierto que cuando los demás descansan, nosotros estamos de pie vigilando.

Cuánto quisiera poder estar a tu lado vigilando tu sueño, viéndote crecer, sonriendo contigo, pero confórmate (porque no hay otro remedio) con vernos de vez en cuando; de todas maneras yo siempre estoy contigo pensando en ti, porque nunca te olvido. Ahora también yo estudio para ser mejor policía; y lucho como mis compañeros porque tú y otros niños, jóvenes y adultos puedan caminar por las calles con tranquilidad, llegar a la escuela o trabajo libres de sobresaltos y de miedo, porque para eso estoy aquí y por eso ‘soy policía’, no importa que todos nos ataquen y que la gente nos acuse por no dejarnos golpear o matar.

Si tú supieras, hijo, con qué clase de gente nos enfrentamos diariamente. Drogadictos, ebrios, influyentes, asesinos, todos ellos irrespetuosos y agresivos y nosotros tenemos que tratarlos como si fueran gente decente; de veras, esto es lo que más nos lastima, que no entiendan que nosotros también somos seres humanos y que nos duelen los insultos y las agresiones. Y además, que crean que estamos obligados a aguantar todo porque somos policías.

Hijo, quiero que comprendas que porque soy policía, no puedo atenderte como mereces, pero ten por seguro que sabré dejarte como herencia: mi honor, mi orgullo y mi dignidad”.

@EGAnguiano
1 de marzo de 2018

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la línea editorial del portal de noticias Ángulo 7.

Sobre Eduardo García Anguiano

Eduardo García Anguiano
Eduardo García Anguiano * Sociólogo y Maestro en Administración Pública. Ha laborado en el gobierno federal y en gobiernos locales en áreas de gobierno y seguridad. Ha sido profesor en la Universidad de las Américas y del Instituto Técnico de Formación Policial del DF. Actualmente es profesor de Maestría en Seguridad Pública.
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