Luego de que activistas evidenciaron un río de lixiviados proveniente del relleno sanitario “El Chiltepeque”, en Santo Tomás Chautla, la empresa RESA optó por ocultar los escurrimientos contaminantes en lugar de contenerlos como la concesión los obliga.
Estos líquidos tóxicos se dirigen hacia la barranca del mismo nombre, continúan por la barranca del Muerto y finalmente llegan al río Alseseca, que desemboca en la presa de Valsequillo.
Ángulo 7 constató los hechos mediante un recorrido por las inmediaciones del basurero, la ruta inició en el mismo punto que el pasado 13 de abril visitaron el colectivo “Yo Seré Tu Voz” y pobladores de Santo Tomás Chautla. Ellos realizaron una transmisión en vivo para solicitar a la Profepa una inspección en la zona.
Los habitantes que nos acompañaron buscaban mostrar las lagunas de lixiviados. Por ello, ingresamos por una de las barrancas ubicadas detrás del basurero. Sin embargo, ya no encontramos dichas lagunas en el relleno de Chiltepeque, trabajadores de la empresa concesionaria RESA las ocultaron.
De camino hacia el relleno “El Chiltepeque”
Para llegar, descendimos primero por una barranca que ya tiene un pequeño sendero abierto por los propios pobladores de Santo Tomás Chautla. Ellos visitan constantemente el lugar debido a su preocupación por las afectaciones ambientales que podría estar causando este relleno sanitario.
Al llegar al cauce de lixiviados (por donde solo debería correr agua en temporadas fuertes de lluvia), el olor ya comenzaba a ser penetrante, pues el basurero se encuentra a escasos metros.
El camino sobre el cauce no está despejado: al arrastrar los lixiviados del relleno, también arrastra residuos producto de una vida regida por el consumo en masa: botes de leche, envolturas de comida chatarra, bolsas, botellas de refresco, textiles y utensilios desechables.

Estos desechos nunca más tendrán utilidad y permanecerán ahí, contaminando. Algunos de ellos, principalmente plásticos, tardan cientos de años en desintegrarse.
Charcos de lixiviados en relleno de Chiltepeque, ocultas por RESA
Esta reportera siguió el cauce en sentido contrario a donde emanan las aguas contaminadas. Los pobladores nos indicaron que apenas hace seis días transitaron por ahí y fue muy complicado debido a los charcos de lixiviados.
En el recorrido actual, esos charcos ya estaban cubiertos, ocultos. La mano de los trabajadores de RESA intervino: se observa cómo las orillas del camino fueron rastrillados con palas para que la tierra pudiera esconder los charcos de lixiviados, en lugar de contener los escurrimientos.

Sin embargo, su trabajo no fue suficiente, el suelo está húmedo y exhala un olor fétido. No solo a descomposición de basura (lo cual sería natural en un relleno sanitario), sino un hedor que lastima la nariz.
El olor es ácido y el color que dejan en el suelo es café oscuro, como óxido. Incluso la pisada se hunde al caminar.
Fauna y vegetación que se aferra a la vida
Los riachuelos del estado de Puebla suelen estar rodeados de árboles verdes de todos los tamaños. Incluso a las orillas del río Atoyac y el Alseseca (cuyas aguas son de drenajes) los árboles se ven vivos. No obstante, los árboles de la barranca de “El Chiltepeque” están secos, muertos.
La vegetación que aún rodea el lugar se aferra a la vida, al igual que la fauna: jaurías de perros deambulan por la zona, aunque también hay algunos ya muertos. Los pobladores atribuyen esto a que los animales pasan el día comiendo basura y bebiendo de los charcos de lixiviados.

Al llegar a la cerca que divide el basurero de la barranca, los pobladores mostraron cómo el canal de acceso ahora está cerrado con puertas y una malla negra. Cabe decir, que este fue el mismo visitado por la Profepa el pasado 3 de febrero, que fue tapado con tierra por RESA para ocultar la acumulación de lixiviados que salen del relleno de Chiltepeque y desembocan en la barranca.
Sin embargo, se observan también mangueras negras que provienen del basurero. El olor es insoportable al acercarse. Intentar mirar hacia adentro o tomar una fotografía sin protección para el olfato es imposible, pues el aire incluso lastima.

También se ven los drenes (canales por donde sale el agua que, cuando llueve, se desborda de las montañas de basura). Algunos están tapados por residuos y otros permanecen húmedos por las recientes lluvias.

Lagunas de lixiviados expuestos
El recorrido no termina ahí, cuesta arriba, los pobladores nos dirigen hacia la zona donde el riachuelo de lixiviados fluye desde las montañas de basura, de color negro, como si fuera petróleo. Uno de los guías informó que eso no debería ocurrir, pues una geomembrana debería contener los lixiviados para evitar que se filtren.
Al llegar a la parte alta del cerro, se tiene una vista panorámica del basurero: una montaña de residuos parcialmente cubierta por tierra, pero donde aún predominan toneladas de basura sin cubrir.

Ángulo 7 documentó en una nota previa la existencia de lagunas de lixiviados dentro del relleno sanitario, con aproximadamente cuatro metros de profundidad y más de 20 metros de radio. En el actual recorrido fuimos testigos de que esas lagunas se ven a lo lejos, están a tope y sobre ellas pasan torres de alta tensión.
Torres de alta tensión
Daniel Keller, integrante de “Yo Seré Tu Voz”, había advertido que esas torres transgreden los reglamentos de protección civil. Incluso el propio secretario de Gobernación, Francisco “Franco” González en una rueda de prensa señaló que representan un peligro, por lo que buscarán acercamiento con la Comisión Federal de Electricidad (CFE) para evaluar posibles cambios.
A lo lejos se ven otras jaurías de perros que caminan en manada. Detrás del relleno asoman tierras de cultivo y algunos lirios que aún sobreviven. A unos metros de ahí, el aire ya no se siente tan pesado y la zona es verde: un contraste significativo con las montañas de basura.
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