Con motivo de la renovación del “Fuego Nuevo” en el cerro Teotón, tres doncellas nahuas encumbraron sus antorchas durante esta ceremonia prehispánica para invocar salud, lluvias y buenas cosechas desde este sitio sagrado. Ubicado en el pueblo originario de San Pedro Yancuitlalpan, a 28 kilómetros del volcán Popocatépetl.
Desde el México antiguo hasta ahora, las doncellas nahuas son consideradas encarnaciones terrenales de la vida, la pureza y el sustento agrícola. Son un pilar de la cosmovisión mesoamericana para renovar el Fuego Nuevo, propiciando un ciclo nuevo, que tiene que surgir sólo porque entonces podrá salir de nuevo el Sol.
Lo primero que hacían los habitantes era apagar el fuego viejo. Toda la comunidad apagaba sus hogueras y dejaban que se enfriaran sus casas. Con ello, se preparan desde un poco antes para cambiar todas sus pertenencias. Renovaban sus ropas, los muebles y otros vienen materiales; un ciclo nuevo, una nueva vida.

Reviven ceremonia prehispánica en las faldas del volcán Popocatépetl
Actualmente, esta ceremonia prehispánica se revivió el domingo 24 de mayo a las 21 horas. El peregrinaje estuvo encabezado por las doncellas nahuas para arribar el cerro Teotón. Además, participaron yancuitlalpenses y habitantes de los estados colindantes de Puebla por las principales calles de esta localidad, perteneciente a San Nicolás de los Ranchos.
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Una vez congregados en el punto de reunión, el Museo de sitio de San Pedro Yancuitlalpan fue testigo de la inauguración de la ceremonia prehispánica, encabezada por tres doncellas nahuas. Además, participaron ocho mujeres y dos hombres danzantes para invocar un buen temporal de lluvias, cosechas y salud durante el año.
Las tres doncellas nahuas sostenían las antorchas y eran sahumadas por los danzantes, como símbolo de respeto y representando la pureza para ofrendar a los Dioses, previo arribar al cerro Teotón. Trinaban el caracol y elevaban sus cánticos al sol, la luna y al tigre.

Decenas de espectadores observaban solemnemente el ceremonial, sus miradas expresaban júbilo, audacía y respeto por esta renovación ancestral, marcando el inicio de un nuevo ciclo.
Fuego Nuevo en el cerro Teotón congrega a estados colindantes de Puebla
Al concluir este preámbulo, las tres doncellas nahuas bajo la luz de la luna continuaron guiando el último 1.9 kilómetro del peregrinaje para encumbrar en el cerro Teotón. Participó el pueblo de San Pedro Yancuitlalpan y pobladores de los estados de México, Puebla, Tlaxcala, Morelos e Hidalgo.
Una vez que las tres doncellas nahuas encumbraron en el cerro Teotón, cuyo significado en náhuatl es “Dios Divino”, iluminaron con el Fuego Nuevo los cuatro puntos cardinales del sitio sagrado.
Los danzantes colocaron la ofrenda. Había semillas de maíz y frijol, rodeadas de pétalos rojos y carbón aceitado sobre un molcajete de piedra volcánica del Popocatépetl, ubicad0 a 28 kilómetros de cerro Teotón.
Asimismo, los danzantes ajustaron sus penachos, ayoyotes (cascabeles) en los tobillos y alguna prenda de su atuendo blanco. Estaba compuesto por una camisa, pantalón y/o falda de manta con bordados de chaquira y lentejuela.
En punto de la medianoche del 25 de mayo, el danzante principal comenzó a tocar el huehuetl, (tambor prehispánico de madera cubierto con un parche de piel), en armonía con la percusión de los ayoyotes (cascabeles) de los bailarines. Después de 10 minutos de alternancia de ritmos, hacían de la ceremonia del Fuego Nuevo una perceptible solemnidad y éxtasis en el cerro Teotón. Mientras la cohetería hacía efusivo el acto ceremonial.




