Desde hace años vivimos tiempos convulsos a nivel mundial que han dejado huella en la memoria de las personas. Y no solo en la memoria, sino también en su economía, afectando diversos sectores productivos, entre ellos el del campo y aquellos relacionados con la seguridad alimentaria.

Ya para 2025, la FAO señalaba en su reporte sobre el estado de la seguridad alimentaria y la nutrición (SOFI 2025) que el mundo “ha experimentado un aumento dramático en los precios de los alimentos impulsado por una combinación de choques globales sin precedentes, incluida la pandemia de COVID-19 y la guerra en Ucrania siendo que “el periodo 2020-2024 marcó un agudo incremento en los precios de los alimentos solo comparable con la crisis de los años setenta”.

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Este reporte publicado en 2025 no contemplaba los abruptos cortes de petróleo derivados por la actual guerra estadounidense-israelí contra la república de Irán, la cual ha acarreado el alza (nuevamente) en fertilizantes y combustibles como el diésel, sin el cual la maquinaria agrícola de todo el mundo podría detenerse.

Pero vayamos por pasos y desmenuzando este gran shock. Recordemos que el suministro de fertilizantes por los grandes proveedores mundiales aún no se ha restaurado del todo desde la guerra en Ucrania de 2022, año en el cual fertilizantes como la urea aumentaron drásticamente. La urea es el fertilizante sintético más ampliamente usado en México, por ello tiene una gran relevancia en la producción nacional de granos.

Estadios seguros

Adicionalmente a los altos costes del diésel y la urea, se suma a la lista los bajísimos precios del maíz. En regiones del centro de México, como Tlaxcala, los precios rondan los $4,000 pesos por tonelada, dejando al pequeño y mediano productor a merced de los acaparadores y sin ningún incentivo para la producción de este grano vital para la alimentación mexicana.

¿Por qué el precio del maíz está tan bajo?

A pesar de los programas que el gobierno federal y gobiernos estatales han hecho para imponer precios base, el mercado no ha sido regulado y con ello el descontento de los productores ha crecido notablemente este último año, llegando a cerrar carreteras, imponer bloqueos y amanecer con paralizar las principales vías de transporte.

Aquí la pregunta es, ¿por qué el precio del maíz está tan bajo? ¿acaso la producción nacional fue extremadamente buena para que la oferta fuera tan alta y los precios se desplomarán?

Según el Programa Agroalimentario 2025: fortaleciendo la estadística agroalimentaria desde la raíz, la producción de maíz blanco se redujo en un 11.7% de 2023 a 2024, por su parte, para el maíz amarillo la reducción fue del 11.4% en el mismo periodo. En 2025 se registró nuevamente una ligera caída del 1.1% para el maíz blanco, principalmente generada por la sequía en Sinaloa, estado que encabeza la producción de este cereal.

Pero las cosas no son tan simples como quisiéramos, y nos obligan a abrir otra vez el panorama para explicar los precios tan bajos. Si bien la producción nacional no aumentó, la producción global sí que lo está haciendo. De acuerdo con el más reciente informe del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA), la producción mundial de maíz para el ciclo comercial 25/26 alcanzará los 1,265.9 millones de toneladas, lo que representa un incremento del 3.9% respecto al ciclo anterior. Esto sumado a los inventarios globales acumulados de ciclos anteriores acumulan ya 275.2 millones de toneladas, tenderán a presionar los precios a la baja.

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Aquí el gran culpable de los precios tan bajos y poco atractivos para el productor, la importación del maíz

Datos del portal de Economía del Gobierno Federal indican que, para noviembre de 2025, las importaciones alcanzaron los 502 millones de dólares, según estadísticas de Cinta de Aduanas, de las cuales, hasta un 99.6% provienen de Estados Unidos.

Para 2026, tan solo en los dos primeros meses del año, Estados Unidos exportó a México 3 millones 952 mil 249 toneladas de maíz, la mayor parte amarillo y transgénico, una cantidad sin precedente para un periodo similar. 

Es cuando vale la pena preguntarse, si una política de importación masiva de maíz deja bien parado al productor nacional. La respuesta es no, ya que como se explica arriba los precios tenderán a caer y el impacto en el productor podría ser no solo para un ciclo, sino incluso trascender por dos o más. Lo anterior se da ya que un pequeño y mediano productor deben financiar el siguiente ciclo con la venta de su cosecha, pero si los precios son tan bajos quedan con muy poco margen. Esto a su vez fomenta otra de las grandes problemáticas del campo, su abandono, creando una espiral cada vez mayor de dependencia hacia el maíz importado.

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Liberando la presión al campo

Aunque el panorama es complejo, debemos seguir explorando alternativas que incentiven ya no solo mayores productividades del campo, sino también el asegurar precios rentables, no hablemos de justos porque estamos muy lejos, pero si rentables para el campo.

México ya no es el México tercermundista de los años 90s o inicio de los 2000. El Banco Mundial situó a México como la 13° potencia económica y datos del mismo organismo indican que para la métrica de ingreso nacional bruto per cápita ajustado por el poder de paridad adquisitivo (INB per cápita PPA en dólares internacionales actuales), la cual se usa para medir la riqueza y el estándar de vida, ajustándose por inflación y paridad de poder adquisitivo, en México se tuvo un aumento de prácticamente el 25% en un lapso de 4 años (2020-2024), algo no registrado anteriormente en las estadísticas del Banco Mundial.

Lo anterior debería permitir que el consumidor promedio pueda elegir mejor sus alimentos y su origen, dando preferencia a aquellos producidos por agricultores mexicanos. Esa es todavía una batalla cultural que hay que dar y en donde si bien hay avances y esfuerzos, aún falta mucho para posicionar de forma generalizada los productos del campo mexicano.

Cadenas de tiendas de productos alternativos, asociación con mercados locales y regionales, transformación del producto, por ejemplo, a tortilla que es uno de las transformaciones principales para el maíz, son opciones que se deben llevar a cabo para liberar presión en el campo mexicano, el cual es un sector estratégico para el país. Si no nos damos a la tarea de avanzar en estos aspectos el día de mañana México dependerá completamente del maíz producido por otros países y con ello perderá gran parte de su seguridad alimentaria.

¿Por qué de la columna “Titichsi”?

La columna “Titichsi” es un intento por dar a conocer una mirada híbrida del campo al conjuntar detalles que voy recogiendo de las mismas parcelas, productores, campesinos, formas de conocer y conducir el campo, dándole una proyección más amplia y pasando de lo mero local a lo regional y nacional, intervenidos obviamente por factores internacionales.

“Titichsi” una palabra proveniente del náhuatl que hace referencia a una segunda pixca (cosecha) que realizan los campesinos para buscar las mazorcas restantes en sus parcelas, es decir un repaso de las mismas. Pero, además, titichsi, me dijo un campesino, también significa el olvidado, al que dejaron atrás, al que ya pasaron una vez recogiendo la cosecha y no lo vieron y cuando vuelven a pasar, cuando dicen vamos a titichsiar se refieren que hay que ir en busca de lo que se quedó atrás. El que se quedó atrás no lo hizo por gusto, este quiere ser encontrado, aunque sea en una segunda vuelta. Por lo tanto, tiene múltiples significados y matices, como casi todo en la vida, podemos decir que en esta columna haremos un repaso de las parcelas, pero no será lo único.

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la línea editorial del portal de noticias Ángulo 7.

Biólogo egresado de la BUAP y agroecólogo por formación. Cuenta con experiencia en la capacitación de agricultores y la conducción de programas ambientales. Se especializa en la producción sustentable...