El 4 de agosto no es una fecha cualquiera en la sierra poblana. Es el día en que, como narré antes, los habitantes del recientemente declarado Heroico Municipio de Xochiapulco, iniciativa impulsada por la diputada Kathya Sánchez Rodríguez, decidieron incendiar sus propias casas, antes que entregarlas al invasor. No fue un acto desesperado; fue un acto consciente de soberanía, un acto de héroes prefiriendo perder todas sus posesiones, antes que perder la dignidad.

Por eso la iniciativa presentada el 19 de febrero por la diputada Elisa Limon Balderrabano, no es solo un gesto simbólico más en el calendario legislativo. Declarar el 4 de agosto como Día Estatal de los Héroes Indígenas Anónimos implica reconocer que la historia oficial ha sido incompleta. La patria no solo se defendió en los partes militares, sino también en montes serranos y en comunidades que rara vez aparecen en los libros.

BANNER

La iniciativa, respaldada por el presidente de la Jugocopo, diputado Pavel Gaspar Ramírez, y por catorce legisladores de distintas bancadas, tiene una dimensión política relevante: rompe con la narrativa centralista que ha reducido los procesos históricos del siglo XIX a unos cuantos nombres. Reconocer a los héroes indígenas anónimos, no es un acto de romanticismo histórico, es un acto de justicia simbólica. Es admitir que la soberanía la defendieron pueblos originarios que no reclamaron medallas ni pensiones, pero que sostuvieron la resistencia con su territorio, su cultura y su vida.

Un día para honrar a los héroes anónimos

Previamente señalé que la quema de Xochiapulco no fue destrucción, sino afirmación: fuego que negó la ocupación y que, paradójicamente, preservó la memoria. Institucionalizar esa fecha es convertir ese fuego en conciencia pública. Es darle nombre, aunque sea colectivo, a quienes la historia oficial dejó olvidados y no sólo en esa fecha, sino en todos los procesos históricos donde las y los indígenas de todo el estado, defendieron la tierra, defendieron a Puebla y a México.

Estadios seguros

Elevo un voto de confianza, para que la LXII Legislatura apruebe la iniciativa, junto a otras de reivindicación histórica. Tal como la designación del 17 de mayo como Día del Benemérito Ejército de Oriente y la declaratoria de Benemérito Heroico del Estado de Puebla para el Coronel nahua Manuel Molina; para que el 4 de agosto no sea solo una efeméride más, sino una invitación a revisar nuestra historia con honestidad. A entender que la dignidad no siempre lleva uniforme. Y a recordar que hubo comunidades que eligieron el fuego antes que la humillación, no para desaparecer, sino para permanecer en la memoria de Puebla.

Un legado

El desafío será que la declaratoria no quede solo en ceremonia, sino que se traduzca en investigación histórica y políticas públicas que integren a las comunidades indígenas como sujetos vivos, no como ecos del pasado. Solo así, el fuego de Xochiapulco seguirá ardiendo, no como ceniza, sino como conciencia colectiva.

Luis Eduardo Torres Molina, liberal poblano con raíces serranas, Licenciado en Relaciones Internacionales y Maestro en Administración de Empresas por la UDLAP. Preside la Sociedad de Defensores de la República Mexicana y sus Descendientes A.C., organización de carácter cultural. Es autor de obras como Breviario de Abadón (2013), La Transformación de la Sierra Poblana, a través de los ojos de un maestro liberal (2024). Asimismo, del texto Breve Historia de la Masonería en el Estado de Puebla, siglo XIX (2025), entre otras. Además de coproductor del laureado documental Voces de la Sierra: Memorias del 5 de Mayo. Cuenta con más de 15 años de experiencia en la gestión y divulgación cultural, siendo por ello, reconocido en agosto de 2023 por el Senado de la República y en septiembre de 2025 por el Gobierno del Estado de Puebla.

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan la línea editorial del portal de noticias Ángulo 7.