Este lunes 4 de agosto, se conmemoró el 160 aniversario de un acto de valentía heroica que ha quedado relegado de la historia oficial: la quema de Xochiapulco por parte de sus propios habitantes, prefiriendo reducir a cenizas sus hogares y campos, antes que verlos profanados por las tropas extranjeras y colaboracionistas. En el México del siglo XIX, este hecho hizo eco y se compara con el sacrificio de los habitantes de Numancia en la antigüedad.
Como expusimos hace algunas semanas, a mediados de 1865 las huestes del Imperio emprendieron una estrategia generalizada con el objetivo de acabar los últimos puntos de resistencia republicana en la Sierra Nororiental de Puebla, el 16 de julio ocurrió la brutal embestida contra Tetela de Ocampo y en agosto, contra Xochiapulco.
Existen testimonios históricos inéditos de este hecho en los archivos de la Sociedad de Defensores de la República Mexicana y sus Descendientes A.C., como las Memorias del Coronel Manuel Molina o la Proclama de Juan C. Bonilla, pero las Memorias del Coronel Lauro Luna, nos ofrecen una mirada vívida y detallada de lo acontecido, narración que me permito transcribir textualmente:
“…el día 4 de Agosto de 1865, fecha memorable, cuatro columnas de tropas austro-traidoras, entre las que se contaban numerosos hijos de Zacapoaxtla, capitaneados por el antiguo corifeo de la reacción, Roldán, y sus satélites, los hermanos Arriaga, Francisco, Miguel y Mariano, se lanzaron decididamente sobre Xochiapulco, en cuya plaza se hallaban casualmente reunidos los jefes Lucas, Bonilla, Díaz Antonio, Dinorín, Zaragoza é Ireneo Reyes, y otros varios de menor graduación.
La quema de Xochiapulco: fuego de la dignidad
No habiendo podido reunir más que en número reducido de soldados, que no llegaría á 200, por lo imprevisto de la agresión, y con la conciencia de ser imposible rechazar un ataque con tan exiguos elementos, y con la casi total carencia de municiones, se adoptó una resolución heroica: no pudiendo defender sus hogares, los patriotas moradores de aquel pueblo esclarecido, antes que verlos profanados por la inmunda planta del invasor, ¡decidieron incendiarlos!
El General (Juan Francisco) Lucas dió el ejemplo, poniendo fuego á su humilde casa, único patrimonio de su numerosa familia: sus subordinados imitaron en tan levantada acción; y cuando el enemigo, que estaba posesionado del Cerro de Xochitonal, á tiro de rifle, y haciendo algunos disparos de artillería, vió las llamas que en espirales majestuosas se elevaban por los aires, envolviendo entre sus lenguas de lumbre el recinto de la población, su asombro y estupor no conocieron límites ante aquel rasgo sublime de patriotismo, único de su clase en nuestros fastos nacionales (sic)”.
Este episodio nos obliga a repensar qué entendemos por patriotismo. No solo se trata de izar la bandera o recordar fechas gloriosas, sino también valorar los actos locales, muchas veces silenciados por la historia centralista. La quema de Xochiapulco no se registró en los libros oficiales, pero eso no la hace menos trascendente. Fue un grito silencioso, pero estruendoso de dignidad.
Hoy, 160 años después, Xochiapulco sigue de pie, reconstruido y con una memoria histórica pródiga. Cada 4 de agosto, conmemoran ese sacrificio a través del fuego, por la libertad. Recordar ese acto no es solo un ejercicio histórico, sino una responsabilidad cívica, porque pueblos como Xochiapulco, que eligieron la autodeterminación a cualquier costo, nos enseñan que la patria se defiende no solo con armas, sino con el alma.
Con una memoria histórica pródiga
Por ello, con el objetivo de perpetuar una fecha tan memorable como esta en las páginas de la historia nacional, donde los pueblos indígenas hicieron un sacrificio inconmensurable y con el fin de honrar año con año a todos los héroes y heroínas indígenas constructoras del estado y la nación, que pese a haber actuado meritoriamente en diferentes momentos de la vida nacional, sus nombres no han sido perpetuados y permanecen en el anonimato, propuse en junio de 2023 al Poder Legislativo, declarar este día como “Día Estatal de los Héroes Indígenas Anónimos” y posteriormente, también lo hice en el ámbito legislativo federal, para ser declarado “Día Nacional de los Héroes Indígenas Anónimos”, aunque sin respuesta a la fecha.

Es justo rendir homenaje a Xochiapulco
Es momento de enseñar esta fecha en las escuelas, de conmemorarla en los calendarios cívicos y de rendir justo homenaje a quienes, sin buscar gloria, sembraron la libertad que disfrutamos. Porque en Xochiapulco no se perdió un pueblo: nació una leyenda y se atizó el fuego de la dignidad de nuestros pueblos originarios.
Luis Eduardo Torres Molina, liberal poblano con raíces serranas, es Licenciado en Relaciones Internacionales y Maestro en Administración de Empresas por la UDLAP. Preside la Sociedad de Defensores de la República Mexicana y sus Descendientes A.C., organización de carácter cultural. Es autor de obras como Breviario de Abadón (2013), La Transformación de la Sierra Poblana, a través de los ojos de un maestro liberal (2024), Breve Historia de la Masonería en el Estado de Puebla, siglo XIX (2025), entre otras. Además de coproductor del laureado documental Voces de la Sierra: Memorias del 5 de Mayo. Cuenta con más de 15 años de experiencia en la gestión y divulgación cultural, siendo por ello, reconocido en agosto de 2023 por el Senado de la República.
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