Cuando una persona mayor guarda silencio en su propia casa, algo se ha roto mucho antes que su voz. Este 15 de junio nos convoca precisamente a eso: a escuchar aquello que casi nunca se dice en voz alta.
En México crecimos oyendo que a las personas mayores se les respeta. Y, sin embargo, las denuncias y quejas nos recuerdan que no siempre es así. Y no siempre se trata de un golpe. Muchas veces es el dinero que deja de alcanzar porque alguien más se lo quita, una puerta que se cierra por dentro, una cita médica que se pospone hasta convertirse en olvido. Es la soledad que se instala poco a poco, hasta que la casa se vuelve demasiado grande y vacía.
Esa soledad no llega de un día para otro. Llega cuando dejamos de preguntar, cuando las visitas se espacian, cuando la conversación se vuelve prisa. Un día la silla en la mesa sigue puesta, pero ya nadie se sienta a escuchar la historia que ahí se contaba. Y sin esa escucha no solo se pierde la compañía de una persona; también se pierde memoria, experiencia y pertenencia.
Hablar de maltrato en la vejez incomoda porque nos obliga a mirarnos en un espejo que todavía no estamos listos para reconocer: todos vamos hacia allá. Lo que hoy permitimos será la medida con la que mañana nos traten. Por eso defender la vejez no es un acto de caridad; es un acto de justicia con nosotros mismos.
Significa poder decidir y reconocimiento
Envejecer con dignidad significa poder seguir decidiendo: dónde vivir, en qué gastar, a quién ver y qué comer. Significa también recibir atención, acompañamiento y reconocimiento a la experiencia acumulada durante toda una vida. Que el dolor tenga atención, que la tristeza tenga nombre y que la experiencia siga teniendo un lugar en la conversación.
Prevenir empieza por lo más sencillo y, precisamente por eso, es lo que más se nos olvida. Pasar a ver, preguntar cómo está, acompañar a la clínica o ayudar con un trámite son acciones sencillas que muchas veces hacen la diferencia. Es no soltar la mano de quien se está quedando solo. Acompañar no es tutelar; es estar cerca sin invadir, sostener la autonomía mientras hacemos comunidad.
Una comunidad que cuida se nota en cosas pequeñas: en el vecino que toca la puerta para dejar un pan, en la nieta que enseña a usar el teléfono sin burlarse, en el médico que explica con calma, en el servidor público que no pide un trámite imposible a quien no puede hacerlo solo. Cuando esos hilos se tejen, la violencia encuentra menos rendijas por donde colarse.
Denunciar maltrato a adultos mayores es acompañarlos
Y también hay que decirlo con claridad. Cuando alguien le quita su dinero a una persona mayor, cuando le grita, cuando la encierra, cuando la deja sin comer o sin sus medicinas, eso tiene nombre y debe denunciarse. Callarlo por vergüenza o por miedo a romper a la familia solo prolonga el daño. Denunciar también es una forma de acompañar.
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Nos hace falta volver a sentarnos juntos. Generar verdaderos vínculos de intergeneracionalidad, donde los jóvenes pregunten y las personas mayores cuenten, sin prisa y sin interrupciones. En esa conversación se transmite mucho más que un consejo: se transmite pertenencia. Un pueblo que cuida a sus mayores no es un pueblo débil; es un pueblo que sabe de dónde viene y, por eso mismo, sabe hacia dónde va.
El 17 de junio, invitan a adultos mayores en CH
Cuidemos a quienes nos cuidaron. El respeto a la vejez dignifica a un pueblo entero y comienza por casa.
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Este miércoles 17 de junio, de 10:00 a 14:00 horas, realizaremos un acto de dignificación para las personas adultas mayores con emprendimientos, conferencia, panel de discusión y taller orientado a fortalecer redes de protección y acompañamiento.
Los esperamos este miércoles en avenida 5 Poniente número 339, colonia Centro, Puebla, Puebla.
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