Para promover acciones comunitarias, el Estado ha impulsado propuestas como las Utopías con inversión de 3 mil millones de pesos y los Pilares con mil millones; sin embargo, otras posturas manifiestan que los centros comunitarios deben ser independientes y autogestionados por las poblaciones que los fomentan, con tal de evitar un uso político.
Durante la mesa sobre centros comunitarios que se desarrolló en Ángulo 7 Radio, especialistas en la materia dejaron entrever el debate de fondo que vertebra la cuestión. No obstante, los ponentes coincidieron que las acciones comunitarias son indispensables para materializar los derechos culturales de las personas.
Enrique Glockner Corte, socio director de IGC asesores, destacó la recuperación de espacios culturales por parte del gobierno de Puebla, como lo es San Roque o la Casa de la Cultura. Sin embargo destacó que debe promoverse que la ciudadanía sea consciente de su rol en la cultura y no delegar la cultura únicamente a impartir talleres.
Por su parte, María Antonieta Pérez, directora general de Vinculación Cultural Comunitaria de CULTURA, comentó que el programa de Utopías en las 16 alcaldías de la CDMX se creó para atender necesidades urgentes, al instalar albercas, auditorios y salones para actividades culturales. Pero, reconoció que con los cambios de administración estos proyectos suelen verse afectados.
Uno de los talones de Aquiles de quienes impulsamos esta serie de políticas desde los gobiernos es que, con los cambios institucionales hay un deterioro y un cambio del timón de la nueva administración. Lo único que puede ayudar al mantenimiento y sostenimiento de los proyectos como las utopías, es el empoderamiento ciudadano.
En este orden de ideas, Jorge Melguizo Posada, consultor internacional y conferencista de Medellín, manifestó que los proyectos como los centros comunitarios no pueden quedarse en el plano político electoral. La gente es quien debe apropiarse de los espacios más allá de los designios de algún actor político.
Los proyectos deben dejar de ser de un alcalde o alcaldesa, para ser proyectos de la ciudadanía. Hay una red enorme de cultura viva comunitaria que tienen centros comunitarios que son ciento por ciento responsabilidad de las comunidades con apoyos públicos, muchos de ellos.
¿Cómo evitar el uso político de los centros comunitarios?
En contraste, Javier Hidalgo Ponce, coordinador general del Subsistema de Educación comunitaria indicó que el programa Pilates ya cuenta con 300 centros y más de 5 mil instructores. Aseveró que, es a través de la coordinación de varios centros comunitarios, como las Utopías y el que encabeza, que se logra afianzar el acceso a la cultura.
Paola de la Vega, docente investigadora de la Pontificia Universidad Católica de Ecuador, instó que el actual desarrollo de los centros comunitarios no debe perder su labor de llevar la cultura a las personas, cuando por desigualdades económicas no logren acceder a este derecho.
En cambio, María Antonieta Pérez, comentó que es posible que los empresarios también puedan formar parte de estas iniciativas, siempre que tengan en mente contribuir al desarrollo social de las comunidades que impulsan.
Sin embargo, Enrique Glockner advirtió que insertar los centros comunitarios a una “lógica económica” puede resultar perjudicial. “Esperemos que en muchos casos no se vean mermada por lógicas económicas como los pueblos mágicos o como otros conceptos que de repente buscaron turistear las iniciativas.”
A este sentido Javier Hidalgo comentó que una medida para impedir este tipo de vicios, se debe proponer que el acceso a los centros comunitarios y a los derechos culturales en general es por medio de garantizar el acceso universal. Así, se evita que algún sector los use de forma discrecional.


