Al cierre de esta nota, el cómputo del INE señala que en la elección judicial no participó más del 13 por ciento de los ciudadanos con la posibilidad de hacerlo. Un porcentaje bajo pero que nos lleva a preguntarnos sobre las razones de que el 90 por ciento de los electores no votaron.
De acuerdo con la última encuesta de Enkoll, más del 70 por ciento de los mexicanos consideraron necesario transformar el Poder Judicial; lo que nos lleva a inferir que, entre ese 90 por ciento que no votó, solo menos del 30 se abstuvo por una verdadera oposición a ello.
Entonces, ¿qué pasó con el resto de los electores que si buscan una transformación en el poder judicial pero no ejercieron su derecho al voto? Las verdaderas preguntas en gran parte de los electores que los llevaron a no votar fueron: ¿por quien votar? y ¿cómo votar?
Por lo menos en Puebla, un sondeo que este medio realizó permitió observar que, los ciudadanos que votaron en la elección judicial lo hicieron en su mayoría informándose sobre los perfiles y preparando su propio “acordeón” para votar.
Para ello, dedicaron una parte de su tiempo en el análisis de la trayectoria de los candidatos y en el proceso, nada sencillo, para emitir su voto. Algo que una gran parte de la población no pudo realizar ya sea por las dificultades para acceder a la información, porque existen en el día a día otras necesidades que priorizar o porque el Poder Judicial aún es una entidad ininteligible para la mayoría.
Votar o no votar, no fue la cuestión
Esta tarea, de entrada, no era nada fácil considerando que los candidatos no contaron con el presupuesto para difundir sus perfiles y la plataforma que el INE dispuso no era amigable para su lectura y análisis.
Del mismo modo, el tiempo de campaña y exposición en medios tradicionales como en las elecciones a presidentes, gobernadores y legisladores, facilitó que los ciudadanos conocieran a los candidatos a jueces, magistrados y ministros.
Algo similar sucedió con la forma en que se tenía que emitir el voto de acuerdo con el color de las boletas y el tipo de candidato al que correspondía cada uno. ¿Se imaginan si el INE hubiera repartido formatos de “acordeones” que cada ciudadano podría haber llenado por su cuenta?
Cabe reconocer que, en el actual proceso electoral, más allá de casos puntuales de “acordeones” impresos, no existió “acarreo” de votantes. Sin embargo, si existieron algunos intentos por “embarazar” las urnas y de difundir propaganda electoral en las casillas.




