El conflicto por el agua en diversas latitudes, especialmente ahora que existe escasez, no deriva solo a consecuencia del cambio climático; es, en esencia, resultado de la desigualdad en su distribución y del acaparamiento del agua para beneficio de unos cuantos.

Los pueblos se asentaron cerca a fuentes de agua para poder abastecerse y realizar las actividades agrícolas, primero, e industriales, después, necesarias para la subsistencia.

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En ese proceso, algunos pueblos se convirtieron en ciudades, y su crecimiento demandó tales cantidades de agua que sus fuentes cercanas ya no podían abastecer. Por ello, tuvieron que buscarse nuevas fuentes que, en varios de los casos, se encontraron fuera de sus territorios y, para acceder a ellos, se crearon convenios y negociaciones.

En algunos casos, estos convenios se firmaron mediante acuerdos justos, pero, en otros, mediaron estrategias injustas o hubo incumplimiento de ellas. Pero, incluso en aquellos donde la negociación fue equilibrada, las partes siempre tienen el derecho a renovar los términos o, en su caso, dar por terminado el convenio.

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Autodeterminación de los pueblos sobre el agua

Ante la escasez, falta de incumplimiento o condiciones distintas para la gestión del agua, como el hecho de que su distribución en Puebla ya no se ejecuta desde entidades públicas, sino de privadas, son determinantes para esos cambios en los convenios.

De ese modo, cuando los pueblos deciden ya no entregar el agua de sus territorios bajo ninguna condición, solo queda respetar su autodeterminación.

Durante años, el modelo de la gestión del agua se basó en la demanda; ahora, deberá basarse en la disposición del vital líquido.