¿Alguna vez has escuchado sobre el término woke? Sabias qué este concepto, que inició como una jerga pasó a convertirse en un punto central de la política. Aunque a veces polémico, está presente en el debate sociopolítico global ¿qué significa y cómo llegó a ser tan relevante?
El origen de esta expresión no tiene un inicio claro, pero se cree que su uso se remonta al menos a la década de 1940, pero ganó una tracción significativa y global con la aparición de movimientos sociales clave en el siglo XXI. Esto sobre todo cuando pasó a ser parte de la jerga afroamericana en Estados Unidos.
Woke viene del inglés, y significa “despertado” o, en este contexto, ser consciente. Este término se utilizaba en las comunidades afroamericanas al estar consciente de temas sociales y políticos, sobre todo, de la discriminación racial y la injusticia.
La revolución del Woke
El punto de inflexión llegó con el movimiento Black Lives Matter (BLM) del 2013, que exaltó la lucha contra la brutalidad policial y el racismo. Por ello, comenzaron exhortaciones a “mantenerse woke”, stay woke, que se convirtió en un llamado a la vigilancia y la acción contra la injusticia.
En este contexto, ser “woke” implicaba una sensibilidad aguda a las dinámicas de poder, los privilegios y las opresiones estructurales que afectan a grupos marginados. Con el tiempo, se formó un movimiento ya no solo por raza, sino también por género, orientación sexual, clase o identidad.
Las redes sociales jugaron un papel crucial en la difusión del movimiento, donde también adquirió traducciones distintas a lo que significó en sus orígenes. Plataformas como Twitter, Facebook e Instagram se convirtieron en los principales vehículos para la difusión de noticias sobre injusticias y para la articulación de la identidad “woke”.
La inmediatez y el alcance global de estas plataformas permitieron que el término woke trascendiera las fronteras de Estados Unidos. Esto permitió que se incrustara en el léxico político internacional y muchos países iniciaran una agenda contra el racismo, discriminación y violencia de género.
Inicio del “capitalismo limpio”
Con los cambios en las políticas internacionales, las empresas siguieron el movimiento woke, para promover cierta imagen de conciencia en los consumidores. El marketig se movía a favor de una agenda que promovía la igualdad y diversidad, muchas para limpiar su imagen ante el público joven.
La infiltración del discurso “woke” en el mundo empresarial dio lugar al fenómeno del capitalismo woke, también llamado woke washing. Esto se refiere a la práctica de las corporaciones de adoptar superficialmente posturas de consciente de temas sociales y políticos “lavando su imagen”. Por ejemplo, celebrando el Mes del Orgullo, apoyando el BLM, o promoviendo la diversidad.
Dichas campañas nacieron con el objetivo principal de mejorar su imagen de marca, atraer a consumidores más jóvenes y progresistas, y, en última instancia, aumentar sus ganancias. A menudo promueven estos valores públicamente mientras mantienen prácticas laborales cuestionables, evitan impuestos. O incluso contribuyen a la desigualdad sistémica a través de su modelo de negocio central.
La cultura de la cancelación
Con el tiempo, el concepto estuvo intrínsecamente ligado a la discusión sobre lo “woke” es la cultura de la cancelación, cancel culture. Los críticos argumentan que el movimiento “woke” a menudo se manifiesta a través de un escrutinio implacable en las redes sociales que resulta en el ostracismo o la pérdida de empleo (la “cancelación”) de figuras públicas o individuos que han expresado opiniones o cometido acciones consideradas ofensivas o insensibles.
Los defensores de la cancelación lo ven como una forma de accountability (rendición de cuentas) pública y una manera de dar voz a los oprimidos. Aunque, los críticos lo denuncian como una forma moderna de puritanismo social que sofoca la libertad de expresión y la disidencia.
Hay quien señala que el término woke, que en sus raíces era un llamado a la vigilancia contra la opresión sistémica, especialmente contra el racismo, fue cooptado y transformado en un arma arrojadiza. Señalan que se utiliza para referirse tanto a la búsqueda genuina de justicia social como a la crítica de la misma.
Comprender qué es “woke” requiere mirar más allá de la etiqueta y examinar los valores subyacentes: la equidad, la justicia y la rendición de cuentas. Aunque actualmente refleja la profunda división en las sociedades occidentales sobre cómo deben abordarse el pasado de injusticia y las crecientes desigualdades del presente.
Políticas Anti-Woke
A medida que las ideas asociadas al “woke”, como la identidad, la interseccionalidad y la equidad ganaron influencia en instituciones, universidades y el mundo corporativo, se encontró con una fuerte resistencia, principalmente desde la política conservadora y empresarios a quienes no les convenía el movimiento.
La derecha política y algunos sectores liberales comenzaron a usar el término woke no como una descripción positiva de la conciencia, sino como un peyorativo. En este nuevo contexto, “woke” se convirtió en un símbolo para referirse a un supuesto exceso de corrección política, a una intolerancia ideológica o a una moralización pública percibida como sofocante.
El expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, y sus aliados, hicieron del anti-woke un pilar central de su discurso. Utilizaron la palabra para criticar todo lo que consideraban una desviación de los valores tradicionales o un ataque a la cultura occidental, desde la enseñanza de la historia crítica hasta la diversidad en las empresas.
Los medios de comunicación han desempeñado un papel fundamental en la configuración de la narrativa “woke”. Publicaciones influyentes como el New York Times han dedicado amplios análisis y debates a la cuestión, a veces siendo acusados por la derecha de promover la ideología “woke”, y otras veces, siendo criticados por la izquierda por dar excesiva voz a los contracríticos.
La constante cobertura ha exacerbado la polarización. Para un lado, ser consciente de temas sociales y políticos es una obligación moral para corregir siglos de injusticia; para el otro, el término woke es una etiqueta para un dogmatismo autoritario que busca reescribir la historia y controlar el lenguaje.




