El próximo 14 de diciembre, Alejandro Armenta Mier asumirá la gubernatura de Puebla, enfrentando un panorama complejo: una creciente incidencia delictiva y un sector cultural históricamente relegado. La relación entre ambos no es casualidad; la falta de acceso a la cultura y el abandono del tejido social son factores que alimentan el círculo de la violencia.

Violencia e indiferencia cultural: el panorama en Puebla

En la última década, Puebla ha enfrentado un incremento alarmante en la incidencia delictiva. Según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (Sesnsp), en 2023 se registraron 32,315 carpetas de investigación, una cifra alta en los últimos años. Este panorama refleja una crisis económica y social, además de la ausencia de políticas culturales que ofrezcan alternativas a las juventudes y fortalezcan el tejido comunitario.

La cultura, a menudo relegada como un “lujo”, tiene un papel crucial en la construcción de comunidades más seguras y cohesionadas. Sin embargo, las administraciones anteriores han reducido el ámbito cultural a espectáculos masivos y obras de gran formato, dejando desatendidas las necesidades reales de los municipios más marginados.

El momento de Armenta: romper con el centralismo y el espectáculo

Armenta tiene en sus manos una oportunidad única para marcar un punto de inflexión. Romper con las viejas prácticas que priorizaban la apariencia sobre el impacto debe ser su primer paso. Su administración puede ser recordada como la que utilizó la cultura como un motor de transformación social o como una más que perpetuó el centralismo y el clientelismo.

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Durante un reciente foro ciudadano, más de 100 artistas, gestores culturales y académicos presentaron propuestas que apuntan a una reestructuración profunda del sector cultural. Estas demandas, que van desde garantizar derechos culturales hasta descentralizar el presupuesto, son el reflejo de un sector que ha sido ignorado, pero que tiene la claridad de lo que necesita para contribuir al desarrollo del estado.

¿Cómo puede la cultura ser un eje para la violencia y el desarrollo en Puebla?

La administración de Armenta tiene en sus manos propuestas claras que pueden ser clave para vincular la cultura con la reducción de la violencia:

  1. Descentralización de recursos culturales: Es imperativo llevar las actividades culturales a municipios y comunidades alejadas de la capital. Casas de cultura, bibliotecas y centros comunitarios deben convertirse en espacios de encuentro y aprendizaje.
  2. Vinculación entre cultura y seguridad pública: La Secretaría de Cultura debe trabajar en conjunto con la Secretaría de Seguridad Pública para implementar programas de prevención del delito que incluyan actividades artísticas, educativas y deportivas en comunidades vulnerables.
  3. Reconocimiento de los derechos culturales como prioridad: Armenta debe garantizar que todos los poblanos tengan acceso a la cultura como un derecho humano. Esto incluye mejorar las condiciones laborales de los artistas, así como fomentar la participación ciudadana en la creación de políticas culturales.
  4. Revaloración del patrimonio biocultural e intangible: Más allá de su centro histórico, Puebla cuenta con un acervo cultural invaluable en sus comunidades indígenas y rurales. Preservar y promover estas expresiones fortalecerá el sentido de identidad y pertenencia.
  5. Asignación del 1 por ciento del presupuesto estatal a la cultura: Este porcentaje, aunque modesto, permitiría financiar proyectos que tengan un impacto tangible en la cohesión social, la reducción de la violencia y la revitalización de espacios públicos.
  6. Promoción de las culturas comunitarias y estrategias territoriales: Para un verdadero fortalecimiento de las comunidades, como objetivo principal de la política del humanismo mexicano, es necesario promocionar y fomentar con respeto las expresiones culturales comunitarias. Esta es la esencia de las estrategias territoriales de infraestructura cultural como los Pilares, las Utopías y centros culturales como “Chapultepec” y “Los Pinos”, impulsadas por los gobiernos de la 4T.

El legado que Puebla necesita

Alejandro Armenta está ante un momento decisivo. Gobernar Puebla no solo implica responder a demandas de infraestructura o crecimiento económico, sino también apostar por políticas integrales que incluyan la cultura como eje central.

El sector cultural ha demostrado estar preparado para ser un aliado estratégico en la reconstrucción del tejido social. Sin embargo, requiere compromiso y voluntad política para dejar de ser un actor periférico y convertirse en un pilar del desarrollo estatal.

Si Armenta opta por una política cultural transformadora, se podría recordar su administración como un modelo de innovación y visión en la historia de Puebla. Pero si decide perpetuar las prácticas superficiales de sus antecesores, su gobierno podría diluirse entre los reclamos de un estado que sigue esperando soluciones de fondo.

La cultura no solo es arte y espectáculo; es identidad, comunidad y resistencia. Ignorar su potencial sería un error histórico. Aprovecharla, en cambio, podría convertir este gobierno en un símbolo de cambio verdadero.

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan la línea editorial del portal de noticias Ángulo 7.

Liz Camargo Cervantes es promotora y gestora cultural formada en Gestión Cultural por la Universidad de Guadalajara, artivista social y productora en Ángulo 7 Radio. Fue gestora estratégica en el IDIT...