
“La Victoria” fue el principal mercado de la ciudad de Puebla durante más de 70 años, que, junto con sus calles aledañas, dotó de vida y trasiego al Centro Histórico poblano, movido por el trabajo y superación de sus comerciantes que aún prevalecen.
A un costado del templo de Santo Domingo, cientos de poblanos se dan cita día adía en este lugar, ahora plaza “La Victoria”, para pasar un rato en familia, comprar ropa, tomarse una foto en el kiosco o degustar un antojito.
Pero muchos, en especial los más jóvenes, desconocen que este lugar fue el punto de venta de comida perecedera más importante en el Centro Histórico, así como el sustento económico de muchas familias, que hoy sólo guarda recuerdos de los poblanos, así como los olores y colores de los productos tradicionales de la época.
Juan Ramírez, locatario de un local de ropa de ceremonias religiosas desde hace más de 60 años sobre la calle 4 Poniente, recordó cómo era la vida en dicho lugar cuando trabajaba con su abuelo de pequeño en una tienda enfrente del Kiosco, llamada “La Gran Postal”.
“Era un lugar en donde se podía encontrar de todo”, además tanto afuera como adentro, estaba inundado de gente que llegaba a vender y a comprar de todas partes del estado desde las 7 de la mañana”.
Sin embargo, añadió, esto terminó en 1986 cuando fue cerrado por ocho años, obligando a los locatarios a salir y a trasladarse a otros mercados como el de Xonaca, el Hidalgo, Zapata o el 5 de Mayo.
Ahora, la plaza continúa con gran afluencia de gente, con locales que venden todo tipo de artículos como ropa, comida rápida, mochilas, libros y joyería, y aunque para muchos la entrada principal es la ubicada sobre la 5 de Mayo, hace 70 años lo era la que está sobre la 3 Norte y 6 Poniente; “antes, la cantidad de personas que se daba cita era más que ahora, razón por la que sus locatarios vivían en vecindades aledañas”. El aspecto del mercado cambio cuando lo remodelaron, recordó Juan.
Organización
Sobre la calle 6 Poniente, afuera del inmueble, está el local de la familia Hernández Cordero, en donde trabaja Herminia de 84 años, desde hace más de 20 años, y quién tiene un vínculo muy fuerte con “La Victoria”, ya que recuerda que hace casi 80 años ayudaba a su mamá a vender quesos en la entrada de la 3 Norte.
La organización del lugar era muy similar a los mercados tradicionales actuales: “Sobre la calle (6 Norte) vendían pura fruta, en frente del mercado (sobre la 3 Norte) era la entrada donde vendían cemitas y ropa, a donde está el reloj; luego, en el kiosko, vendían las flores y más adelante estaban las pescaderías, legumbres, frutas, barbacoa; hay un edificio a lado de Suburbia en donde era una guardería y kínder en donde los locatarios llevaban a sus hijos, (…) mientras en la 4 (Poniente) vendían fruta y telas”, recordó.
Al hablar sobre el cambio que tuvo el mercado después de 1986, Julia, de 46 años e hija de Herminia, comentó que el desalojo de los locales provocó una caída de las ventas de un 50 por ciento, debido a que los otros mercados no tenían la popularidad que tenía “La Victoria”.
“Ya se ha ido perdiendo el lazo que teníamos con el mercado, muchos se fueron o se murieron por la impresión de que cerró, poco a poco se fueron dispersando todos (…) ahorita el mercado se ve bonito, pero no es nada lo que era antes”, expresó.
Últimas tiendas de frutas
La 6 Poniente es una de las calles que estaba en función del entonces mercado, debido a la cercanía y a que daba acceso a la entrada principal, era uno de los corredores de venta de frutas, especialmente el plátano.
Sergio Reynoso, dueño de uno de los tres últimos locales de frutas que administra su familia desde hace casi 80 años, contó que los puestos estaban distribuidos hasta la 7 Norte, similar a los puestos del actual mercado 5 de Mayo, en el Centro Histórico.
Los ahora locales, describió, eran bodegas de maduración de plátano, mientras que los vendedores vendían en la parte de afuera, en unas casetas de madera, “esta calle era la central de abastos hace muchos años, aquí se venían a surtir los municipios de Cholula, Tepeaca (…), esto (el local) era una bodega de maduración, traían el plátano azul, lo metían en las bodegas, le echaban carburo para que se maduraba”, detalló.
En la actualidad en la calle se encuentran negocios de todo tipo, como de comida, de zapatos, ropa, mercerías, cererías, mueblerías entre otros.
Aunque Sergio seguirá trabajando como lo hacía su papá desde 1930 en la venta de frutas en la zona, cree que con él termine la última generación de su familia.













