
Desde 2013, cuando se aprobó la Maestría en Educación Matemática, de la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas (FCFM) de la BUAP, 92 maestros han egresado en ocho generaciones, gracias a la inspiración de docentes como la doctora Lidia Hernández Rebollar.
Fue su padre quien le acercó juegos que potenciaron su imaginación y capacidad de abstracción y su interés por las matemáticas despertó a edad temprana, ciencia en la cual se formó en la BUAP desde el pregrado hasta el posgrado, para después contribuir a cambiar el paradigma de la enseñanza tradicional de esta ciencia, para hacerla un bien más tangible en la construcción de un país más educado.
Desde sus años de secundaria, la hoy coordinadora de la Maestría en Educación Matemática, de la FCFM de la BUAP, sentía la necesidad de enseñar y compartir habilidades matemáticas. Así se lo expresó a sus padres. Sin embargo, en ese entonces la adscripción a la SEP para dar clases era muy complicada. Durante sus estudios de preparatoria tuvo una inclinación por el análisis matemático y los procesos de abstracción más profundos. Supo que la BUAP impartía la Licenciatura en Matemáticas y decidió cursarla para desempeñarse después como docente. Estudió con pasión las Matemáticas puras con enfoque en la optimización, pues deseaba contribuir a hacer más eficiente el sector productivo. Para ello desarrolló investigación en modelación matemática.
Tan pronto egresó del doctorado se incorporó a un equipo de investigadores que pugnaban por la creación de una maestría en educación matemática, dirigida al docente de Matemáticas que desea contar con herramientas pedagógicas de vanguardia.
Teoría pedagógica APOE
Actualmente, Hernández estudia la teoría pedagógica APOE (acción-proceso-objeto-esquema), cuyo origen es el constructivismo de Jean Piaget y fue desarrollada, en cuanto al pensamiento lógico en los niños, por el educador Dubisnsky. Dicha teoría se extrapola a los procesos mentales matemáticos más complejos, aplicados en la investigación científica, a través de la abstracción reflexiva, objetivando los símbolos matemáticos derivados de acciones concretas, hasta llegar a la esquematización mental aplicable a otros procesos.
A través de su trabajo, esta teoría ha contribuido a cambiar el paradigma de la enseñanza tradicional de las Matemáticas, principalmente en niños y jóvenes de primaria a bachillerato.
En su opinión, si bien la abstracción matemática es compleja y hay una condicionante innata en los niños para contar con más o menos habilidad para este tipo de pensamiento, es responsabilidad de los padres y profesores explorar todas las posibles técnicas para hacer esta tarea más fácil y tangible, sin perder los valores de la comprensión, la paciencia y la motivación en la enseñanza.
“No basta con saber aritmética, álgebra o cálculo diferencial para impartir la materia, es necesario que el profesor tenga estrategias que le permitan planear la clase con antelación, impartirla siguiendo la estrategia diseñada, pero aprovechando los recursos que surgen de manera espontánea durante la sesión, y tener la capacidad de autoevaluar su clase y el aprovechamiento de los alumnos.
E: GDLRP




