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Valsequillo, la presa de Puebla que vive de dos ríos muertos

Valsequillo, la presa de Puebla que vive de dos ríos muertos

Valsequillo, la presa de Puebla que vive de dos ríos muertos. Foto: Ángulo 7

Tras 71 años, ha pasado de azul a negra; de saludable, a tóxica; su aroma húmedo se volvió putrefacto y el orgullo al mirarla ahora es sólo vergüenza; la vida en ella pasó a ser muerte, pero para casi todos los poblanos sólo es: “la presa de Valsequillo”.

Ahí confluía la riqueza biológica de Puebla, sus 24 mil hectáreas fueron punto de reunión de los ríos Atoyac (Balsas, a su paso por la capital poblana) y Alseseca, así como la casa de especies que ya no están, que se fueron -o murieron- con el desarrollo de la cuarta ciudad más grande del país.

Tan grande que la clase alta, que habita Lomas de Angelópolis o La Vista, así como la baja que vive en Los Ángeles Tetela, por igual conviven a diario con las aguas negras sólo a unos metros de sus casas.

Ahora, ellos y los 2 millones 800 mil habitantes de los 22 municipios por los que cruzan los ríos son quienes están en peligro.

Greenpeace, la Conagua, la UNAM y universidades locales como la BUAP, Ibero y Upaep han detectado hasta 50 contaminantes en el agua y el aire, muchos de ellos cancerígenos para el humano reconocidos por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC).

Valsequillo, la presa de Puebla que vive de dos ríos muertos

Foto: Héctor Llorame

Salud en peligro

Benceno, cloruro de vinilo, arsénico, tricloroetileno, níquel, cadmio, cromo, nitrobenceno, plomo, cloroformo, cloruro de metileno, dicloroetano, tolueno, nitratos, nitritos, diclorobenceno y mercurio son los componentes que más se repiten en las listas de decenas de estudios que concluyen en lo mismo: los ríos están muertos.

A su paso por la ciudad, industrias, fraccionamientos, hospitales, asentamientos irregulares en zonas de riesgo y cientos de miles de personas inconscientes (o ignorantes) de este problema, con acción u omisión, han contribuido a que el Alseseca sea el cuarto río más contaminado de México y el Atoyac, el tercero, sólo después de los Turbio y Lerma, de Guanajuato, de acuerdo con el Atlas del Agua que la Comisión Nacional del Agua (Conagua) publicó en julio.

Según la organización ambiental Greenpeace, son tres las fuentes principales de contaminación de los recursos hídricos: las aguas residuales municipales, los lixiviados (líquidos) producidos en los basureros y las descargas de las actividades productivas.

Sobre la primera, Alberto Jiménez Merino, delegado de la Conagua en Puebla, reconoció que de las 22 plantas tratadoras de agua que hay en el mismo número de municipios que integran la zona conurbada, únicamente operan 12.

El motivo: el gasto de operación. Por cada planta, los ayuntamientos tienen que erogar un millón 200 mil pesos mensuales, que únicamente Puebla, San Martín Texmelucan, San Pedro y San Andrés Cholula tienen la capacidad de cubrir sin problemas, mientras que el resto lo hace con dificultades.

Valsequillo, la presa de Puebla que vive de dos ríos muertos

Foto: Héctor Llorame

Condenan mantos freáticos

Sobre el segundo factor de contaminación, Melanie Gabriel Camacho, presidenta de la asociación civil poblana Dale la Cara la Atoyac, mencionó que los basureros a cielo abierto, como el de Chiltepeque, en la capital, producen por la descomposición de la basura líquidos que se filtran al suelo. Estas sustancias son casi carentes de oxígeno, ricas en ácidos y pueden contener altas concentraciones de metales pesados.

Por ello, la propuesta del ayuntamiento de Puebla de embovedar la barranca El Aguaje –que es donde se encuentra- para alargar 25 años más la vida útil del relleno sanitario sería prácticamente una condena de muerte a los mantos freáticos, pues actualmente la contaminación se comparte entre el agua y el aire, mientras que con el embovedamiento se afectaría sólo al primero.

La exigencia, desde la asociación, es la producción de energía eléctrica o biogás a partir de los residuos sólidos, sin embargo, aunque las administraciones municipales lo han intentado, los proyectos sólo quedaron en eso, en intentos.

En 2010, la alcaldesa priista Blanca Alcalá Ruiz puso en marcha una planta de quemado de biogás, con la que además de generar energía, se prometió que generaría 1 millón 600 mil dólares al año por la venta de certificados de carbono, pero el sistema funcionó unos años y los constantes relevos en la coordinación del Organismo Operador del Servicio de Limpia (OOSL) han impedido una explicación clara del destino de las máquinas, así como de las ganancias obtenidas.

Con respecto a las descargas de las actividades productivas, Jiménez Merino estimó que al menos 8 mil empresas lanzan desechos a los ríos, pero todas tienen la obligación de sanear el agua antes de arrojarla, sin embargo, hay poca certeza de que esto ocurra.

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Foto: Héctor Llorame

Corrupción, el mal de todos los males

El personal de la Conagua es insuficiente para vigilar de manera estricta que las industrias cumplan con la norma, además de que en los operativos se suma otro de los problemas que más daño causan a México: la corrupción.

El funcionario federal aseguró que en lo que va del año “no se tiene registro de conductas irregulares” del personal, mientras que 20 empresas han sido sancionadas, 15 económicamente y cinco con la clausura, pero estas tienen la opción de reabrir pagando la multa y presentando un plan para resarcir el daño ocasionado.

A la incapacidad de vigilar a las firmas, Jiménez Merino agregó otro obstáculo para aplicar la ley: las empresas evitan arrojar desechos a los ríos, que son de competencia federal, y lo hacen a barrancas –de índole municipal- que hace a la Conagua imposible sancionar lo que no está dentro de su jurisdicción.

Al carecer de marcos legales para sancionar descargas, las comunas no actúan, acusó el delgado, además de que admitió que también son más fáciles de corromper.

Es así que, a diario, el Atoyac y el Alseseca recorren la metrópoli con la seguridad de que serán cada día más golpeados en la guerra que sostienen ante la huella ambiental humana, que no da indicios de cesar ni un poco, pese a que la Conagua calcula que en los últimos 20 años se han destinado 5 mil millones de pesos en proyectos y obras para la limpieza del río.

Valsequillo, la presa de Puebla que vive de dos ríos muertos

Foto: Héctor Llorame

Reservorio de contaminación

Hay tregua sólo al alcanzar la presa de Valsequillo, que si bien como refirió Jiménez Merino es el “reservorio” de contaminación más grande de Puebla y Tlaxcala, también ha funcionado como filtro natural gracias a las plantas acuáticas que se han encargado de limpiar el agua mientras está almacenada.

Especialistas de la BUAP. como el biólogo, Ernesto Mangas Ramírez, asiduo estudioso de la zona de Valsequillo, presentaron en 2012 una ficha técnica ante la Convención de Ramsar de Naciones Unidas para demostrar que la presa ya no era sólo eso, sino que se convirtió en un humedal, por lo que pidieron declararla Humedal de Importancia Internacional, y lo consiguieron.

Esto tras registrar diez especies de flora de carácter acuático y 70 terrestres, conformadas en 20 órdenes y 34 familias. No obstante, por observaciones personales, calcula que puede haber cerca de 250 especies, por lo que trabaja en nuevas investigaciones, que lo han llevado a registrar en los últimos dos años siete especies de encino, desafortunadamente relictos, o sea, únicamente vestigios y no ejemplares vivos.

Con respecto a la fauna, el sitio ostenta 231 especies de aves, 21 de reptiles, 15 de mamíferos, ocho de anfibios y dos de peces, así como seis de gasterópodos (invertebrados acuáticos); pero, alertó que 27 de estas especies se encuentran catalogadas con protección especial o están amenazadas, según la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).

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Foto: Héctor Llorame

En riesgo derechos humanos

Debido al daño ambiental, el riesgo a la salud humana y el nivel de contaminación del Atoyac, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos emitió en marzo la recomendación CNDH/6/20111/9437/Q contra Semarnat, Conagua, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), los gobiernos de Puebla y Tlaxcala, así como los ayuntamientos de Texmelucan y Huejotzingo, en Puebla, y Tepetitla, Ixtacuixtla y Nativitas, en Tlaxcala.

Esto “por ser omisos en garantizar los derechos humanos a un medio ambiente sano, al saneamiento del agua y al acceso a la información” y, aunque la CNDH dio un plazo de seis meses para responder –que se venció el 10 de septiembre- esto no ha ocurrido.

En rueda de prensa el 10 de octubre, Dale la Cara al Atoyac denunció que, al cumplirse siete meses de la recomendación, las autoridades continuaban siendo omisas, por lo que urgió al Congreso del estado fijar sanciones a los ayuntamientos y a funcionarios de todos los niveles de gobierno que no tomen acciones para sanear el río.

De acuerdo con Gabriel Camacho, hasta 30 denuncias de empresas o particulares que arrojan desechos sólidos o líquidos registra la asociación por semana, por lo que exigió tomar acciones inmediatas.

Junto con académicos de la Universidad Iberoamericana, reiteró que la prioridad para el colectivo es que se fije presupuesto para el saneo del Atoyac, que fue algo que prometió el año pasado el entonces candidato a la gubernatura Antonio Gali Fayad, pero a ocho meses en el cargo y a un año de dejarlo, no lo ha cumplido, como ha pasado con otras administraciones.

Sólo proyectos

Aunque en su campaña puso como objetivo que en 15 años haya nuevamente vida acuática en el río, Gabriel Camacho desdeñó que esto se pueda cumplir con el ritmo de trabajo actual, donde la sociedad civil y las universidades realizan estudios, informes o campañas de concientización, pero los gobiernos sólo proyectan obras, no las concluyen y se condena a los ríos a morir cada día un poco más.

Los poblanos ven al río y a la presaManuel Ávila Camacho” –su nombre oficial- con vergüenza, porque ahora representa lo peor de cada quien, pero ignoran que de ella se come, pues de acuerdo con la delegación de la Conagua, en lo que va del año 280 millones de metros cúbicos de sus aguas han regado 20 mil hectáreas de cultivos en 17 municipios de la zona baja.

Al cierre del 13 de octubre, tenía 306 millones de metros cúbicos de almacenamiento y a la vez derramaba 28 metros por segundo.

Aunque tranquila, la presa es incertidumbre, porque existe la seguridad de que los efectos llegarán; aunque lejana -en la periferia de la ciudad- está presente porque sus frutos les llegan.

Sin embargo, nos es indiferente, porque rara vez la ven; pero en la localidad Los Ángeles Tetela, en la escuela “La Patria es Primero”, que alberga unos 130 niños a 200 metros de la laguna de aguas negras, alguien me dijo que la presa espera de nosotros algo mejor, porque cuando algo está sucio no tiene por qué seguir igual.

Sobre Héctor Llorame @HectorBLN

Héctor Llorame @HectorBLN
Reportero de Política de Ángulo 7. También hago foto y radio amateur. Obstinado, escéptico, perfeccionista e introvertido. Fan de David Bowie, Daredevil y Jorge Ibargüengoitia.
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