Hace un año, la Procesión del Viernes Santo había reunido a 180 mil personas en las calles de Puebla; este 2026, juntó cerca de 195 mil creyentes, quienes salieron a acompañar a sus santos devotos. La imagen más esperada era, sin duda, la del Señor de las Maravillas. Sin embargo, él no logró llegar a tiempo a la Catedral para iniciar la caminata junto a las demás figuras, que debía comenzar a las 12 del día.
Desde las 11 de la mañana, las imágenes comenzaron a llegar a la principal iglesia de la capital poblana. Las calles aledañas ya estaban abarrotadas de feligreses que esperaban con fervor, haciendo frente al sol implacable.
Sobre Reforma y 16 de Septiembre, como cada año, se había designado una calle exclusiva para personas con discapacidad y adultos mayores, un gesto de inclusión en medio del bullicio sagrado.
Muy temprano, se podía ver a personas que tenían algo que agradecer. Ana, por ejemplo, entregaba chocolates con una imagen del Niño Doctor a los niños más pequeños. Al preguntarle la razón, explicó con sencillez que no era por nada en especial, solo por devoción. Ello debido que, aseguró, no solo se da cuando Dios te ha dado algo.
Inicio de la Procesión de Viernes Santo en este 2026
El primero en entrar a la Catedral fue Jesús de la Misericordia, proveniente del Templo de la Compañía. Vestía de blanco con rojo, llevaba un pañuelo, falda y pantalón negros. Se trata de una figura de bronce cargada por hombres, adornada con flores rojas y acompañada por una banda de gaitas.
Detrás de él, llegó del Templo del Carmen la Virgen de los Dolores, encabezando las imágenes de los siete dolores de la Virgen María. Fue recibida con el sonido seco de las matracas. Eran las mujeres quienes encabezaban los cánticos y las oraciones, junto con la orden de las carmelitas, que portaban grandes escapularios y ramos de flores rosas.
Más tarde apareció Jesús de las Tres Caídas, del Templo del Santo Ángel Custodio de Analco, conocido popularmente como “el otro lado del río”. Era un santo venerado por los indígenas de Puebla y su templo está ubicado en esa zona.
La imagen muestra a Cristo caído en tierra con el peso de la Santa Cruz, en un esfuerzo notable por levantarse. Ello, como recordatorio de que siempre hay fuerza para continuar hacia la salvación.
Lo acompañaban mujeres con velo blanco que portaban cruces donde se leían palabras duras: narcotráfico, feminicidio, extorsión, corrupción. La hermandad de porteadores rodeaba a este Cristo de tez clara, y en su base había flores de colores y un manteado con diseños de Talavera.

Señora de la soledad y el Niño Doctor de Tepeaca
Luego vino la Señora de la Soledad, del Templo de la Soledad. A su alrededor, mujeres de la cofradía tocaban tambores, matracas, caracoles marinos y entonaban cantos antiguos. Su imagen data de 1706, y cuenta la leyenda que fue el regalo de un esclavo mulato a su amo por años de servicio fiel.
Las mujeres, vestidas de negro con largos velos transparentes de varios metros, llevaban un manto negro con motivos dorados y portaban cirios e incensarios. También había monaguillos disfrazados de ángeles, y un estandarte blanco ondeaba sobre la cofradía, cuyas integrantes iban vestidas a la usanza sevillana.
Desde la iglesia de Tepeaca llegó el Santo Niño Doctor, escoltado por policías municipales y una banda de música. Sus portadores eran hombres con escapularios rojos, y la base de la imagen iba adornada con flores rojas y blancas.
Los Santos que se incorporaron
Tanto el Señor Jesús Nazareno como el Señor de las Maravillas, fueron acompañados de la cofradía de los nazarenos, de la parroquia de San José.
Sin embargo, no lograron llegar a la Catedral, la multitud se conglomeró y la imagen tuvo que incorporarse directamente sobre la calle 4 Poniente.
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Mensaje del arzobispo
Antes de que saliera la procesión, a las 12:30 h, el arzobispo de Puebla, Víctor Sánchez Espinoza dio su primer mensaje: pidió no responder a la violencia con más violencia y afirmó que el amor debe predominar en los corazones. Luego, él mismo encabezó la Procesión de Viernes Santo de este 2026 y saludó a los creyentes.
A la cabeza, iba la imagen del Niño Doctor con su banda de música, mientras los fieles lo veneraban con cantos. La segunda imagen en recorrer su camino fue la Virgen de la Soledad. A su paso, un padre iba bendiciendo a las personas y repetía: “El Señor los bendiga y la Madre nos cubra con su manto”. Entre los espectadores, algunas madres incitaban a sus hijos a gritar porras a los santos que pasaban.
Las matracas y las caracolas marinas anunciaban entonces que se acercaba Jesús Nazareno del Templo de Analco. El tercero en la procesión era el Señor de la Misericordia. Sus porteadores tenían relevos y, entre ellos, se preguntaban si aún estaban en condiciones de continuar. El cuarto lugar era para la Señora de los Dolores, del Templo del Carmen. Las carmelitas caminaban con sus matracas, representando los dolores: Jesús descolgado del sepulcro.
Vale decir que, en el cruce de 4 Poniente y 7 Norte, los porteadores tuvieron que hacer un relevo urgente porque la imagen estuvo a punto de caerse debido a la ciclopista. La gente los animó con gritos de aliento.
Final de la Procesión de Viernes Santo en este 2026
El quinto era la cofradía de los nazarenos que llevaba al Nazareno de San José. Iban vestidos de negro, algunos encapuchados, sosteniendo cirios rojos y cruces. Aunque el Señor de las Maravillas de Santa Mónica no llegó a tiempo a la Catedral, finalmente se incorporó en el tercer lugar del recorrido, cargado también por nazarenos.
La última imagen fue la del Señor de las Tres Caídas, acompañado por una banda de guerra. Mientras avanzaba, se escuchaban cantos como “Perdona a tu pueblo, Señor”. La gente sostenía en alto sus propias imágenes del Señor de las Tres Caídas, en un gesto de devoción íntima y colectiva a la vez.
Para concluir el camino, la procesión llegó a la tradicional Calle del Silencio, sobre avenida Reforma, entre la 9 y 7 Norte. Fue entonces cuando las matracas, las caracolas, los tambores y todas las músicas cesaron de golpe, en un respeto profundo hacia las personas con discapacidad y a aquellos que no toleran el ruido.
Cabe señalar que no había muchas personas con discapacidad en la calle del silencio.
Solo quedó el rumor de los pies descalzos, el roce de los cirios y el susurro de las oraciones.
Más adelante los esperaría de nuevo la Catedral, para recibir el último mensaje del arzobispo y una larga caminata a sus templos de origen.





