Las narrativas sobre las personas con discapacidad deben ser transformadas en las instituciones para modificar la concepción que se tiene de ellas y comenzar a pensar en términos de diversidad funcional; es decir, reconocer que no todos los cuerpos y mentes deben ser iguales, con el objetivo de eliminar progresivamente las barreras.
El Centro Poblano de Salud Mental Integral para Niñas, Niños y Adolescentes (Ceposami), cuya titular es Umi Choda, fue la sede de la presentación del libro “Paráfrasis Cerebral”.
Durante el evento, Kike Vázquez y Luz Zenteno, autores del libro, dialogaron con el público sobre diversas dudas y narrativas relacionadas con tabúes, y barreras institucionales que enfrentan las personas con discapacidad.
Con la intención de romper la solemnidad con la que suelen realizarse los foros sobre este tema, Kike Vázquez, quien tiene parálisis cerebral, enfatizó que tener discapacidad no es una tragedia.
Señaló que dicha percepción no contribuye a que la sociedad acepte que la concepción dominante sobre la discapacidad sirve para legitimar narrativas. Ejemplo de ello es: las personas “no sirven” porque supuestamente “no pueden integrarse a la producción”.
Resaltó que siempre se invisibiliza a quienes han hecho grandes aportes a la humanidad, como Alan Turing, creador de la computadora, quien era una persona con autismo.
Una mejor narrativa: “diversidad funcional” y no “discapacidad” o “capacidades diferentes”
En la actividad también se destacó la necesidad de comenzar a normalizar la existencia de diversas funcionalidades de mentes y cuerpos. Se subrayó que utilizar eufemismos no es una forma de inclusión. Por ejemplo:
Decir “capacidades diferentes” no aporta un significado claro, porque todas las personas poseen capacidades distintas. Algunas son hábiles para aprender idiomas, otras para las matemáticas, otras más para el baile, entre muchas otras.
Se agregó que “no hay un estándar de capacidades” ni tampoco “capacidades especiales”, como se aborda en otras narrativas de personas con discapacidad. Señaló que ese tipo de pensamiento invisibiliza que las personas aprenden a diferentes ritmos y de distintas formas.
Si existen dificultades para aprender, adaptarse o moverse, no es porque las personas no puedan, sino porque hay limitantes en el entorno, en la educación y en la convivencia.
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La diversidad funcional no es de “seres multidimensionales”
Una narrativa común de las personas con discapacidad es aquella que presenta a las personas con diversidad funcional como seres de otra dimensión. Por ejemplo, cuántas veces se ha escuchado decir: “son unos angelitos”, “son seres de luz que vienen a darnos lecciones”.
Esta concepción lleva a tipificar a las personas con discapacidad y a excluirlas de la pertenencia al simple hecho de ser personas que forman parte de una comunidad mucho más común de lo que nos han hecho creer.
Esta actitud es capacitista. Señalan que se trata de un prejuicio que dice:
“Esto es normal y esto otro no”, cuando en realidad no existe un cuerpo normal como dicen las narrativas hacia personas con discapacidad. Lo que hay es el funcionamiento de un cuerpo al que debo conocer para saber cuál es su normalidad.
La diversidad funcional: un problema social y no individual
Luz Centeno y Kike Vázquez remarcaron que es necesario entender que el problema es social, y que se requieren políticas públicas surgidas desde las personas que viven día a día las barreras.
Regalar sillas de ruedas, muletas o brindar apoyos particulares son solo paliativos y no resuelven los problemas de fondo.





