Detrás de cada uniforme, mirada firme y saludo marcial, hay una vida que cambió de rumbo; estas son las historias de Karla López Jiménez y Edgar Guzmán Calderón, egresados de la Academia de Policías de la ciudad de Puebla.

La ceremonia de graduación de la generación número 47, además de ser un acto protocolario para sumar 55 nuevos cadetes a las filas de la corporación, también significó la culminación de meses de encierro, sudor y una transformación.

Decenas de historias de hombres y mujeres que decidieron dejar la comodidad de sus antiguos empleos por el llamado del servicio público.

Para Edgar Guzmán Calderón, de 29 años, el camino hacia el estrado de graduación significó desempolvar un anhelo de la infancia. Antes de portar la placa, su día a día transcurría entre anaqueles, inventarios y reportes como jefe de almacén en una empresa farmacéutica.

Dejar la estabilidad de una oficina para someterse a la estricta disciplina policial no fue sencillo. Edgar confiesa que “iniciar con la rutina” y adoptar el rigor del cuartel fue el reto más complejo de este proceso, pero hoy, a casi una década de haber entrado a la adultez, logró cumplir el sueño que guardaba desde niño.

Disciplina física y mental: el reto de pasar de las aulas al cuartel y servicio público

Una experiencia de reinvención similar la vivió Karla López Jiménez. Con una licenciatura en Cultura Física, su entorno natural eran las escuelas y las actividades recreativas. La egresada se dedicaba formalmente a organizar campamentos de veranopara niños antes de ingresar a la academia de policías en Puebla.

Aunque el ejercicio no le era ajeno, Karla descubrió que la formación policial exigía un nivel completamente distinto de resistencia. Para ella, lo verdaderamente difícil de la academia fue aprender a ser constante día con día, enfrentando un entrenamiento que la puso a prueba tanto física como mentalmente hasta moldear su nueva identidad como oficial de carrera.

El esfuerzo de estos 55 nuevos elementos no sólo se midió en el desgaste de las botas, sino también en el plano administrativo.

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Durante su estancia formativa, los cadetes mantuvieron sus estudios respaldados por un estímulo económico correspondiente a 8 mil 364 pesos mensuales. Esta fue inversión destinada a garantizar su permanencia y concentración absoluta en los manuales de táctica, legalidad y derechos humanos al frente del servicio público.

Hoy, la generación 47 rompió filas para incorporarse de manera inmediata a los cuadrantes y comandancias de la ciudad. Edgar dejó atrás los medicamentos y las bodegas, mientras que Karla cambió las dinámicas infantiles por la estrategia comunitaria. Asimismo, junto a sus 53 compañeros, salieron a las calles con una sola misión: proteger a los ciudadanos bajo la promesa de que el sacrificio valió la pena.

Reportero para el portal Ángulo 7, licenciado en comunicación por parte de la BUAP, apasionado de los deportes especialmente del fútbol nacido en Ciudad Serdán, Puebla