Santa María Tonantzintla, junta auxiliar de San Andrés Cholula, se suma también a la devoción de la Semana Santa, con la elaboración de un tapete monumental.

La organización es por calle, y cada una tiene sus propias reglas, definidas por “el mayor”, como llaman a la persona que organiza y dirige la elaboración de esta obra de arte.

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Llama especialmente la atención la de Avenida Revolución, paralela a la iglesia de la plaza Priscila, que lleva el mismo nombre.

Aquí, a diferencia de la calle Benito Juárez (perpendicular y justo a un lado del templo), los vecinos trabajan en colectivo.

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Desde las 6 horas, según constató Ángulo 7, comienzan a hilar para que el tapete quede justo en medio de la calle curva de Tonantzintla.

Los tapetes monumentales de Santa María Tonantzintla: color, tradición y comunidad
Calle adornada con tapetes. Credito: Natalia Romero

Niños y adultos predominan en la elaboración de esta obra de arte, que se arma con la participación de 35 familias que habitan esta calle.

La vestimenta no importa: los más pequeños salen en pijama, mientras que los mayores, como es común en los pueblos a esa hora, ya están cambiados e incluso desayunados.

Aquí aún persiste la división del trabajo entre hombres y mujeres. Ellos, adultos y niños, acarrean el aserrín pintado; ellas preparan los alimentos y reparten las bebidas, aunque algunas participan en ambas tareas.

Así llevan a cabo la organización para los tapetes en Tonantzintla

Son más de 500 metros lineales, los que abarca el tapete de esta calle, los colores son únicos desde fucsia, amarillo, naranja, azul marino, azul, celeste, verde bandera y pasto, café, negro y blanco.

Todos son puestos, con bastante curiosidad y proporción de vida, para que cada una de las imágenes como el Sagrado Corazón de Jesús, Cristo cargando su cruz, las palomas y entre otras busquen en medio de cada tramo.

Así el día avanza y con él, el calor. A pesar de las gorras y sombreros, todos comienzan a quemarse con el sol. Aun así, la devoción es más fuerte y no cesan.

Este año, a Noé Varela le tocó ser “el mayor”. Él reunió y organizó todo lo necesario para que su calle siga siendo una de las que más sobresalen en estos festejos.

Se enoja y dirige. En su rostro se observa la mirada de concentración mientras recorre la calle para que no quede ni un pedazo de alfombra sin cubrir de aserrín.

Conforme avanzaba el día, el agua de jamaica y la cerveza se hicieron presentes. “Para alivianar”, decía uno de la comunidad.

Era cerveza XX Lager, en cuyo envase se derramaba la escarcha y el sudor provocados por el choque térmico entre el frío y el calor.

Solo se escuchaba el gemido de satisfacción de quienes bebían esa bebida de cebada.

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Testimonios

Una nube amenazó con arruinar el festejo. Sin embargo, cerca de las tres de la tarde, todos los hombres comenzaron con nuevas fuerzas para acarrear los costales de aserrín; niñas y los demás se sumaron para evitar que la lluvia arruinara la fiesta.

Mientras realizaban esta tarea, otros aprovechaban para barrer y juntar el aserrín suelto tras las maniobras.

En esta calle, la unidad es lo que permea. Así lo cuenta Javier Varela, padre de Noé, quien también ha sido organizador de esta celebración religiosa.

Tiene 55 años. Mientras barre un tramo de la Avenida Revolución, cuenta que lleva 15 años participando en esta actividad.

Los tapetes monumentales de Santa María Tonantzintla: color, tradición y comunidad
Tapete monumental. Credito: Natalia Romero

Para él, esto es una ofrenda a Dios. Sus padres le enseñaron a creer. Dice que cada color que se pone en la alfombra representa el pan que llega a su mesa.

Antes de eso, contó que ha participado en la procesión del Viernes Santo que se organiza en Tonanzintla, con el papel de ladrón.

“Somos personas como nosotros que empezamos de nada y nos acusaron de habernos robado algo. A la par de Jesucristo también nos torturaban aquí en Tonanzintla. No hay un Dios que se le pegue durante el viacrucis, es la imagen y un señor cargando la cruz. En cambio, a los ladrones, sí. A mí me tocó que me golpearan a los 29 años”.

Comparte la tradición con sus nietos

Para él, la religión es importante. Busca inculcarla a sus nietos, que también se suman a la elaboración del tapete en Tonantzintla. No teme que las nuevas formas de pensamiento acaben con esta tradición: “Algún día todos los jóvenes que no se suman hoy tendrán que necesitar de Dios”.

Con overol, cabello largo y gorra negra, Vicente es otro de los hombres adultos que participan en la elaboración de la alfombra. Lleva 20 años sumándose a este encuentro; antes estuvo en Estados Unidos viviendo el “sueño americano”.

Regresó para cuidar a su padre, quien ahora tiene 93 años. Prefirió pasar los años que le quedan con él y cuidarlo, porque no todos le dedican la atención necesaria, señaló a este medio.

Vicente es muy movido, alegre, sereno y fuerte. Invitó a sus sobrinos a participar en este encuentro religioso que convoca a toda la calle. Para él, esto significa crear comunidad y pensar en las familias.

Comida por los tapetes monumentales de Santa María Tonantzintla

Todo termina en casa de “el mayor”, Noé, y su familia, quienes ofrecen una pequeña comida por toda la calle. Todos llegan con sus bebidas, bolillos y tortillas, a esperar el plato de mole.

Después de un día de duro trabajo, se reúnen y comen en silencio. Poco a poco avanza la plática, conforme los alimentos se van digiriendo. Ya más entrada la tarde, comienzan la bulla y las risas.

Noé llega con una rejilla de refrescos y cervezas, lo que reanima el ambiente. Al fondo se escucha una tambora y una flauta. “Son los judíos”, dicen, e inmediatamente: “Ya vienen por ti”.

Esa procesión sirve para reclutar a todos los que participarán en el viacrucis del Viernes Santo, sobre todo a quienes harán el papel de ladrones.

El chiste causa muchas risas, señalamientos entre los vecinos y alusiones a los más pecadores.

La procesión inició a las seis de la tarde. Por eso, el banquete se da desde las cuatro, para esperar que pase la imagen de Dios y así, de nueva cuenta, iniciar los festejos de Semana Santa.

Reportera del portal Ángulo 7 para Las Cholulas. Estudió la licenciatura de Lingüística y Literatura Hispánica en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. En proceso de ser cronista de no ficción.