Desde temprano, la zona arqueológica de Cholula comenzó a llenarse de visitantes, con motivo del Equinoccio 2026. El sol caía directo sobre la explanada mientras grupos avanzaban lentamente, muchos vestidos de blanco, otros con cámaras listas para capturar el momento.
El aire estaba cargado de incienso, comida y tierra caliente. Entre los senderos, el sonido de tambores se mezclaba con murmullos, risas y el llamado constante de quienes ofrecían experiencias espirituales para “recibir la energía” de la primavera.
A un costado de la pirámide, los llamados “sacerdotes espirituales” comenzaban a instalarse. Extendían mantas, acomodaban figuras, encendían el copal y preparaban hierbas. El movimiento era pausado, casi ceremonial, mientras esperaban a los primeros interesados.
Yoshue, con 36 años en esta práctica, observaba el flujo constante de personas. Con manos firmes y voz tranquila, explicaba cada ritual a quienes se acercaban. Recordó que el año pasado llegaron cerca de 10 mil visitantes a San Pedro Cholula.
Dijo que aprendió el oficio de su bisabuelo y que ahora sus hijos también participan. Sin embargo, reconoció que la tradición comienza a perderse con el paso del tiempo, pese al interés que aún despierta entre turistas.
Del otro lado de la pirámide, en San Andrés Cholula, Marcos ofrecía una experiencia distinta. Su penacho, la pintura corporal y los accesorios llamaban la atención de quienes buscaban algo más visual. Aseguró que este año la demanda fue constante durante toda la jornada.
Ambos coincidieron en que no se trata solo de “limpias”, sino de rituales de renovación vinculados al inicio de la primavera, enfocados en salud, dinero y bienestar personal.
Afluencia en festival Equinoccio 2026 en Las Cholulas
Conforme avanzaban las horas, la afluencia aumentó. Familias completas, grupos de jóvenes y turistas extranjeros recorrían cada espacio disponible. Algunos esperaban turno para participar en los rituales; otros simplemente observaban.
Los “sacerdotes espirituales” no cobran por sucesión, sino que piden una cuota de cooperación voluntaria.
El 21 de marzo de 2026, fecha central del Equinoccio, fue el punto más alto en las Cholulas. La explanada y sus alrededores lucieron saturados, con filas que se extendían entre puestos, sahumerios y espacios de ceremonia.
La escena combinaba tradición, espiritualidad y turismo en un mismo lugar. Las manos alzadas hacia el sol, los círculos de personas alrededor de los rituales y el humo elevándose creaban una imagen constante durante el día.
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Derrama económica impulsa ventas para comerciantes locales
En medio de esta dinámica, el impacto económico comenzó a sentirse en cada puesto.
Diego, comerciante de helados y nieves, apenas tenía tiempo para detenerse. Entre servir y cobrar, contabilizó la venta de más de 150 productos durante los días del festival. Señaló que el 21 de marzo fue la jornada con mayor movimiento.
A unos metros, Miriam, quien comercializa pan artesanal en San Andrés Cholula, vivía una escena similar. Sus ventas se triplicaron en comparación con días habituales. “No nos damos abasto”, comentó mientras atendía a clientes formados frente a su mesa.
De acuerdo con un sondeo realizado por Ángulo 7, la cartelera cultural y artística organizada por ambos municipios atrajo a miles de visitantes, lo que se reflejó directamente en el incremento de ventas.
Entre los productos más solicitados destacaron micheladas, blusas tradicionales, sombreros, artesanías y objetos de piedra, que cambiaban de manos constantemente a lo largo del día.
El flujo de personas permitió que distintos giros comerciales registraran ingresos superiores a los habituales, consolidando al Equinoccio 2026 como una de las temporadas más importantes para la economía local.
Además, el evento reforzó a las Cholulas como un punto estratégico para el turismo cultural en Puebla, donde la tradición no solo se preserva, sino también se traduce en sustento para cientos de familias.





