Una académica especializada en arquitectura de la Ibero de Puebla explicó que las inundaciones registradas el pasado 28 de junio en el Centro Histórico de Puebla, tras las intensas lluvias en el estado, se deben al rezago y el deterioro de la infraestructura hidráulica acumulada durante décadas en esta zona de la ciudad. 

Así lo compartió este 29 de junio Angélica Pérez Ramos, investigadora del Departamento de Arte, Diseño y Arquitectura (DADA) de la Ibero Puebla. 

A través de un comunicado, la académica compartió que algunas de las causas de este deterioro en la construcción del Centro Histórico son: el crecimiento urbano, la reducción de áreas de absorción natural y los efectos del cambio climático. 

Asimismo, señaló que, en las recientes afectaciones, confluyen deficiencias en la planeación urbana, la gestión ambiental y la capacidad del sistema de drenaje. 

De acuerdo con el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), el pasado 28 de junio se registraron 75 milímetros de lluvia en Puebla. Esta cantidad ubica al fenómeno dentro de la categoría de lluvia intensa a extraordinaria. 

En la capital poblana se acumularon hasta 62 milímetros de agua en las vialidades principales. Además, en esta misma área se presentaron granizadas, fuertes rachas de viento y caída de árboles, hechos que provocaron la muerte de una persona.

Por ello, Pérez Ramos explicó que uno de los factores que agravan las inundaciones es la acumulación de residuos sólidos en las calles. Lo anterior junto con el bloqueo de alcantarillas y bocas de tormenta. 

Esto reduce la capacidad de desalojo del agua pluvial y favorece la formación de encharcamientos. No obstante, subrayó que el origen del problema va mucho más allá de la basura.

Te puede interesar:

Infraestructura de Centro Histórico para una población menor a la actual

La investigadora indicó que las inundaciones y afectaciones en la zona se deben a que la infraestructura hidráulica del Centro Histórico de Puebla fue diseñada para una ciudad con una población y una extensión urbana mucho menores a las actuales. 

Con ello, la capacidad de conducción del sistema de drenaje ha sido rebasada por el crecimiento de la capital.

Añadió que en distintas zonas del primer cuadro de la ciudad aún operan componentes del sistema de drenaje con varias décadas de antigüedad. Incluso señaló que se han encontrado vestigios de infraestructura hidráulica construida desde el siglo XIX. 

Aunque algunos tramos han sido renovados, la sustitución se realiza de manera gradual y aún existen segmentos que requieren modernización.

La especialista también destacó que la urbanización ha reducido significativamente las áreas de absorción natural del agua. 

Además, el aumento de superficies pavimentadas e impermeables impide la infiltración hacia los mantos acuíferos. Esto a su vez provoca que mayores volúmenes de lluvia escurran hacia el drenaje, incrementando la presión sobre una red al límite de su capacidad.

A este escenario se suma el cambio climático, que ha modificado los patrones de precipitación y favorecido lluvias más intensas y frecuentes, capaces de rebasar la capacidad operativa de los sistemas hidráulicos existentes del Centro Histórico de Puebla y ocasionar inundaciones. 

Te puede interesar:

Estrategias para prevenir daños por lluvias

En este contexto, la académica sostuvo que la solución debe abordarse desde una estrategia integral que combine acciones inmediatas y de largo plazo. Entre las medidas prioritarias mencionó una mejor gestión de los residuos sólidos. 

También, señaló la separación adecuada de la basura, el mantenimiento preventivo, el desazolve permanente de la red pluvial y la modernización de la infraestructura hidráulica.

Asimismo, consideró necesario replantear las prioridades de inversión pública para fortalecer tanto las zonas turísticas como las colonias periféricas. Esto al señalar que el funcionamiento del sistema urbano depende del estado de toda la red de infraestructura y no únicamente de áreas específicas.

Finalmente, Pérez Ramos afirmó que las inundaciones representan un desafío urbano y ambiental que requiere la participación coordinada de autoridades, especialistas y ciudadanía. De esta forma, se puede construir una ciudad más resiliente frente al crecimiento urbano y los efectos cada vez más visibles del cambio climático.