La 4T es expresión de un “mito político unificador” mexicano que es, al mismo tiempo, la cara de una ideología que logró, a partir del 2018, cumplir el cometido de legitimar el
poder de unos sobre otros. Esta legitimación del poder sólo fue posible cuando la “unidad nacional” pudo ser construida no solo a través del discurso.
El mito político unificador contiene la imagen simplificada del mundo (izquierda-
ultraderecha, soberanistas-traidores) que los actuales gobernantes necesitan. Una
imagen que ha sido incorporada sentimentalmente más que en pensamientos precisos.
Una imagen que sirve como un mapa para guiar los comportamientos de los mexicanos hacia la obediencia a sus autoridades. Una imagen que tiene una significación directa para la política, ya que gobierna la conducta del “pueblo”.
Discursivamente, la 4T funciona como un “mito político unificador”, al proponer imágenes que se han convertido en creencias comunes. Creencias que han logrado afianzar un orden político. Con el apoyo de la narrativa fincada en el lema de “por el bien de todos, primero los pobres”, se han legitimado las relaciones políticas en que los
transformacionistas han ganado el derecho a gobernar.
Lo específico de la 4T como mito político moderno -que la hace distinta a los mitos a
secas- es que se ha desarrollado en un escenario político, usa un lenguaje político y se
dirige a suscitar acciones políticas. La pretendida connotación global de la política que
pretende ser válida para toda una sociedad proviene de su ambigüedad y ambas
características, globalidad y validez, se muestran plenamente en el mito político
unificador.
El pueblo mexicano, elevado a héroe
Una característica relevante del mito político unificador es su “colectivización”. Frente a
los héroes individuales -Miguel Hidalgo, José María Morelos, Josefa Ortíz, Leona Vicario, Benito Juárez, Gertrudis Bocanegra, Manuela Medina ‘La Capitana’, Francisco I. Madero, López Obrador, etc.,- la 4T ha elevado, a la categoría de héroe a una personalidad colectiva: “el pueblo mexicano”.
Sobre la capacidad movilizadora de la 4T tenemos varios ejemplos de multitudinarias
marchas y mítines que ha realizado desde, al menos, 2018. Otros ejemplos son las
acciones electorales y el reiterado canto del Himno Nacional que prepara para la pasión, que es la forma de afirmarse existencialmente, es decir, el costo a pagar por la
pervivencia histórica de la colectividad; el canto del himno nacional proporciona esperanza y fe en lo que ha de venir, sostiene en los desfallecimientos, hace potenciar el esfuerzo, promueve el heroísmo o el martirio, etc.
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Liminaridad del mito de la 4T
Otras características relevantes del mito de la 4T son su liminaridad, esto es, se encuentra
en el umbral, entre una cosa que se ha ido (régimen prianista) y otra que está por llegar
(nueva república), y la ambigüedad.
En cuanto a la liminaridad, el mito de la 4T se reitera discursivamente como una situación que se transforma en otra y que los rituales cívicos intentan actualizar, ya que nada es imposible, sobre todo, el orden creativo y de reestructuración en contra del caos y la destrucción neoliberal. De esta manera, el mito de la 4T es un principio formador de conciencia social y creador de las estructuras del actuar y del pensar.
Ambigüedad del mito de la 4T
La ambigüedad del mito de la 4T se presenta en el lenguaje, en el relato, en las
situaciones morales y en su contenido. Esto lo hace portavoz de un específico lenguaje
simbólico.
El mito de la 4T ha mostrado tener un dotado poder de adaptación y de una plasticidad extraordinarios. Junto al deseo colectivo personificado, al empleo semántico y mágico de la palabra, a la utilización de ritos, la 4T se ha hecho acompañar de un método que pretende ser científico y filosófico. Los políticos transformacionistas saben muy bien que a las grandes masas las mueve mucho más fácilmente la fuerza de la imaginación que la pura fuerza física. Y este saber lo usan ampliamente.
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Finalmente mencionaré que el poder de la narrativa de la 4T se consolida al dar cuenta de las cuatro transformaciones siguientes: el origen de las instituciones, el nacimiento del poder, las leyes que reglamentan las relaciones entre los hombres (igualdad) y, finalmente, de su porvenir.
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