El 5 de mayo de cada año, se convierte en una fecha celebrada en México y en el extranjero. Desfiles, discursos oficiales, publicaciones en redes sociales. Sin embargo, entre la ceremonia y la costumbre, se diluye lo esencial: no hemos terminado de comprender lo que realmente ocurrió en 1862… ni lo que debería significar hoy.
La Batalla de Puebla no fue simplemente un triunfo militar improbable frente a una de las potencias más importantes del siglo XIX. Fue, sobre todo, una lección estratégica, política y social profundamente vigente. Un país fragmentado, con limitaciones económicas severas y con divisiones internas, fue capaz de articular una defensa efectiva no solo por sus armas, sino por su cohesión en torno a un propósito común. Ese es el primer aprendizaje que hemos olvidado: las grandes victorias no nacen de la fuerza, sino de la claridad de propósito compartido.
El Ejército de Oriente, que enfrentó a las tropas francesas el 5 de Mayo, no era homogéneo ni plenamente profesional. Estaba compuesto por soldados regulares, milicias e indígenas serranos que, en muchos casos, no luchaban por una abstracción llamada “nación”, sino por algo más concreto: su territorio, su dignidad y su forma de vida. Esa conexión entre lo local y lo nacional fue decisiva. Y es justo rememorar al Sexto Batallón de la Guardia Nacional del Estado de Puebla, compuesto por cuatro compañías de Tetela de Ocampo, una de Xochiapulco y una del distrito de Zacapoaxtla, donde el entonces capitán Manuel Molina – mi ancestro- ocupó el puesto de honor y gloria al enfrentar primeramente a los bravos zuavos, siendo constatado este hecho por los presidentes Benito Juárez y Porfirio Díaz.
Ignacio Zaragoza
En contraste, hoy vivimos una fragmentación distinta, una desconexión entre ciudadanía y proyectos colectivos han debilitado nuestra capacidad de acción conjunta. Conmemoramos la batalla, pero ignoramos la condición que la hizo posible: la unidad en medio de la diversidad.
El segundo aprendizaje es estratégico. Ignacio Zaragoza no ganó por tener más recursos, sino por entender el terreno, anticipar al adversario y aprovechar sus errores. La historia suele romantizar la valentía, pero omite la inteligencia detrás de las decisiones. No fue un acto de improvisación heroica, sino de cálculo preciso.
En el México actual, enfrentamos desafíos complejos internos y externos, sin embargo, muchas de nuestras respuestas siguen siendo reactivas, fragmentadas o de corto plazo. La lección de Puebla es clara: no basta resistir, hay que pensar estratégicamente.
Pero quizá el punto más ignorado es el del reconocimiento. Muchos de los actores clave de aquella jornada, particularmente los pueblos indígenas que participaron en la defensa, no fueron plenamente reconocidos en su momento. La historia oficial simplificó el relato, reduciendo la complejidad de quienes hicieron posible la victoria.Sin embargo, es preciso resalta que recientemente el H. Congreso del Estado de Puebla, declaró el 17 de Mayo de cada año, como el Día del Benemérito Ejército de Oriente y saldó una deuda histórica, al declarar como Benemérito del Estado de Puebla al coronel Manuel Molina, participando quién suscribe, en ambos procesos
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La Batalla de Puebla
Así, la Batalla de Puebla no es solo un episodio del pasado, es un espejo del presente; nos recuerda que la soberanía no se defiende únicamente en el campo militar, sino en la capacidad de una sociedad para organizarse, reconocerse y actuar con inteligencia colectiva.
Quizá el verdadero problema no es que hayamos olvidado la batalla, es que la seguimos viendo como un evento aislado, cuando en realidad es una guía. Y mientras no entendamos eso, seguiremos celebrando una victoria… sin aprender de ella. Pues esta fecha debería ser una inspiración para que cada mexicano(a) actúe desde su trinchera personal, por la construcción de una mejor nación.
Luis Eduardo Torres Molina, liberal poblano con raíces serranas, es Licenciado en Relaciones Internacionales y Maestro en Administración de Empresas por la UDLAP. Preside la Sociedad de Defensores de la República Mexicana y sus Descendientes A.C., organización de carácter cultural. Es autor de obras como Breviario de Abadón (2013), La Transformación de la Sierra Poblana, a través de los ojos de un maestro liberal (2024), Breve Historia de la Masonería en el Estado de Puebla, siglo XIX (2025), entre otras. Además de coproductor del laureado documental Voces de la Sierra: Memorias del 5 de Mayo. Cuenta con más de 15 años de experiencia en la gestión y divulgación cultural, siendo por ello, reconocido en agosto de 2023 por el Senado de la República y en septiembre de 2025 por el Gobierno del Estado de Puebla.
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