El operativo de la Secretaría de la Defensa Nacional (Defensa) en contra de Nemesio “El Mencho” Oseguera Cervantes resultó en el deceso del fundador de una de las células delictivas más peligrosas y con mayor poder de expansión territorial en el mundo: el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG).
El golpe del pasado domingo 22 de febrero si bien representó uno de los mayores triunfos del Estado mexicano frente al crimen organizado, también abrió un desafío respecto a la reestructuración del CJNG. Aún queda el temor de volver a la violencia que se desencadenó con los operativos de Felipe Calderón, pero en esta ocasión hay elementos para ver un horizonte distinto.
La muestra llegó unas horas después de la muerte de El Mencho con el mensaje de “El Tuli”, que, tras conocer de su muerte, coordinó los bloqueos en Jalisco y lanzó una recompensa de 20 mil pesos por cada elemento de la Defensa muerto.
Horas más tarde, El Tuli fue acorralado por la Defensa y se sumó al grupo de líderes operativos del CJNG que fueron abatidos ese mismo domingo.
Aunque esto no quedó aquí. Al siguiente día, el lunes, las autoridades detuvieron a Christian N. alias “El Piter”, líder regional del CJNG en Acapulco. En Michoacán, detuvieron a 11 policías de Ecuandureo junto con el secretario de Seguridad, por su participación en los bloqueos de la organización criminal.
Este miércoles, las autoridades federales detuvieron en Tlaxcala a “El Hacha”, presunto líder del CJNG en Nayarit. No sorprendería que las detenciones de líderes regionales y locales continúen en los siguientes días.
Los actos delictivos derivados de la muerte de “El Mencho” continúan, es cierto. Pero también la respuesta de las autoridades se hace presente y debilita los intentos de reorganización del CJNG.
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¿Qué pasará con la franquicia CJNG sin “El Mencho”?
Es aquí donde entra la duda en torno al destino de la franquicia del CJNG sin “El Mencho”, su líder fundador, al frente. A las horas de su deceso empezaron los rumores sobre la persona que ocupará su lugar a la cabeza de la organización. Con ello, también habría reacomodos en toda la estructura.
Para entender los cambios en esta organización delictiva es necesario reconocerla de la misma forma que la agencia antinarcóticos de Estados Unidos la identificó. Esto es, como una organización que opera bajo el modelo de franquicias y vende su marca “CJNG” a las células y grupos delictivos locales.
Bajo ese modelo, esta organización logró extenderse por más de medio país en solo 15 años hasta llegar a lugares como Puebla, una entidad que hace pocos años se consideraba una “zona neutral” entre las diversas organizaciones criminales.
Aquí, el CJNG arribó con la misma estructura que reprodujo por todo el país: El Mencho como líder fundador; grupos armados de elite (La Operativa Barredora) que protegían la plaza; “apoyos” a los habitantes de zonas empobrecidas; vinculación con funcionarios locales; y una amplia cartera de actividades lucrativas que van desde el tráfico de drogas, la extorsión, el huachicol y hasta el lavado de dinero.
En ese contexto, sin El Mencho el CJNG puede perder sus franquicias en el país. Sin embargo, con una marca nacional o local, los operadores también pueden continuar reproduciendo sus actividades ilícitas y es ahí donde corresponderá al Estado actuar.





