En México, más de 2.1 millones de niñas, niños y adolescentes trabajan, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI); organismos como UNICEF estiman que el trabajo infantil ha afectado históricamente a millones de menores, constituyendo una violación directa a sus derechos fundamentales. [1]

En México, la esclavitud infantil incluye trata de personas, explotación sexual, mendicidad forzada y reclutamiento por el crimen organizado, fenómenos en aumento [2].

De acuerdo con informes de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y organismos civiles, entre 2017 y 2021 se registraron alrededor de 3,800 investigaciones por trata de personas, muchas vinculadas a menores de edad.[3]

La Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM) identificó en su balance anual de 2021 que el reclutamiento de menores por grupos criminales pudo alcanzar entre 150,000 y 250,000 casos tras la pandemia. Este análisis destaca que el aumento en la vulnerabilidad social provocó una mayor expansión del fenómeno en el país.[4]

Una forma contemporánea de esclavitud

Cada 16 de abril, el Día Internacional contra la Esclavitud Infantil nos obliga a mirar una realidad incómoda: en pleno siglo XXI, miles de niñas y niños en México siguen siendo tratados como mercancía.

Lejos de ser un problema del pasado, la esclavitud infantil se ha transformado. Ya no se limita a formas tradicionales como el trabajo agrícola o doméstico; hoy incluye dinámicas más complejas y menos visibles: explotación digital, trata con fines sexuales, utilización por el crimen organizado o mendicidad forzada. Estas prácticas no solo vulneran derechos, sino que destruyen trayectorias de vida completas.

Desde la perspectiva de los derechos humanos, la esclavitud infantil constituye una violación múltiple: afecta el derecho a la dignidad, a la educación, a la integridad personal, al desarrollo y, en muchos casos, a la vida misma.

México: entre avances normativos y realidades persistentes

México cuenta con un marco jurídico robusto. La Constitución, la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes y la legislación en materia de trata de personas prohíben de manera expresa cualquier forma de explotación infantil. Además, el país es parte de convenios internacionales como el Convenio 182 de la Organización Internacional del Trabajo, que obliga a erradicar las peores formas de trabajo infantil. Sin embargo, la brecha entre la norma y la realidad sigue siendo profunda.

La evidencia muestra que el problema no ha desaparecido, sino que se ha desplazado hacia espacios menos regulados: la informalidad, el entorno digital y las economías criminales. En estos ámbitos, la capacidad del Estado para detectar, prevenir y sancionar es limitada.

En México, la esclavitud infantil no puede entenderse sin analizar factores estructurales como la pobreza, la desigualdad, la violencia familiar y la falta de oportunidades. Estos elementos generan condiciones de vulnerabilidad que son aprovechadas por redes de explotación.

Nuevas formas de esclavitud infantil: digitalización y crimen organizado

Uno de los fenómenos más preocupantes es la evolución de la esclavitud infantil hacia entornos digitales. Hoy, niñas y niños pueden ser captados a través de redes sociales, engañados con promesas económicas o manipulados emocionalmente para ser explotados.

Paralelamente, el crimen organizado ha encontrado en la niñez una población estratégica. El reclutamiento forzado, incluso desde los 8 años, muestra un grado extremo de degradación social. Los menores son utilizados como halcones, mensajeros o incluso sicarios, bajo esquemas que reproducen dinámicas de esclavitud contemporánea. Esto plantea un desafío central: las instituciones diseñadas para proteger derechos no han evolucionado al mismo ritmo que las formas de explotación.

El enfoque de derechos humanos: de la reacción a la prevención

El enfoque de derechos humanos obliga a replantear la forma en que se aborda este problema. No basta con reaccionar ante casos visibles; es necesario construir sistemas de prevención estructural. Esto implica reconocer a niñas, niños y adolescentes como titulares de derechos, no como objetos de asistencia. Tampoco es válido verlos como objetos de protección sino como sujetos de derechos, es necesario la exigencia de políticas públicas integrales que articulen educación, protección social, seguridad y justicia.

La esclavitud infantil no es solo un delito: es un síntoma de fallas institucionales y sociales profundas, por lo anterior es necesario no solo señalar, sino mas importante es proponer a los siguientes agentes lo siguiente:

1. Sociedad civil: vigilancia comunitaria y denuncia estructurada. Las organizaciones y comunidades deben construir redes de detección temprana en espacios cotidianos (escuelas, mercados, colonias). No se trata solo de denunciar casos aislados, sino de documentar patrones de explotación y presionar institucionalmente para su atención.

2. Gobierno: sistemas de alerta temprana y persecución estratégica. El Estado debe implementar mecanismos como protocolos de alerta temprana interinstitucional, que integren datos de educación, salud y seguridad para identificar riesgos antes de que se materialicen. Además, es indispensable priorizar la investigación de redes de explotación, no solo de casos individuales.

3. Sector académico: generación de evidencia aplicada. Las universidades deben dejar de producir únicamente diagnósticos y avanzar hacia modelos predictivos y herramientas operativas que permitan identificar zonas, perfiles de riesgo y dinámicas emergentes (especialmente en entornos digitales).

Lo anterior nos debe obligar a reflexionar lo siguiente

Erradicar la esclavitud infantil en México no es solo un imperativo legal, sino una condición básica para cualquier proyecto de país democrático. Mientras una niña o un niño sea explotado, el Estado de derecho es incompleto y no está funcionando. El reto no es menor: implica enfrentar intereses económicos, estructuras criminales y prácticas sociales normalizadas. Pero también representa una oportunidad: la de reconstruir un modelo de protección que coloque verdaderamente a la niñez en el centro.

Aquí te comparto nuestra colaboración en radio, donde abordamos precisamente el día internacional contra la esclavitud infantil

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[1] https://www.unicef.es/causas/trabajo-infantil

[2] https://tejiendoredesinfancia.org/sala-de-prensa/reclutamiento-forzado-infantil-y-juvenil/#:~:text=30%20de%20abril%20de%202025.%2D%20Desde%20Tejiendo,adolescente%2C%20ofreci%C3%A9ndoles%20promesas%20de%20dinero%20r%C3%A1pido%20y

[3] chrome-extension://efaidnbmnnnibpcajpcglclefindmkaj/https://www.cndh.org.mx/sites/default/files/documentos/2021-12/DIAGNOSTICO_TDP_2021.pdf

[4] https://blog.derechosinfancia.org.mx/2021/12/07/ninez-reclutada-por-agrupaciones-delictivas-en-mexico/

Abogado, defensor de derechos humanos. Fue subsecretario de Derechos Humanos y primer encargado de la Comisión de Búsqueda en Puebla. También fue director para América Latina de la Organización Mundial...