La respuesta es sí, pero unas personas mucho más que otras. Siempre que un evento sea incómodo, desagradable, o lo veamos como injusticia, hay posibilidades de enojarse. Todos los días nos enfrentamos con varias frustraciones. Por ejemplo, no te responden rápido un mensaje, el tráfico, mucho calor, cambio de planes, malentendidos con el jefe, te mienten, no reconocen tu esfuerzo y así, podríamos continuar.

Los problemas y los obstáculos son inevitables. Son parte de la vida. Sin embargo, unas personas reaccionan distinto a otras, incluso ante la misma frustración. Mientras que algunos suelen mantenerse ecuánimes, otros se enojan rápido, de manera agresiva y frecuente, en magnitud desproporcionada a la situación y en diversos contextos (con la familia, en el trabajo o con las amistades); como resultado, surgen consecuencias negativas como el daño físico (cachetadas) o psicológico (insultos) hacia otras personas y, a veces, daños materiales (romper el vidrio por enojo) o pérdidas económicas (celular roto por aventarlo).

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Quienes se enojan de manera frecuente también deterioran su salud, con problemas gástricos (colitis o diarrea), mayor susceptibilidad a enfermarse por la disminución del sistema de defensas, riesgo de infarto o incluso la muerte. Varios episodios de ataques al corazón han sucedido dos horas después de un fuerte coraje.

 Además de la tendencia en que unos son más irritables que otros, hay factores para que surja una emoción como el enojo. En términos de circunstancias externas, las altas temperaturas, el tráfico, internet lento, papel que se atasca en la impresora, todos funcionan como caldo de cultivo para enojarse. Las circunstancias internas o individuales también pueden sumar. Por ejemplo, no dormir bien, tener hambre, molestias físicas o de dolor por alguna enfermedad, sentirse rebasado por los problemas, todo esto contribuye al enojo.

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Enojo autodestructivo provoca distanciamiento

Si una persona suele dañar a los demás, especialmente a sus seres queridos, debido al enojo, entonces su reacción es destructiva. Las pérdidas superan a las ganancias. La persona con enojos destructivos suele sentirse distanciada de los demás; sus seres cercanos la evitan o le tienen miedo, pues es preferible mantenerse alejado de alguien que es enojón. Después de un enojo destructivo, por ejemplo, insultando o despreciando al otro, hay quien presenta sentimientos de culpa diciendo “creo que me pasé”.

Un obstáculo para reconocer el problema es la supuesta ganancia por enojarse. Es frecuente que, si uno le grita al mesero, éste atienda más rápido. Igual con los familiares. Al alzarles la voz, podrían actuar para complacer, con tal de detener los gritos. La ganancia de corto plazo es muy palpable: obtener lo que uno quiere. Sin embargo, en el largo plazo, las pérdidas son mayores, como la creación de un ambiente de miedo y desconfianza hacia quien se enoja.   

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Es necesario tener conciencia de la emoción

Ante el panorama de los enojos destructivos, la buena noticia es que se puede cambiar. Existen muchas formas para lograrlo. Una manera es iniciar con un diario de enojo. Esto es, apuntar, tan pronto como sea posible, cuál fue la situación que hizo enojar. Apuntar todos los días; por eso se llama diario. Al cumplirse una semana, se puede revisar para encontrar patrones: ¿con quién es más frecuente el enojo?, ¿sucede en algún horario o lugar con mayor frecuencia?, ¿son detonantes muy específicos, por ejemplo, injusticias en el lugar de trabajo? La siguiente semana, hacer lo mismo.

Esta técnica es maravillosa, simple y no es cara. Sus beneficios son muchos, pero podrán conocerse sólo llevándola a cabo. Por ejemplo, aumenta la conciencia de la emoción, que es un paso fundamental para cambiar. Ayuda a evaluar, desde b, cuáles son los detonantes del enojo: ¿son temas en que tiene sentido molestarse? ¿se trata de algún problema personal que no había visto?, ¿estoy acusando a otros de algo de lo que no tienen la culpa?

En síntesis, todas las personas nos enojamos. En quienes lo hacen de forma excesiva y destructiva, vale la pena detenerse y considerar el destino negativo al que puede llevar esta emoción. Si se desea cambiar, una forma de comenzar es con un diario de enojo.

Círculo de escritores de la Ibero

Raúl José Alcázar Olán

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la línea editorial del portal de noticias Ángulo 7.