Aunque ya existe una Ley General de la Trata de Personas desde 2007, aún falta su armonización con el Protocolo de Palermo en Puebla para que sea considerada como delito de lesa humanidad y que se considere el contexto de las víctimas para que no se les criminalice.

Así lo señalaron especialistas y abogados en el Foro Puebla sin Trata que se realizó en el Congreso del estado. Se llevó a cabo este 8 de diciembre en el marco de los 16 días naranjas.

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De acuerdo con uno de los abogados, la Ley General para Prevenir, Sancionar y Erradicar los Delitos en Materia de Trata de Personas y para la Protección y Asistencia a las Víctimas no se encuentra armonizada con el Protocolo de Palermo.

Dicha falta de adecuación presenta graves deficiencias en la comprensión y persecución del delito.

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Armonizaciones pendientes de protocolo de Palermo con ley general de trata

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El experto señaló que un ejemplo central es la descripción del delito, ya que el Protocolo de Palermo establece tres elementos necesarios para la comprensión contextual del fenómeno de trata. Además, la ley mexicana elimina del tipo penal base (artículo 10) los llamados medios comisivos.

Al no incorporar estos elementos a los procesos penales, se elimina la comprensión del fenómeno real de la trata. Esto, conduce a una criminalización errónea que a menudo recae sobre otras víctimas.

Esto se ejemplifica con el caso de Dolores y Verónica, a quienes la Fiscalía persiguió por los delitos de asesinato y trata de personas cuando, en realidad, ellas mismas eran víctimas.

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Trata debe ser considerada como delito de lesa humanidad

El Protocolo de Palermo también establece que la trata de personas debe ser considerada como un delito de lesa humanidad. Lo anterior, dada su relación conceptual con la esclavitud, ya que ambos implican la negación de los derechos humanos.

Esta condición de imprescriptibilidad no está reconocida en la Ley General de Trata.

Otra carencia legislativa es el tratamiento de la tortura. Cuando a una persona en situación de trata la someten a actos de tortura y el Estado tiene conocimiento, se está ante un delito de tortura.

Sin embargo, nuestra ley solo la considera un agravante de la trata, salvo en casos de explotación sexual.

Reconocimiento de trata de personas con otros fines

Además, el Protocolo de Palermo reconoce fines de la trata más allá de la explotación sexual, como la explotación reproductiva, el comercio de órganos o la experimentación militar.

Nuestro avance legislativo y penal se detiene aquí, pues la ausencia de denuncias o sentencias sobre estos fines no significa que no existan, argumentó.

A esto se suma que, a pesar de ser el segundo país con mayor incidencia en delitos de trata, no existe un plan nacional de persecución penal que otorgue atención prioritaria a este flagelo.

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Faltantes a la atención de víctimas de trata

Por su parte, la maestra Ixchel Yglesias González Báez, de la Universidad Iberoamericana (Ibero) de Puebla, señaló algunos puntos para la atención de víctimas de trata que quedan pendientes.

Explicó que debería contemplarse un refugio y atención médica, psicológica y jurídica inmediata. Esto porque muchas mujeres, tras sufrir mutilaciones, torturas y violaciones, padecen depresión profunda y estrés postraumático, lo que las hace vulnerables a ser reclutadas nuevamente.

Asimismo, dijo que falta rehabilitación y la reparación integral del daño, un proceso a mediano y largo plazo. Esto ya que se debe materializar el derecho a la salud y al acompañamiento jurídico.

Eso incluye la restitución (restablecer la situación previa a la violación de derechos), la rehabilitación (atención médica, psicológica, social y jurídica) y la compensación.

Para eso se debe crear un fondo de protección y asistencia, así como implementar reformas legales y sociales estructurales.

Finalmente también mencionó que debe buscarse la construcción de autonomía y reintegración social de la víctima. En ese sentido, se tiene que impulsar los proyectos de vida para las sobrevivientes.

Reportera del portal Ángulo 7 para Las Cholulas. Estudió la licenciatura de Lingüística y Literatura Hispánica en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. En proceso de ser cronista de no ficción.