Sofía, es una mujer privada de la libertad (PPL) que lleva 11 años en la cárcel, 2 de ellos en la prisión de Ciudad Serdán, ya puede nombrar la violencia a la que estuvo sometida desde que era niña y afrontarla, pues recibió terapias psicológicas intramuros. Escribió “Volando con las alas rotas”, publicarlo es uno de sus sueños, para que otras mujeres puedan saber que es posible salir del círculo de la violencia.
En la visita que Ángulo 7 realizó al centro penitenciario estatal, recabó testimonios de mujeres, quienes viven de formas muy diferentes sus procesos en la cárcel.
Un penal no es un lugar con las mejores condiciones para humanizarse. Tampoco para darse cuenta de los círculos de violencia a los que se enfrentan muchas mujeres que terminan en ahí.
Sin embargo, la historia de Sofi es distinta, aún no recibe sentencia pues no tiene los recursos para pagar un abogado. El último abogado que vio en enero le dijo que podría salir con medidas cautelares.
Esto no pudo suceder debido a que el dinero que utilizaría para pagarle al abogado, sus familiares lo ocuparon para pagar el tratamiento de su padre, quien enfermó gravemente.
Historia de Sofi, una PPL de penal femenil Serdán
El testimonio de esta persona privada de la libertad (PPL) se resguardará con el nombre de Sofi, para proteger su identidad.
Ella es originaria de Tehuacán, lugar que la vio convertirse en madre a los 14 años. Impulsada por el deseo de encontrar en una pareja la salida de un círculo de violencia familiar, entró a otro.
Al convivir con Sofi y escuchar sus pensamientos, se puede ver en ella una persona que no impone barreras para que el círculo de comunicación fluya.
Sofi es ejemplo de que a pesar de estar en la cárcel, no es sinónimo de descuidarse. Su aspecto y actuar revelan que se procura física y mentalmente.
Ella es una mujer alta, de complexión robusta, se percibe que su cara siempre se enrojece por el frío que atraviesa los muros. Sus ojos negros, delineados y muy expresivos, el cabello negro con algunas canas iba sujetado en una cola de caballo.
Círculos de violencia a los que estuvo sometida Sofi
Cuando era niña sufrió abuso sexual infantil por parte de dos personas muy cercanas a ella. Como muchas mujeres, aunque traten de callarlas, ella dice lo que piensa pese a las reacciones de los demás.
La mujer más cercana en su vida supo de este hecho, que es más común de lo que se piensa en las familias. Tan común, que su respuesta fue decirle que “todas pasan por eso, por ser mujeres”.
Nos compartió que su corazón se rompió y también sintió mucha impotencia. También se preguntó ¿Cómo podía ser que su propia madre le dijera eso?.
Con el paso del tiempo, Sofi aprendió a perdonarla. Entendió que, como una mujer de su tiempo, su madre no podía nombrar la violencia que sufría por falta de acompañamiento y porque nadie le dijo cómo enfrentarla.
Sofi lleva 11 largos años en prisión y sin sentencia
Sofi lleva 11 años en prisión por el delito de homicidio calificado: estuvo 9 años en Tehuacán y dos en el penal de Serdán.
En el penal femenil, ella se dedica a lavar ropa para sus compañeras, les cobra tres pesos la pieza. A veces lava hasta dos docenas.
Con el dinero que obtiene cubre sus gastos diarios, porque su mamá ya casi no puede visitarla. Además, ayuda a lavar los trastes, barre los pasillos y las celdas.
Ahora recibe las visitas de su madre cada 20 días, pues vive en Tehuacán y tiene más de 70 años.
La salud de su mamá comenzó a decaer luego de que murió su padre, con quién estuvo casada por 52 años. En el penal está con ella durante dos horas, le lleva sus guisos favoritos, como mole verde, luego se va, pues le esperan otras tres horas de camino para regresar a Tehuacán.
Sofi no está lista para tejer un “osito memorable”
En su testimonio, Sofi relata uno de sus dolores más recientes, aún sin asimilar: la muerte de su padre. Tuvo complicaciones en su salud luego de perderse por casi un mes y pasar en la calle, lluvias y frío.
Relata que empezó a sentirse mal, se le subió la presión y falleció hace tres meses. Sofi está en el taller de crochet para PPL en el penal de Serdán, ahí hace bolsas tejidas, carteras y pulseras que le da a su mamá para que las venda.
Recientemente tomó un curso para tejer “ositos memorables”, que son muñecos a los cuales se les pone la playera o la ropa de un ser querido que ya no está en este mundo.
Ella cuenta que la herida es muy reciente pues quiso muchísimo a su papá, y por ello aún no puede tejer su propio osito memorable.
Agradeció al personal del penal, quien pudo gestionar que, mediante una videollamada, pudiera presenciar el entierro de su padre.
Una madre que nunca abandona
Su madre es la única persona que la acompaña y la cuida. Aunque tiene cinco hijas que ya no viven en Puebla, asegura que no cuenta con ellas.
Las entiende, asegura, pues sabe que al haber entrado al penal la consecuencia más grande fue el abandono que hizo que ellas crecieran sin madre y ella sin hijas.
Espera que cuando salga del penal pueda abrazarlas y pedirles de nuevo perdón. Fueron las condiciones materiales las que determinaron que ella quedara presa.
Vida de Sofi antes del penal
Desde los 14 años entró a trabajar en la maquila, en la cual trabajó durante 28 años, incluso llegó a ser encargada de una.
Llegó a vender bolsas impresas con serigrafía, recorría todo Tehuacán pues le hacían pedidos de hasta 600 piezas.
En ese transcurso vivió la continuación de su círculo de violencia con un hombre casi ocho años mayor que ella.
Como muchas mujeres, recibió maltratos físicos, “golpes por cualquier cosa”, y también mucha violencia psicológica.
Luego de recibir terapia, ya tiene la claridad de que ese hombre “la estuvo trabajando” para hacerle pensar que la única opción que tenía era aguantar todo el maltrato. Fueron 17 años violentos.
Miro hacia atrás y me encuentro con mi cara pegada al espejo, siendo sujetada por él, gritándome: ‘Esta eres tú, la más fea, la más gorda. ¿Alguien más querrá estar contigo?’
Dentro del penal estuvo asistiendo durante cinco años a terapias y ahora puede gritar a los cuatro vientos que se quiere y se ama.
Ahora sí me quiero, me amo. Ahora sí ya puedo decir que no: no quiero, no me gusta.
La sentencia, al igual que la justicia, es incierta para ella, pero de lo que sí está segura es que jamás volvería a aceptar ese trato.
Confesó que nunca estará de nuevo con una persona que la haga sentir que no es nadie.
“Volando con las alas rotas”: un libro que espera ser un apoyo
Tantas emociones, sentimientos y demonios contenidos sólo podían ser expresados con papel y lápiz. Esa fue la salida que Sofi encontró para desahogarse.
Su psicóloga y un profesor le dijeron que su vida sí había sido muy dura; sin embargo, la enseñaron a pensar el dolor colectivamente.
De ahí surgió el libro “Volando con las alas rotas”, una terapia de escritura. Ella quiere que se publique para que otras mujeres sepan que sí hay forma de romper con el espiral de violencia. Su libro tiene 142 páginas.
Este libro también está dirigido para niños y niñas que fueron víctimas de abuso sexual. Afirmó que ese hecho cambia para siempre la vida, pero está convencida de que el dolor es menos cuando se piensa en colectivo.
Es consciente de que no ha sido un proceso fácil: hubo momentos en que quiso no seguir viviendo, e incluso lo intentó. Llegó a odiar a sus padres.
Pero ya tiene 50 años, y aunque ha sido difícil, encontró momentos de felicidad y tranquilidad. Aprendió a leer y escribir en el penal; ahora es una ávida lectora y escritora. El Alquimista fue el primer libro que leyó.
Hechos son amores
Esas intenciones de apoyar a otras mujeres se reflejan en el apoyo que brinda a sus compañeras. Cuidó y acompañó a una de las mujeres privadas de la libertad que llegó a su celda.
No quería comer, a todas las trataba mal, era grosera. Nadie comprendía el dolor de perder a un hijo, y Sofi fue muy paciente, solidaria… y ahora su compañera es su amiga.
A veces solo falta que nos den un abrazo, dijo. Por eso, cuando ve llorar a sus compañeras, no pregunta qué pasó, simplemente las abraza fuerte.
Sabía que entrar al penal me iba a costar, a doler, pero siempre me dije que saldría con unas nuevas garras.





