El penal femenil de Ciudad Serdán aguarda dentro de sus celdas particularidades que visibilizan cómo la violencia de género se manifiesta, por un lado, en el abandono familiar y, por otro, en los prejuicios médicos que dificultan que un especialista de la salud acuda a brindar sus servicios.
Durante un recorrido por el penal femenil de Ciudad Serdán, Ángulo 7 recogió diversas solicitudes de las mujeres privadas de la libertad, entre las que destaca la necesidad de contar con más médicos especialistas. Aunque existen áreas como oftalmología y un quirófano, la falta de personal impide que reciban una atención adecuada.

Si hay un sector de la población olvidado es el de las mujeres privadas de la libertad, las mujeres de la tercera edad son las que menos reciben visitas, además de que al estar a tres horas al menos de Puebla capital, el traslado es complicado para las visitas familiares es más complicado.
Esto contrasta con los videos que hace unos días se viralizaron sobre una fiesta en el penal de San Miguel, en donde, pese a su prohibición, los varones tomaban bebidas alcoholicas e, incluso, ingresaron mujeres sin parentesco.
Este penal, ubicado en el municipio de Ciudad Serdán, anteriormente Chalchicomula de Sesma, se percibe aislado y son comunes tanto las cortinas de polvo como el frío que cala los huesos.
Alberga a 562 mujeres privadas de la libertad cuyas historias podrían ser una radiografía de las desigualdades y la violencia a las que están expuestas las mujeres. Hasta junio, 262 de ellas no tenían sentencia según datos del Censo Nacional del Sistema Penitenciario Federal y Estatales del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
Infraestructura no falta pero sí personal de salud
Ángulo 7 tuvo acceso al área médica, la cual cuenta con los espacios adecuados para brindar atención a la salud. Sin embargo, no cuentan con el personal médico suficiente, ni con enfermeras y mucho menos con especialistas.
Hay un consultorio de oftalmología, odontología, un área para rayos “x”, la enfermería y hasta un quirófano prácticamente nuevo.

La falta de especialistas se debe, no a una cuestión de presupuesto, sino que para la administración del penal, les es dificil encontrar a uno que acepte brindar sus servicios en este lugar.
Algunas presas refirieron que sí les brindan algunos de los medicamentos que requieren, no obstante, cuando piden una consulta pasan hasta dos días para que las atiendan.
Los medicamentos que el penal no brinda son suministrados por los familiares en las visitas o por la trabajadora social quien se los consigue a un precio accesible a sus posibilidades.

Cabe recordar que Ángulo 7 documentó el año pasado el caso de Marcela Hernández Álvarez, de 50 años. Ella murió el pasado 3 de marzo, por un cáncer que no fue detectado a tiempo.
Familiares relataron que al interior del penal no le hicieron la valoración, simplemente le suministraron medicamentos para detener el dolor. La doctora general que atiende a las 562 personas privadas de la libertad, aseguran en el penal, solo canaliza a los hospitales más cercanos cuando son casos urgentes.
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Filtros para ingresar al penal de Ciudad Serdán
Para llegar al penal de Ciudad Serdán, incluso en una patrulla que facilitó la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) para realizar este trabajo periodistico con las mujeres internas, se atraviesan distintos filtros. Uno incluye un registro biométrico facial en la entrada, la toma de datos y una revisión de cuerpo rutinaria.
A pesar de estar a más de tres horas de la capital y en una zona aislada, las familiares mujeres llegan con bolsas llenas de recipientes con comida que los custodios revisan meticulosamente para evitar el ingreso de objetos o sustancias prohibidas.
En la entrada se encontraba un hombre cuya bolsa contenía al menos cinco guisados diferentes, tortillas, pan, limones e incluso agua de sabor para su familiar. Después del filtro, pasó con visible emoción a entregar los alimentos que su familiar seguro disfrutó, rompiendo así la monotonía de la dieta diaria.

Sin embargo, una reclusa relató que las mujeres privadas de la libertad no reciben la misma atención por parte de sus parejas, hermanos o padres que los hombres en reclusión. En su mayoría son mujeres cercanas quienes se esmeran en llevarles alimentos y asegurarse de que no les falte nada.
Así es el penal de Ciudad Serdán
Tras superar los controles, nos adentramos en el penal, el frío persistía. El laberinto de pasillos da paso a la zona de palapas donde conviven las mujeres. Cerca de estas, un conjunto de cabinas telefónicas permite a las internas comunicarse sin costo con familiares o amigos durante los horarios establecidos.

Eran las 11 de la mañana, pero para ellas el día comenzó desde las 5 de la mañana cuando despiertan, saludan a sus dos compañeras de celda, y luego se bañan con agua caliente que poco mitiga el intenso frío. Para las 6:00 horas en punto, un pase de lista verifica que todas se hayan aseado.
La higiene es fundamental, es una forma de mantener una rutina y no abandonarse. Por ello, las custodias exigen limpieza personal, uñas cuidadas y ropa limpia, lo que incluso ha evitado plagas, como piojos, en el penal.
Muchas de ellas se maquillan. Las hileras de playeras, sudaderas y pants color beige, tendidos en los patios tras lavarlos reflejan también estos cuidados.
Recorrido por el penal
Las mujeres privadas de la libertad manifiestan la necesidad de artículos de higiene personal y alimentos, pero también deben apoyar económicamente a sus familias, para ello tienen tres opciones para trabajar.
Más de 200 mujeres trabajan en las maquiladoras instaladas dentro del penal, una de playeras sport y la otra de camisas polo. Algunas sentadas, otras de pie, inician su jornada en las máquinas de coser a las 9:00 de la mañana y concluyen el primer turno a las 13:00 para ir a comer.

Las mujeres privadas de la libertad que trabajan en la maquila de un particular son custodiadas por una guardia, además de que, para utilizar herramientas de trabajo como tijeras, deben registrarlas en una libreta al recibirla y al entregarla.
Interrumpen su labor para reunirse con sus compañeras y recibir la comida servida en recipientes. Son 16 internas las que trabajan en la cocina: ellas preparan la comida y también sirven.
Ese día el menú consistía en un caldo rojo con verduras, frijoles y tortitas de avena, además de una manzana. En esa hora, el movimiento de las internas interrumpe el silencio constante, aunque se les ve formadas en orden.
Ese día, alguien comentó en los pasillos: “otra vez solo verdura”. En una entrevista anterior, Rosa Isela Sánchez Soya, titular de la Comisión de Derechos Humanos (CDH) de Puebla, minimizó las quejas de las reclusas sobre la comida son por lo repetitivo del menú: “hay que ser objetivos, pues eso es lo que hay”, asentó.
Termina la hora de comida y regresan a su segundo turno de 2:00 a 6:00 de la tarde. Alrededor de 70 mujeres trabajan en el taller de ensamblado de pinzas, sentadas en sillas de plástico arman más de 100 pinzas cada una.
Artesanías y autoempleo de mujeres en el penal de Ciudad Serdán
Otro grupo más mujeres trabaja en un taller de autoempleo, en el cual crean con sus propias manos distintas artesanías. Al entrar al taller algunas mujeres privadas de su libertad, nos recibió cálidamente y compartieron algunas de sus creaciones.

Amigurumis de crochet, bolsas tejidas, pulseras, figuras de papel, gorros, servilletas, bufandas, toallas para cocina, aretes, llaveros, todos son productos que venden los días designados. El material para sus artesanías se los llevan sus familiares.
A pesar de tener estas tres formas de emplearse y percibir un salario, las mujeres expresaron que no es digno y es insuficiente para cubrir gastos como jabón o toallas femeninas, pues en el penal los precios son muy elevados.
Muros que no son grises
El recorrido continuó por el área de recreación, un espacio donde las mujeres pueden convivir con sus familias para comer y platicar. En los muros de concreto que rodean el penal de Ciudad Serdán hay un conjunto de murales pintados por ellas que contienen representaciones de mujeres acompañándose, siendo el soporte unas de otras.

Ahí mismo se encuentra la biblioteca, es como entrar al salón de una primaria, un pizarrón, carteles con las vocales y el abecedario. Es significativo, la mayoría de las mujeres que entran al penal deciden pasar su tiempo leyendo el par de horas que les resta de su jornada del día, antes de que apaguen la luz a las 9:30.
Alrededor del 80 por ciento de la población en el centro penitenciario de Ciudad Serdán, lee. Las mujeres que no saben leer aprenden porque sus compañeras les enseñan.
Algunas que reciben libros de sus familiares, realizan intercambios para después comentarlos. La biblioteca incluso acepta y está en espera de donaciones de libros.
El acervo tiene desde libros de matemáticas, adicciones, gramática, adolescencia, biografías, literatura clásica, latinoamericana. A lo que más recurren las mujeres es a novelas de suspenso, de ficción y libros de superación personal.
Los talleres que se imparten como de guitarra, de escritura reflexiva, son itinerantes, como en extramuros, a dichas actividades no pueden acceder todas, pues a veces se empalman con los horarios de trabajo.
Parte de la reinserción social es la reconstrucción de un tejido social, que las mujeres puedan insertarse en esas actividades. Esto más allá de sólo convivir en el trabajo.

Liberadas
Liberadas fue una actividad promovida por el entonces gobernador de Puebla, Sergio Salomón Céspedes Peregrina, a través de la Secretaría de Cultura. Las actividades artísticas toman más sentido cuando van encaminadas a servirle a los sectores invisibilizados.
Un fanzine fue el producto del ejercicio en el penal de Ciudad Serdán y plasma con figuras los pensamientos de las mujeres, sin censura ni presunciones.
Miedo a los juicios de la sociedad y a la soledad de la cual son conscientes, pues la observan como sus compañeras más grandes son olvidadas. La palabra escrita es su mejor amiga, en ese papel, pudieron soltar.
No todas comparten el mismo sentimiento, algunas expresan culpa, otras con rencores. Otras más agradecen por seguir vivas, muchas otras, resignadas, la vida que les tocó.
Sus relatos no dan la impresión de una resistencia, sino de una frustración, de una búsqueda de respuestas, de ansias de estar en calma con ellas mismas. Varias aseguran que lo más difícil a veces es estar presas con sus propios demonios y sentimientos.
Sólo quiero que todo se aclare en mi situación por el cual estoy aquí injustamente y poder abrazar y besar a mis hijos y volver a estar juntos, tratar de olvidarme de esta etapa aunque jamás se borrara porque te marca tu vida para siempre.

La rutina en la cárcel es más dura para ellas cuando saben que fuera están sus hijos o sus padres. Pero la figura de la madre presente es normal en la sociedad. En Liberadas se lee:
Hijos míos, les pido perdón por todo lo que han sufrido y de no poder estar con ustedes. Soy de Veracruz y espero un día poder besar los pies de mi padre y pedirle perdón por todo el dolor que le e causado.
Otras más expresan lo que un sistema penal como el de México no podría resolver. En otra hoja del fanzine se puede leer:
Fabricaron este delito en mi contra y dictaron 80 años de cárcel, ¿existirá un ser que halla estado 80 años en una cárcel? ¿no qué en México no existía la pena de muerte? Verdad que es cruel…

El fanzine fue publicado y ellas poseen alrededor de cuatro copias, una vez que decidieron entre ellas mismas reproducir esa actividad con sus compañeras.
Ser madre es más difícil en el penal
El recorrido continuó por el área de maternidad, un rinconcito lleno de colores que alberga a seis madres con sus hijos. Poseen un área de lactancia aunque en estos momentos no hay alguien que lo pueda ocupar, pues sólo hay una mujer embarazada.
También tiene un área infantil, que funciona como guardería, pues mientras ellas trabajan, pueden dejarlos su jornada laboral completa. A diferencia de las demás mujeres privadas de la libertad, expresan felicidad pues están junto a sus hijos. Una felicidad que, saben, es efímera.
Por ley, los niños y niñas sólo pueden mantenerse con sus madres hasta los tres años. Después de este tiempo pasan a la custodia de sus padres o familiares.

Reinserción social
Al finalizar el recorrido, la subdirectora Fanny Elizeth, comentó que para ella haydos reglas importantes dentro del penal: el respeto y la disciplina. No permite a nadie tutearse.
Dejar que las presas se menosprecien o vivan con los estigmas que la sociedad impone por estar en prisión, es algo que busca combatir.
No por estar en la prisión significa que deban sentirse menos. No es un hogar, pero es su estancia, apuntó.
Los motivos de su internamiento son diversos, inimaginables e inciertos, de ello deriva en que no todas vivan la experiencia igual. Para algunas la cárcel es un infierno, es una injusticia y para otras más es un escape, su oportunidad para librarse de círculos de violencia extrema.
Esta navidad, el frío se siente intenso en el penal de Ciudad Serdán, con mujeres lejos de sus familias, de las personas que quieren.






