La presidenta Claudia Sheinbaun Pardo encabezo la celebración de los 700 años de la Ciudad de México, desde el Zócalo capitalino, con una representación sobre la construcción de la antigua Tenochtitlán.
La mandataria señaló que recordar el inicio de Tenochtitlán, no es solo un símbolo de un pasado muerto, sino una referencia activa de grandeza cultural, organización, poder, ciencia, arte y visión.

Acompañada por su gabinete, la jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina; el titular de Defensa, el general Ricardo Trevilla Trejo; y su esposo, Jesús María Tarriba, recordó que la Ciudad de México lleva en su herencia la grandeza de los pueblos que en 700 años se mantiene viva.
Señaló que Tenochtitlan fue mucho más que una ciudad majestuosa, fue un símbolo de organización, de poder, de ciencia, de arte y de visión. “Fue el centro de un mundo indígena que supo construir un modelo de civilización propio, en armonía con la tierra, con los astros”.
Sheinbaum celebra 700 años de legado indígena en Ciudad de México
Además, recordó que tras la caída del imperio y la estructura colonial no desapareció la persistencia del legado indígena. Sino que persistió en todos estos 700 años de historia de la Ciudad de México, pese a la colonia y el neoliberalismo.
El legado de Tenochtitlan, sin embargo, no fue vencido. Vive en la resistencia silenciosa de los pueblos, en la lengua náhuatl que aún se habla, en el maíz que seguimos sembrando, en la medicina tradicional, en los rituales, en los nombres de nuestros cerros, nuestros ríos, nuestras calles, nuestros pueblos, y en el nombre de nuestra patria, nuestro nombre, México.
Reiteró que México no nació con la llegada de los españoles, sino mucho antes, con las grandes civilizaciones que florecieron en estas tierras. Así como los mayas, zapotecas, mixtecos, purépechas y todos los pueblos originarios. “Tenochtitlan, por ello, fue y sigue siendo símbolo de ese México profundo, milenario y resistente” recordó la presidenta.
Tenochtitlán ejemplo de ingenería
Por su parte, Clara Brugada celebró que la Ciudad de México fuera un prodigio de ingeniería, organización, arte y dominio en sus 700 años. Recordó las calzadas flotantes, templos que tocaban el cielo, chinampas fértiles y mercados de Tenochtitlán.
Homenajeó a los héroes y heroínas que resistieron y defendieron la ciudad, incluyendo a Moctezuma, Cuitláhuac, Cuauhtémoc. Así también a la mujer Tecuixpo, y “a toda la grandeza de hombres y mujeres que dieron la vida por esta ciudad”.
Nunca se perderá, nunca se olvidará lo que vinieron a hacer. Su renombre, su historia, su recuerdo, así en el porvenir jamás perecerá, jamás se olvidará nosotros, hijos de ellos, quienes tenemos su sangre y su color. lo vamos a decir y lo vamos a comunicar a quienes todavía vivirán y habrán de nacer los hijos de los mexicanos, los hijos de los Tenochca. Cita sobre la crónica de Tenochtitlán.










