Este 17 de abril se conmemora el 330 aniversario luctuoso de la escritora Sor Juana Inés de la Cruz, quien fue la primera gran poeta mujer en lo que hoy conocemos como México. Esta vez, la recordaremos comparando su obra con una escritora japonesa.
La gran genio Sor Juana (1651-1695), una mujer que vivió en la Nueva España durante la segunda mitad del siglo XVII y principios del XVIII. Estudió todas las ciencias y artes de su época, la conocemos sobre todo por su poesía que borra la línea que divide la filosofía y la poesía.
Sor Juana siempre ha sido el icono de la mujer inteligente, osada y poeta en México. Su poesía es conocida por ser igual que ella, controversial, rebelde y sin olvidar su esencia femenina.
Si tomamos en cuenta su lucha por su derecho a la libre expresión, a la educación, y su clara reflexión sobre el papel de la mujer en su tiempo, sería considerada la primera feminista de América.
¿Por qué hablar de Sor Juana?
¿Por qué volver a hablar de Sor Juana cuando hay innumerables ensayos y escritos sobre ella? La Décima Musa tan bien conocida en el suelo mexicano ¿para qué necesita de otra voz que hable sobre ella?
Es por esta razón que este año la recordaremos, a ella como persona y su trabajo como poeta, desde un enfoque distinto. Lo que se plantea aquí es estudiar a Sor Juana desde otra perspectiva, al hacer un diálogo entre su vida y poesía con otra autora de un contexto completamente diferente.
Existió una autora en un tiempo muy cercano al de Sor Juana, quien vivió al otro del mundo, y aun así, compartió muchas similitudes con nuestra poeta. Esta autora es una poeta japonesa llamada Fukuoka Chiyo-ni.
En el Japón del periodo Edo, durante el siglo XVIII del calendario gregoriano, existió una mujer de nombre Chiyo-ni, su poesía filosófica es muy parecida a la de Sor Juana, no en forma, pero sí en contenido.
Poesía entre Oriente y Occidente
Ambas manejan las mismas preguntas y problemáticas como la feminidad, filosofía y espiritualidad. Estas dos mujeres comparten similitudes como la época en la que desarrollaron su poética, Chiyo-ni nace ocho años después de la muerte de Sor Juana.
Incluso, deciden ambas entrar a la vida religiosa, Sor Juana en un convento católico y Chiyo-ni en un templo budista.
Pero, sobre todo, ambas son parte del principio del legado en lucha feminista, incluso sin saberlo. Y las obras de ambas han trascendido épocas y continentes.
Chiyo-ni es una de las haijines (escritores del haiku japones) más prestigiosas de Japón. Aunque esto no quiere decir que sea la única, hubo muchas otras poetas, pero ella fue la primera mujer en ser respetada como escritora de este género.
Pero antes, hablemos del lenguaje
Al ser escritoras que vivieron en continentes distintos, con un contexto, historia y lenguaje diferente, por lo mismo, se debe aclarar algunas cosas.
Fusionar el horizonte de Sor Juana y Chiyo-ni en un diálogo tanto poético, filosófico, religioso o femenino, entre diferentes contextos, junto con el propio, lleva a un nuevo paso de comprensión en esta poesía femenina.
El lenguaje adquiere una connotación más profunda, o mejor dicho, alcanza su punto máximo en la poesía. Es con este arte, que ambas escritoras detallaron su tiempo, e interpretaron su realidad.
Y dado que la poesía es el punto más elevado de toda lengua, también está atada a la cultura, aunque hay que dejar en claro que ciertos poemas son capaces de escapar de los límites de esta, pero en el caso de Chiyo-ni y Sor Juana es muy evidente cómo el poema puede convertirse en un reflejo de la cultura o contexto histórico a través de su lengua.
Poesía y filosofía en poesía de Sor Juana
Pero la poesía no nació sola. En la época cuando comenzaron a surgir las primeras civilizaciones, el arte de la palabra se entendía como un poder total. Era poesía, pero también música, magia, palabra divina, y por supuesto, filosofía.
Uno de los poemas más aclamados de Sor Juana Inés de la Cruz es el Primer Sueño, poema filosófico donde el sueño y la noche son una metáfora de la ignorancia. A lo largo del sueño, Sor Juana se va abriendo paso al saber hasta transformarse en día.
Alfonso Méndez Plancarte, uno de los estudiosos más importantes de Sor Juana, divide el Primer Sueño en doce secciones. De estos, mostraremos la primera parte, comparándola con unos poemas de Chiyo-ni.
Primera sección, la invasión de la noche.
Piramidal, funesta, de la tierra
nacida sombra, al cielo encaminaba
de vanos obeliscos punta altiva,
escalar pretendiendo las estrellas;
si bien sus luces bellas,
exentas siempre, siempre rutilantes,
la tenebrosa guerra
que con vapores le intimidaba
la pavorosa sombra fugitiva
burlaban tan distantes,
que su atezado ceño
al superior convexo aun no llegaba
del orbe de la diosa
que tres veces hermosa
con tres hermosos rostros ser ostenta,
quedando sólo dueño
del aire que empañaba
con el aliento denso que exhalaba;
y en la quietud contenta
de imperio silencioso,
sumisas sólo voces consentía
de las nocturnas aves,
tan obscuras, tan graves,
que aún el silencio no se interrumpía.
Con tardo vuelo y canto, del oído
mal, y aun peor del ánimo admitido,
la avergonzada Nictimene acecha
de las sagradas puertas de los resquicios,
o de las claraboyas eminentes
los huecos más propicios
que capaz a su intento le abren la brecha,
y sacrílega llega a los lucientes
faroles sacros de perenne llama
que extingue, si no infama,
el licor claro, la materia crasa
consumiendo, que el árbol de Minerva
de su fruto, de prensas agravado,
congojoso sudó y rindió forzado.
Y aquellas que su casa
campo vieron volver, sus telas hierba,
a la deidad de Baco inobedientes
ya no historias contando diferentes,
en forma sí afrentosa transformadas,
segunda forman niebla, ser vistas aun temiendo en la tiniebla,
aves sin pluma aladas:
aquellas tres oficïosas, digo,
atrevidas hermanas,
que el tremendo castigo
de desnudas les dio pardas membranas,
alas tan mal dispuestas
que escarnio son aun de las más funestas.
Éstos, con el parlero
ministro de Plutón un tiempo, ahora
supersticioso indicio al agorero,
solos la no canora
componían capilla pavorosa,
máximas, negras, longas entonando
a la torpe mensura perezosa
de mayor proporción tal vez, que el viento
con flemático echaba movimiento,
de tan tardo compás, tan detenido,
que en medio se quedó tal vez dormido.
Este, pues, triste son intercadente
de la asombrada turba temerosa, menos a la atención solicitaba
que al sueño persuadía;
antes sí, lentamente,
su obtusa consonancia espaciosa
al sosiego inducía
y al reposos los miembros convidaba,
el silencio intimando a los vivientes
(uno y otro sellando labio obscuro
con indicante dedo),
Harpócrates, la noche, silencioso;
a cuyo, aunque no duro,
si bien impeïoso
precepto, todos fueron obedientes.
Fukuoka Chiyo-ni
Di, mariposa: 羽 何 蝶
¿en qué vas tú soñando づ を 々
cuando aleteas? か 夢 や
い 見
て
Luna de otoño: よ 行 名
por más que yo ando y ando, そ っ 月
luce en un cielo ajeno. の て や
空 も
行
っ
て
も
Luna velada: 朧 丸 世
va envolviendo en redondo 月 う の
a la flor del mundo. つ 花
> を
む
や
Aroma de ciruelo; 雪 何 梅
¿a dónde arrastró el viento 女 処 が
a la dama de nieve? へ 香
吹 や
る
>
Luna de estío: 夏 糸 釣
la ha tocado el sedal の に 竿
de la caña de pesca. 月 さ の
わ
る
や
Al derramarse, 紅 た こ
todo es agua: el rocío の だ ぼ
sobre esa flor. 露 の れ
水 て
な は
り
Si a verlo vienes, 暑 森 来
el bosque siempre alberga さ に て
calor de bosque か は 見
な 森 れ
の ば





