El objetivo de la élite es utilizar el miedo, no para protegernos de enemigos externos o extraños, sino para temerle a ella misma y, de esta manera, utiliza el miedo para mantener su dominio: Oderint dum metuant (“Que me odien, con la condición de que me teman”, Calígula).

El miedo ocupa un lugar entre las emociones primarias (cólera, tristeza, miedo, amor, asco…). En tanto que la cólera sería una tendencia a la agresión, el miedo lo sería a la defensa, y ambas tendrían como referencia la conservación del individuo, a diferencia del amor (una forma adornada de referirse al impulso sexual), que conduciría a la reproducción, y, por tanto, su referencia sería, no la conservación del individuo, sino la conservación de la especie.

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El miedo es una emoción más primitiva o básica que la cólera si se tiene en cuenta que, en no pocas ocasiones, ésta última es suscitada por el primero, o, por decirlo de otro modo, es efecto de él, porque presa del miedo, el animal (incluido el animal humano) huye o ataca, según las circunstancias.

Las crisis financieras en el capitalismo son las que han provocado la mayoría de los problemas como, por ejemplo, el no apreciar adecuadamente los bienes públicos (aire y agua limpios; el fracaso de los esfuerzos para evitar un cambio climático global); la desigualdad social (la creciente brecha es, en parte, una consecuencia de la innovación y el espíritu empresarial.

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El uso político del miedo

La gran riqueza permite a los grupos e individuos comprar poder e influencia política, que a su vez contribuye a generar aún más riqueza individual); suministro de atención médica (en un mercado que no cumple con varios de los requisitos básicos necesarios para garantizar la eficiencia económica, el coste de los servicios sanitarios en proporción al ingreso ha aumentado a medida que las sociedades se han hecho más ricos y, posiblemente, superará el 30% del PIB en las próximas décadas); subestimar el futuro de las próximas generaciones (para la mayoría de las generaciones desde la Revolución Industrial esto no ha importado, gracias al continuo avance tecnológico.

Por lo general, cada generación ha vivido significativamente mejor que la anterior. Pero, con la población mundial superando los 8.000 millones de habitantes, no existen garantías que demuestren que esta trayectoria sea sostenible). En el mundo de las finanzas, la innovación tecnológica no se ha utilizado para reducir los riesgos sino más bien podría haberlos magnificado.

Miedo y temor

En español, el miedo es entendido según una doble acepción: por una parte, como «sentimiento de angustia por un riesgo o daño real o imaginario»; y, por otra, como «recelo o aprensión de que suceda y contrario a lo que se desea».

Según esto podemos decir que, según la primera acepción, Trump y a quienes representa, al sentir angustia sobre el crecimiento de China, los migrantes y el “comunismo”, tratan de provocar angustia sobre ello. El miedo que sienten intentan provocarlo en alguien más. Según la segunda acepción, “miedo” puede significar que Trump y a quienes representa tienen recelo o aprensión sobre el crecimiento de China, los migrantes y el comunismo en el resto del mundo y de que suceda es contrario a lo que ellos desean para el futuro. Este recelo los hace intentar, provocarlo (el miedo) en otros.

Hablemos ahora del temor. El temor tiene sus propios significados, tales como el sentimiento de rechazo de cosas consideradas peligrosas, o el de presunción o sospecha; o recelo de un daño futuro. Es manifiesto que Trump ha manifestado en reiteradas ocasiones el sentimiento de rechazo tanto de China como de los migrantes y el “comunismo” que él considera peligrosos, y es por eso que quiere provocar el sentimiento de rechazo a China como de los migrantes y el comunismo.

¿Temor?

Si recuperamos la experiencia en torno al COVID-19 y conjuntamos la difusión reiterada y masiva en torno a la política arancelaria, el crecimiento de China y el comunismo con dos hechos de impacto global: 1) la guerra de precios del petróleo que podría hundir la estructura de la economía mundial y 2) el despliegue de considerable fuerza bélica en América y Europa para el mayor ejercicio militar de las últimas tres décadas. Al unir todo esto podemos inferir que el capitalismo en la actualidad enfrenta lo que Kenneth Rogoff llamó “crisis financieras.”

Si conjuntamos estos aspectos podemos concluir que el miedo a China, a los migrantes y al comunismo se induce y se utiliza políticamente para justificar acciones bélicas, tanto en América como en el resto del mundo, para desviar la mirada de lo que en realidad está en juego: la racionalidad del capitalismo global.

robledomeza@yahoo.com.mx

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