Por: Abril Ordoñez Limón
Antes de que existiera “Puebla de los Ángeles”, este lugar ya tenía nombre: Coetlaxcoapan, el lugar donde cambian de piel las víboras. Así lo nombraron los pueblos originarios que lo habitaban.
Tiempo después, cuando los españoles quisieron fundar su ciudad, se apropiaron del valle y reservaron el centro para ellos: dos manzanas con Catedral, Plaza Mayor y casonas de las familias españolas más distinguidas. Claramente, los colonizadores españoles no fueron los constructores materiales de su ciudad. Fueron las manos indígenas tlaxcaltecas, cholultecas y calpantecas quienes edificaron Puebla.
Por el aumento de la población indígena indispensable para la edificación y el mantenimiento de la nueva ciudad, el ayuntamiento de Puebla se vio obligado a dar permiso a los “naturales” para que construyeran sus casas, apartados y claramente separados de la ciudad de los españoles.
Los primeros asentamientos tlaxcaltecas y cholultecas se ubicaron en las orillas del río San Francisco, que desde aquel momento se convirtió en el límite socio-racial entre los colonizadores europeos y la población nativa.
De esta forma, los diversos grupos de naturales fueron creando arrabales (tlaxicallis) que, conforme crecieron, fueron identificados por los españoles como barrios.
Territorio en resistencia contra la gentrificación
Así nació el arrabal de Xonaca, nombre que deriva de la palabra náhuatl Xonacatl, que significa “cebolla”, y hace referencia al arroyo que bajaba de Xonacatepec, el “cerro de las cebollas”. Un lugar con raíz profunda y piel indígena. Pero el tiempo lo transformó.
Después fue conocido como “barrio de los catrines”, cuando llegaron los adinerados de diversas partes de la república a construir sus casas de verano, sus quintas elegantes. Entre ellas, la Casa de Campo del Obispo, que alguna vez alojó a la mismísima emperatriz Carlota y a Maximiliano de Habsburgo. Así, el barrio de los naturales se volvió escenario del poder. Y luego, como suele pasar, vino el abandono.
La ciudad creció, pero no hacia acá. Se olvidaron de Xonaca, ahora somos según los discursos oficiales, “barrio bravo”, “zona peligrosa”. Se olvidó la historia profunda de Xonaca, su raíz indígena, su memoria comunitaria, su resistencia cotidiana.
Hasta que la lógica del capital volvió a voltear la mirada. Esa lógica que convierte la memoria en terreno, lo colectivo en propiedad privada.
Llegó la gentrificación, lo mismo que hace 494 años: despojar, desplazar, borrar.
La Casa del Obispo, símbolo del antiguo esplendor, fue convertida en restaurante, pero ni eso logró sostenerla. El abandono regresó. Quedó vacía, como queriendo borrar lo que alguna vez fue.
Xonaca, como hace siglos, resiste.
Intentaron apoderarse de la Casona del Obispo. No sabían que ese edificio no está hecho solo de ladrillos, sino de memoria viva. Desde 2017, vecinos y vecinas organizadas lo recuperaron del abandono para fundar ahí el Centro de Bienestar Social Xonaca (Cebis): un espacio autogestivo, sin fines de lucro, donde la cultura se descentraliza, donde el arte se siembra desde abajo, donde la historia se defiende con dignidad.
No fue un rescate institucional. Fue la comunidad, con sus saberes, sus oficios, sus ganas de no dejar morir lo que les pertenece, la que lo sostuvo. Lo limpiaron, lo habitaron, lo construyeron de nuevo.
Otro gigante capitalista llegó al barrio, Walmart, una cadena de supermercados que quiso apropiarse del espacio. La comunidad resistió. Ganamos. No se convirtió en pasillo de abarrotes ni en estacionamiento de concreto. Siguió siendo lo que es: un refugio para la memoria, para lo común, para lo nuestro.
Pero ya lo sabemos: la gentrificación también sonríe mientras despoja. Llega vestida de progreso, pero es solo otra forma de colonización.
Xonaca, como hace siglos, resiste.
Esta no es solo una casona. Es una trinchera. Es el eco de nuestros antepasados. Es la voz de quienes se negaron a desaparecer. Y es también la voz de quienes, organizados, eligen seguir construyendo comunidad.
Abril Ordoñez Limón. 23 años, estudiante en la licenciatura de Comunicación en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.
Experiencia como reportera y actualmente creadora de contenido sobre diversos lugares de Puebla y gestión de redes sociales del CEBIS Xonaca. Mi trabajo busca visibilizar la riqueza cultural de mi comunidad y las historias que la conforman.
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