El pasado 1 de septiembre presencié un acto sin precedentes, la ceremonia tradicional de entrega de bastones de mando y servicio a las nuevas ministras y ministros que integran la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN). Durante el acto, el ministro presidente Hugo Aguilar Ortiz, explicó que el bastón simboliza para los pueblos originarios “encabezar los trabajos… tener la confianza de grandes, de jóvenes, de niños, de ancianos… defender a aquellos que no se pueden defender”.

Al día siguiente, diversos titulares destacaron que la nueva Corte “se encomendó a Quetzalcóatl”. Una frase llamativa que, sin embargo, no refleja con precisión el sentido profundo del hecho. Más que un gesto religioso, se trató de un reconocimiento simbólico a la riqueza pluricultural de México y a la herencia de sus pueblos originarios.

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La nueva Suprema Corte de Justicia de México

En un Estado laico, estas expresiones tradicionales, parecerían antagónicas. No obstante, este acto en ningún momento sustituyó la toma de protesta constitucional, que se realizó conforme a la ley. La ceremonia, encabezada por sabios tradicionales se realizó en un momento y lugar independiente, que como refirió el propio ministro presidente Aguilar, es una protesta ante el pueblo, un compromiso ante el pueblo y personalmente, considero positivo ante un poder que, con frecuencia, la ciudadanía percibe distante. En un país pluricultural y multiétnico, como reconoce nuestra propia Constitución, acciones como estas, pueden convertirse en puentes para acercar a las personas a sus instituciones.

Es cierto que algunos críticos cuestionaron las referencias a deidades mexicas, que dicho sea de paso, fueron expresadas por las sabias y sabios, no por los ministros. Pero también debemos recordar que México es una nación con libertad de culto, y que honrar nuestras raíces no implica excluir otras creencias. Por el contrario, estas expresiones nos recuerdan que la justicia en México debe ser incluyente y reconocer a todas las voces.

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Un reto para a SCJN

Al final, lo más importante no es el símbolo en sí, sino el reto histórico que enfrenta la Suprema Corte de Justicia de la Nación: reconstruir la confianza ciudadana en el sistema judicial. Una confianza que se ganará con resoluciones valientes, con acceso efectivo a la justicia y con un compromiso real hacia los sectores más vulnerables de la sociedad.

Hoy, con este inicio cargado de simbolismo, la Suprema Corte tiene la oportunidad de abrir una nueva etapa y nosotros los ciudadanos tenemos la responsabilidad de acompañar cada paso. El bastón de mando que recibieron en manos de los pueblos indígenas, debe ser un recordatorio permanente de que la justicia debe caminar siempre de la mano del pueblo y para el pueblo, esa es la encomienda más sagrada de todas.

Luis Eduardo Torres Molina, liberal poblano con raíces serranas, es Licenciado en Relaciones Internacionales y Maestro en Administración de Empresas por la UDLAP. Preside la Sociedad de Defensores de la República Mexicana y sus Descendientes A.C., organización de carácter cultural. Es autor de obras como Breviario de Abadón (2013), La Transformación de la Sierra Poblana, a través de los ojos de un maestro liberal (2024), Breve Historia de la Masonería en el Estado de Puebla, siglo XIX (2025), entre otras. Además de coproductor del laureado documental Voces de la Sierra: Memorias del 5 de Mayo. Cuenta con más de 15 años de experiencia en la gestión y divulgación cultural, siendo por ello, reconocido en agosto de 2023 por el Senado de la República.

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