Hace un par de días visité un museo, un espacio que en teoría, invita a la contemplación, a la reflexión, a entrar en contacto con la creación humana entre los hilos del tiempo, no obstante, observé algo desconcertante: un grupo de varias decenas de estudiantes recorrían las salas con celulares en mano, no buscando información adicional de las obras o tomando notas, sino viendo la realidad a través de la pantalla. Cada pieza de arte, fue capturada con un clic, para pasar a la siguiente y así sucesivamente hasta culminar, sin ninguna observación, menos una apreciación. La experiencia quedaba anulada, pero quedaba el eco de “estuve ahí” a través de las imágenes capturadas. 

Al día siguiente, en una cooperativa de mujeres tejedoras, escuché la frase “a las nuevas generaciones ya no les interesa este arte, prefieren ver el celular” y más recientemente, una buena amiga me platicaba la curiosa reunión que sostuvo con amistades, donde estando presentes físicamente, la interacción ocurría a través de las redes sociales y el punto focal de la conversación se centró en quién recibía más likes y comentarios. También no faltan las relaciones sentimentales que se propician a través de las redes sociales y las que culminan abruptamente porque la percepción era diferente en la imagen a la realidad. Este refleja un fenómeno cultural más profundo y generalizado a nivel global: el desplazamiento de la experiencia vivida, por la experiencia mediatizada. 

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El mundo a través del celular

Vivimos ciertamente en una era fascinante y contradictoria, un tanto surreal. Por un lado, nunca antes habíamos tenido tanto acceso inmediato a la información, conocimientos, la cultura, a la belleza del mundo y a otros seres humanos aunque se encuentren literalmente al otro lado del mundo. La tecnología, en particular los smartphones , nos han abierto una puerta infinita al universo, pero paradójicamente, también han empezado a eclipsar y velar nuestra mirada directa, auténtica, profunda, al interior. 

El problema no es la tecnología desde luego, sino como esta herramienta ha comenzado a moldear la forma en que apreciamos y nos relacionamos con el mundo real. Nos encontramos con nuevas generaciones que piensan que observar es capturar un momento en una foto, recordar en guardar un archivo y entender, es compartir algún archivo digital. 

Estadios seguros

La practicidad de la tecnología, ha debilitado nuestra atención innata y consecuentemente nuestra sensibilidad ante el mundo. La naturaleza, las personas, las emociones, gestos y obras de arte, la creación humana, todo, corre el riesgo de convertirse en simple contenido y con ello, perder la esencia de aquello que nos hace humanos. No es la idealización del pasado, sino la recuperación de la conciencia, aquello que nos permite darnos cuenta de nuestra existencia y del entorno, que no necesita un filtro, ni un “me gusta” para validarse.

Experiencia vivida contra experiencia mediatizada 

Y con esta hiper exposición, también vienen múltiples riesgos asociados a la vulnerabilidad de la privacidad, el uso de nuestra información para distintos fines y más. El gran desafío de este tiempo, es encontrar un equilibrio, reaprender la tecnología, para comprenderla como la herramienta que es, no un sustituto de la experiencia. Que una obra de arte, es más que un post, que hay un valor profundo detrás de la experiencia que se graba en la mente y no en una imagen e incluso el aburrimiento, la nostalgia, abren la puerta a la reflexión, la creatividad y la empatía. 

No es obligación renunciar a los smartphones, pero si a usarlos razonablemente, porque si seguimos “apreciando” el mundo únicamente a través de sus pantallas, corremos el riesgo de olvidarnos de percibir como es el mundo real. 

Luis Eduardo Torres Molina, liberal poblano con raíces serranas, es licenciado en Relaciones Internacionales y Maestro en Administración de Empresas por la UDLAP. Preside la Sociedad de Defensores de la República Mexicana y sus Descendientes A.C., organización de carácter cultural. Es autor de obras como Breviario de Abadón (2013), La Transformación de la Sierra Poblana, a través de los ojos de un maestro liberal (2024), Breve Historia de la Masonería en el Estado de Puebla, siglo XIX (2025), entre otras. Además de coproductor del laureado documental Voces de la Sierra: Memorias del 5 de Mayo. Cuenta con más de 15 años de experiencia en la gestión y divulgación cultural, siendo por ello, reconocido en agosto de 2023 por el Senado de la República. 

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