Cada 10 de octubre, se conmemora el Día Mundial de la Salud Mental, esto nos recuerda algo que en México solemos olvidar el resto del año: que no hay bienestar ni desarrollo posible, si la mente está enferma. Ansiedad y depresión son hoy los dos padecimientos más comunes entre la población mexicana, de acuerdo a un reciente informe de la Cámara de Diputados, el 14% de la población ha experimentado depresión o ansiedad en el último año y no solo en las estadísticas se refleja, sino en las calles, en las oficinas, en las escuelas y en los hogares, quizás por ello el famoso perrito Cheems se ha vuelto un ícono tan arraigado en nuestra cotidianidad, externando un sentir que no siempre podemos expresar abiertamente.

La ansiedad se ha convertido en el ruido de fondo de la vida moderna: esa sensación constante de estar corriendo detrás de algo que no llega. La depresión, en cambio, es el silencio posterior, el vacío que deja el agotamiento emocional. En conjunto, ambas forman una crisis invisible que atraviesa todas las clases sociales, todas las edades y todos los géneros.

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Día Mundial de la Salud Mental, ¿cómo estamos en México?

Si bien el 14% es alarmante, esta cifra puede ser conservadora, porque la mayoría de quienes sufren nunca acuden al médico: no pueden pagar la consulta, temen ser juzgados, o simplemente no hay especialistas disponibles. El dato más preocupante no es solo la cantidad de personas afectadas, sino la velocidad con la que crecen los casos entre los jóvenes. El estrés académico y laboral, la inseguridad, la situación económica y el impacto de las redes sociales, forman un cóctel que vulnera las emociones, el sufrimiento psicológico se ha normalizado.

Las consecuencias se traducen en millones de horas laborales perdidas, en estudiantes que abandonan la escuela, en familias que no saben cómo ayudar a un ser querido, y en un sistema que reacciona tarde, cuando el daño ya es profundo y costoso. Según estimaciones internacionales, la pérdida de productividad asociada a la depresión y la ansiedad le cuesta al mundo más de un billón de dólares al año. En México, ese impacto económico se siente, aunque no se mida: en el ausentismo, en el bajo rendimiento y en la deserción.

Estadios seguros

Pero el costo humano es mucho mayor. Porque detrás de cada cifra hay una persona que no duerme, que se aísla, que no encuentra sentido. Una mujer que sostiene un hogar mientras batalla con ataques de pánico. Un joven que sonríe en redes sociales, pero se desmorona en silencio. Un trabajador que se exige más de lo que su cuerpo y su mente soportan.

El bienestar emocional no es un lujo

En México, hablar de salud mental no debería ser un gesto simbólico de cada octubre, sino una prioridad de Estado, celebro que en Puebla se inaugurara recientemente el Centro Poblano de Salud Mental Integral para Niñas, Niños y Adolescentes (CEPOSAMI). A nivel federal, se debe fortalecer la atención primaria, integrar la psicología en las escuelas, regular los entornos laborales, y sobre todo, promover el cambio de la cultura de la vergüenza por una de empatía. El bienestar emocional no es un lujo: es un derecho y una condición de justicia social.

Luis Eduardo Torres Molina, liberal poblano con raíces serranas,. Licenciado en Relaciones Internacionales y Maestro en Administración de Empresas por la UDLAP. Preside la Sociedad de Defensores de la República Mexicana y sus Descendientes A.C., organización de carácter cultural. Es autor de obras como Breviario de Abadón (2013), La Transformación de la Sierra Poblana, a través de los ojos de un maestro liberal (2024), Breve Historia de la Masonería en el Estado de Puebla, siglo XIX (2025), entre otras. Además de coproductor del laureado documental Voces de la Sierra: Memorias del 5 de Mayo. Cuenta con más de 15 años de experiencia en la gestión y divulgación cultural, siendo por ello, reconocido en agosto de 2023 por el Senado de la República y en septiembre de 2025 por el Gobierno del Estado de Puebla.

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